Cosmorama, Opinión

Nueva visión de las relaciones hombre-mujer

En el mes de mayo de 2018 se ha celebrado medio sigo de la famosa rebelión de los universitarios de la universidad La Sorbona de París y sus demandas en favor de una sociedad menos hipócrita, más liberal y más justa en lo social. El barrio latino abigarrado de turistas y jóvenes universitarios fue objeto de una revuelta estudiantil que hizo entrar al mundo en cuenta que era hora de terminar con el vetusto patriarcado, los valores tradicionales de corte feudal y el autoritarismo de los padres, por primera vez en la historia la juventud conquistó para sí el derecho de ser escuchado.

El mensaje y legado sesenta y ochista consiste en un nuevo estilo de vida que propende a un mejor vivir, a una existencia más placentera y menos rígida y reprimida, es decir, el modelo caduco de nuestros abuelos, padres y antepasados fue revaluado y 50 años después es innegable, especialmente las mujeres, las negritudes y otros sectores de la sociedad despreciados, que tuvieran en el París de mayo del 68 la mejor oportunidad de obligar a las naciones a replantear las discriminaciones y represiones de aquellos que hasta entonces no tenían voz ni voto en el decurso de las naciones.

A Charles de Gaulle, el espigado y carismático presidente francés, le tocó aceptar que ni Francia, ni el mundo entero serían iguales después de la insubordinación de los estudiantes y obreros de la capital cultural del planeta. Todavía podemos ver imágenes de jóvenes y hermosas mujeres que en aquella calenda y primavera parisina clamaban por su liberación y en señal de ello realizaban el simbólico y sugestivo acto de quemar brasieres en señal de un derribamiento de un muro insostenible de moralidad que reclamaba más igualdad entre los suyos.

El mundo no sería igual a partir de mayo del 68, se destacan los episodios también insurrectos liderados en los Estados Unidos por Martin Luther King y la revuelta estudiantil del mismo año en México que costó a vida a decenas de estudiantes de educación superior en el país azteca.

Por estas mismas fechas se puso a la venta la píldora anticonceptiva femenina que terminó por romper el corcel que impedía a la mujer gozar de su cuerpo y disponer de su sexualidad sin temor a un embarazo indeseado.

Cinco décadas después ha sido tal el giro que han dado las relaciones personales entre varones y hembras que podemos afirmar que se pasó al extremo de un feminismo mal concebido y un aturdimiento de los hombres que se resisten a pensar y a admitir que el mundo de las damas ya no es de las abnegadas y sumisas abuelas y madres de otros tiempos.

El reino de libertad juvenil y femenino apareció hace diez lustros y todavía muchos aceptan que el llamado sexo débil avasalla el masculino y pone en entredicho la cultura varonil al tiempo que amenaza con acabar con el burdo reinado del sexo aparentemente fuerte. Se engañan quienes pretenden vivir en el siglo XXI bajo los valores muertos e insepultos de otras centurias. El libertinaje se ha apoderado del mundo juvenil actual y para bien o para mal el fenómeno es irreversible, más que igualdad entre los géneros, existe hoy más que nunca una guerra despiadada aún cuando velada entre varones y damas y más que reprochar el actuar de las féminas lo que debemos es adaptarnos al nuevo estilo de vida que se ha impuesto. La insolencia juvenil del París de 1968 se trocó en la juvenil femenina de las últimas décadas y gústenos o no debemos concederle el mérito de haber puesto las cosas en su lugar, pues en su tiempo la dictadura patriarcal juzgó e inclinó a muchas generaciones que murieron con muchas frustraciones sexuales y sociales.

Diez años después dos avispados y eruditos psicólogo y sociólogo de los Estados Unidos, Plaine Hetfield y William Walster, alertaran a sus nacionales y al mundo que en adelante las relaciones hombre y mujer, el amor, el sexo y en general las relaciones inter géneros serían muy distintas a las de nuestros progenitores y antepasados. La emoción del amor, tan difícil de entender y vivir ya no puede vivirse con la óptica de tiempos pasados.

El realismo demanda que hombres y mujeres acepten que el amor romántico ceda el paso a una forma distinta de acercamiento, entendimiento y convivencia entre los dos sexos y que se le quite al matrimonio el aura mística de considerarlo producto de la atracción, el amor puro y el desinterés material vulgar.

El éxito con las personas de otros sexos o del mismo depende en estos momentos actuales del físico, del dinero y la personalidad. El idílico amor platónico fue hecho girones por la belleza, la capacidad económica y el encanto de una personalidad e individualidad atractivas. Las novelas románticas estilo Corín Tellado, cada vez son menos apetecidas. La bondad es cada vez menos objeto de admiración, mujeres y hombres atractivos, brillantes, agradables y ricos son los que se imponen en esta sociedad ultra hedonista. El mundo de los románticos se estrecha cada día más, el de los artistas y estrellas domina el mercado de las relaciones humanas cualquiera sea el sexo al que se pertenezca o por el que se tenga inclinación. El dinero, la belleza, la posición social y el carisma personal son las mejores monedas con las que se obtiene una vida matrimonial de pareja moderna. Sufre mucho el que opine y actúe en contra de esta innegable realidad social.

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