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Medios, ¿el fin del modelo?

Centenares de artículos y ensayos han sido publicados y debatidos en foros académicos sobre el fin modelo tradicional de los medios de comunicación. Fue así también cuando llegó la televisión y los expertos predijeron la rápida desaparición de la radio, y con la llegada de Internet pusieron a los periódicos a los pies de los caballos.

Para poder hacer una radiografía no se puede poner a todos en el mismo cesto. El modelo que ha sustentado los grupos de comunicación en occidente ha sido construido buscando paradigmas de libertades y la consolidación de procesos democráticos, especialmente después de las terribles guerras que asolaron algunos países.

Los medios ayudaron a crear climas de convivencia, restañar heridas entre vencedores y vencidos, a crear y ayudar con hojas de rutas admirables a los gobiernos que después de estos últimos 50 años han sido pioneros en libertades, desarrollo y respeto por los derechos civiles.

Otros, por el contrario, buscaron negocios colaterales al maximizar sus influencias en los gobiernos en beneficio de sus industrias. Fueron agraciados con favores de diferentes administraciones con la concesión de estaciones de radio o televisión que fueron puestos al servicio de la “causa”. Medios que desgraciadamente no progresaron mucho ni desde el punto de vista profesional de sus contenidos  o en  el desarrollo técnico de sus inversiones. De estos últimos tenemos muchos en  nuestra región latinoamericana para desgracia de todos nosotros.

Entonces ¿qué está pasando con el modelo en nuestra región? ¿Está obsoleto porque no supimos ver los cambios tecnológicos? O, por el contrario, ¿hay una mezcla entre la falta de gestión, la pérdida de credibilidad y el permanente oportunismo político que lleva a los posibles consumidores a desconfiar de sus contenidos?

No todos los medios han evolucionado de la misma manera. Los periódicos centenarios en su mayoría, han pasado por diferentes momentos de su historia. Muchos, quizás demasiados cambios en estos años, por la influencia de regímenes totalitarios o simplemente gobiernos que los extorsionaron a cambio de diferentes dadivas. La lógica sucesión en el caso de las empresas familiares no ha ayudado precisamente a consolidar alternativas para los cambios tecnológicos que se avecinaban.

Hoy en día, muchos de ellos en pérdidas contables y con grandes problemas financieros. Los gurús que los rodean andan buscando desesperadamente  la solución de sus problemas. Reducir secciones, despedir plantillas, acortar la distribución, tercerizar sus plantas de impresión etc… Los más avezados han desarrollado algo de lo clásico en versión web y logran con mucho esfuerzo alguna repercusión en las redes sociales, sin que esto ofrezca valor añadido alguno a sus lectores. Los más atrevidos han empezado a cobrar los contenidos pero sin saber realmente como monetizar las inversiones digitales para que sustituyan a los ingresos de la pauta tradicional.

La solución no es fácil. Los nuevos periódicos tendrán que hacerse casi a la demanda más que a la tradicional oferta. Los contenidos serán escritos dentro de la actualidad pero atendiendo los deseos de los lectores. Siempre predominará el buen periodismo, pero el negocio lo hacen los lectores y anunciantes, ellos tendrán un papel fundamental en el futuro. Los más sofisticados y sólidos desde el punto de vista financiero, podrán hacer buenos periódicos en la red y compaginar con ediciones de fin de semana en papel. Mas “arrevistados”, opinión, análisis, entrevistas, ocio y modos de vida. Los demás desgraciadamente cerrarán.

La radio, que sigue siendo el prescriptor político más importante, pasa por un momento dulce que está por terminar. Beneficiados por la tardía presencia de la televisión en muchos países, la radio fue moneda de cambio para establecer favores políticos y con ello consolidar determinadas opciones gubernamentales.

Los grupos que aglutinan grandes cantidades de estaciones son pocos.  Hay decenas de miles de radios por todo el continente sin tener otra alternativa que mal vivir de la pauta oficial de los diferentes gobiernos nacionales o locales. Sus programaciones la gran mayoría poco sofisticadas  les han ayudado a mantener una pequeña cuota de poder local.

Las llamadas “radios habladas” todavía buscan el equilibrio político entre sus oyentes. Están cayendo dramáticamente tanto en audiencia como en ingresos. La falta de un modelo más interactivo con la gente hace que la migración a herramientas digitales se vuelva fundamental para poder saber que demandan los oyentes desde el punto de vista informativo.

 

 

Alguna reflexión tendrán que hacer sus conductores que en los últimos años se han convertido en inquisidores de todo lo que acontece en sus respectivos países. La aparición de las radios digitales y aplicaciones para escuchar e interactuar los contenidos radiales, cambiarán la forma de consumir, donde consumirlo y que hacer con lo que han escuchado.

La televisión no se queda atrás en la cantidad y profundidad de sus problemas. La aparición de la televisión digital sustituyendo el antiguo formato analógico,  han condenado a muchas estaciones al cierre. Requieren nuevas inversiones en equipos, comunicaciones, formación y un sinfín de nuevos planteamientos comerciales para poder llegar a una audiencia cada vez más segmentada.

La consolidación de las plataformas, los canales exclusivos de pago, los proveedores de contenidos, la televisión bajo demanda, los servicios telefónicos o de Internet son algunas de las causas que ayudan a redefinir el modelo. La televisión del futuro demandará siempre un pago. Por el cine, los deportes, el entretenimiento, la música o cualquier otra forma de consumir nuestro tiempo de ocio. Tendrán que convertirse en plataformas de producción y distribución de contenidos. Apostar por los eventos del deporte, compartir producciones con otros grupos para abrir mercados, desarrollar nuevas herramientas tecnológicas que interactúen con los televidentes y desarrollar nuevas plataformas de consumo más amigables y personales.

Al final el consumidor tiene la palabra. Si encuentra alternativas en los medios tradicionales las consumirá y compartirá con sus grupos de influencia. Si no, las ofertas son muchas y muy variadas. Consumir televisión y videos en plataformas como YouTube o Netflix, noticias en Google o música en Spotify. O simplemente revisando lo que dicen los llamados “influencers” quienes están cambiando las estrategias de comunicación y marketing. Lo dicho, renovarse o morir.

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