Consideraciones, Opinión

Los señalamientos al rector del Colegio San Viator

La opinión de Óscar Sevillano:

Me da la impresión que de tanto escuchar y leer noticias de abusos sexuales a menores de edad, nuestra sociedad se está acostumbrando a estos hechos, al punto en que actúa como si estos sucesos le parecieran algo normal, en donde no falta uno que otro sacerdote involucrado.

No entiendo como no se da un mayor respaldo a la denuncia presentada por Patricia Osorio, madre de Daniel Eduardo, quien denunció públicamente, que su hijo pudo ser abusado por alguno de los sacerdotes que forman parte de la planta directiva y de maestros del Colegio San Viator, lo que le llevaría a fuertes depresiones y posterior suicidio. Acto seguido, el joven Nicolás en los micrófonos de la Wradio, estudiante del mismo plantel educativo asegura haber sido abusado por el padre rector – sacerdote Albeyro Vanegas Bedoya, quien como era de esperarse, afirmó que todo era una vil mentira. Poco le faltó para decir que todo es una persecución política en su contra, al mejor estilo de un congresista corrupto.

Lo que más me sorprendió de todo este episodio, es que el Colegio San Viator, en lugar de exigir la renuncia del rector inmediata, a sabiendas de que no es la primera vez que se le señala por estos hechos, le da su respaldo total. Al parecer el sacerdote entró en razón y presentó su dimisión al cargo de manera voluntaria, luego de cuatro días de escándalo.

¿Es que acaso no son graves los señalamientos contra el Padre Vanegas como para dar compás de espera y  no pedir su retiro temporal inmediato del cargo mientras cursan las investigaciones?; ¿Qué pasa con el consejo directivo del colegio que no actúa  en favor de los menores brindándoles protección total y garantías a los padres de familia de que sus hijos están en buenas manos?; ¿Qué ocurre con la solidaridad que debería existir entre los estudiantes?; ¿Cómo es posible que el personero estudiantil y la presidenta del consejo estudiantil firmen una carta, que claramente se nota que no fue escrita por ellos,  dando su respaldo a alguien del que no se sabe si es culpable o inocente?; ¿intervendrán el ICBF, la Secretaría de Educación de Bogotá y el Ministerio de Educación?; ¿A favor de quien se va a pronunciar la casa matriz de Chicago del Colegio San Viator

Si al antecedente judicial del padre Vanegas  en el Gimnasio Los Pinos y la denuncia del joven Nicolás de haber sido abusado por él, le sumamos los rumores que existen entre los alumnos y exalumnos del  colegio,  de que el rector tiene o tenía por costumbre hacerse amigo de los estudiantes físicamente más simpáticos, con los cuales supuestamente solía  compartir más allá de la rutina académica; de  invitaciones a tomar whisky en la casa cural y  prestarles los carros de la comunidad sacerdotal,   fácilmente podemos concluir que esto no es para como quedarse de brazos cruzados.

He tenido la oportunidad de dialogar con exalumnos del Colegio San Viator quienes me han comentado los rumores que acabo de mencionar ¿Es verdad o mentira?, para eso debe abrirse una investigación que descarte o confirme esto. Mientras tanto, deben existir garantías de que los menores que asisten al plantel educativo para recibir sus clases, no están en riesgo alguno de que en algún momento les sea arrebatada su inocencia, y que su dignidad no les será atropellada, como al parecer le sucedió a Daniel Eduardo y a Nicolás Machete.

Por el momento hago un llamado para que se rodee a la madre de Daniel Eduardo y al joven Nicolás Machete, y que se haga justicia en sus casos. No por tratarse del sexo masculino, el hecho es de menor tamaño. Una violación sexual es un delito grave, sea sobre un niño o sobre una niña, y como bien lo dije en una opinión anterior en el diario El Espectador “cuando se trata del sexo masculino el trastorno es mucho mayor, porque cuando este revela su tragedia, lo primero que hace nuestra infame sociedad, es poner en duda su inclinación sexual”. Lo sabré yo, que en diferentes circunstancias de tiempo, modo y lugar, fui víctima de este delito cuando tenía 11 años, hecho que di a conocer en enero de 2018, como respaldo a mi amiga y colega Claudia Morales y a varios amigos del sexo masculino que han sufrido la misma tragedia, a quienes prometí, que en algún momento rompería mi silencio y públicamente me uniría a quienes claman porque existan penas severas ante este crimen.

Al igual que ellos, también sufrí depresiones e intentos de suicidio, largos momentos de silencio, reacciones agresivas y momentos de aislamiento social. Algunos podemos superarlo, dependiendo de la fortaleza que se tenga, otros no, como pudo suceder con Daniel.

Toda mi solidaridad con Patricia Osorio madre de Daniel Eduardo y con Nicolás Machete y pido a Dios porque se haga justicia y porque la sociedad piense en la víctima y condene al victimario, sea quien sea.

@sevillanojarami

 

 

 

 

 

 

 

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