Opinión, Sociedad Superficial

La Coalición Colombia en la segunda vuelta del 17 de junio

Colombia siempre ha vivido en modo de derecha o de ultraderecha. La llamada república liberal tuvo su periodo para construir una democracia moderna, y no lo logró, salvo algunos gobiernos y unos derechos democráticos que se han introducido en la constitución, siempre ha enfrentado fuerzas enemigas a reformas y a ciertos derechos asociados al bien común, la convivencia y el desarrollo. Entonces, no ha conocido otras expresiones políticas gobernando la nación. Ni populismo científico, ni gobiernos de izquierda, ni un liberalismo avanzado luego de López Pumarejo y de Lleras Restrepo, porque los intentos de renovación y de democratización terminaron con los líderes asesinados.

Es una “democracia” representativa que usa pavorosos medios para sostener un establecimiento rentista, feudal, corrupto y violento, reforzado por un modelo económico que llegó en 1991 con un enfoque equivocado y funcional al narcotráfico y por tanto a la corrupción y a la violencia a través de una plutocracia permeada de clientelismo político y empresarial, porque altos ejecutivos del sector privado van al sector público y luego retornan a la actividad privada para lucrarse de negocios con reformas que han impuesto en su paso por la gestión del estado. Ante la carencia de ciencia y de una educación de calidad, profesores e investigadores, también terminan cooptados por un estado clientelista y corrupto.

De esta manera han pasado siglos, y Colombia se parece a una persona que no ha desarrollado sus capacidades simplemente porque las oportunidades y la visión de la vida, de la sociedad y del mundo, se la limitaron a una tercera parte de su inteligencia, de su creatividad, y de su capacidad de amar.

Así las cosas, elegir a Uribe, porque Duque no es el candidato, él presta el nombre y nada más, es como si Alemania hubiera elegido un nazi ocho años después de la muerte de Hitler. Espantoso, pero hay una masa de colombianos tentada a hacerlo. Este es el mayor peligro que corre Colombia, no el discurso confuso, difuso y populachero de Petro, que sabe hablar del qué pero no del cómo, por ello dice cosas técnicamente débiles y políticamente “asustadoras”. Sin embargo, puede aterrizar las ideas si logra avanzar en el sentido de su responsabilidad política desde la gestión del estado. Mientras que el uribismo no tiene arreglo, porque el único mundo posible para ellos es el mundo que ellos piensan y ningún otro. Fanatismo.

Entonces, el futuro de esta nación atribulada y confundida solo puede estar en manos de la Coalición Colombia que lidera Fajardo. La dirigencia de éste país está equivocada pensando que Uribe o Vargas son quienes mejor representan sus intereses. No es una actitud inteligente, con visión de futuro y de transformación, o simplemente se corrompió y no quiere que el tubo se limpie.

Fajardo tiene una visión moderna de país, tranquila, renovadora e inteligente, para la reconciliación, la inclusión y la transparencia. Fajardo gobernaría para estabilizar y poner las bases para un proyecto de nación en paz, sostenible y avanzado. En segunda vuelta derrotaría a Duque y a Uribe. Ya lo hizo dos veces ¿por qué no una tercera? Por eso Uribe quiere ganar en primera vuelta, porque en la segunda, más allá de lo que digan las cabezas de los partidos de la corrupción, la gente votaría en su mayoría por el otro que pase, con la posible excepción de Vargas que en el fondo tiene algo de uribista taimado, como se verá cuando pierda en la primera vuelta y se sume al delirio de la ultraderecha.

Así, hay dos posibles escenarios para la segunda vuelta. El primero, pasan Uribe y Fajardo, y gana Fajardo. El segundo, pasan Uribe y Petro, y ahí la confusión es grande, sin embargo, la Coalición Colombia definiría las elecciones. La razón es la siguiente. No puede desde su postura ética, programática e ideológica, hacer un guiño por Uribe, o dejar en libertad al electorado. Sería el fin del proyecto político, la gente terminaría engañada y decepcionada porque es la Colombia que NO quiere más Uribe, más falsos positivos, más víctimas, más corrupción. Es asunto de coherencia, consistencia, dignidad y respeto propio y a la esperanza de millones de ciudadanos que quieren escribir una nueva historia.

Sin embargo, eso no significa que la Coalición le giraría un cheque en blanco a Petro. Jamás. Deberían hacer un acuerdo programático, de gobernabilidad y político, trabajado en los cuatro días siguientes al 27 de mayo, que se rompería si Petro no cumple con lo acordado. Si esto se logra, Colombia le apostaría a esa alianza, porque detrás estaría la Coalición. Esto tampoco garantiza que todos los de esta corriente política voten por Petro: un 80% sí, un 20% NO, de los cuales muchos en blanco.

Ante esta incertidumbre, porque Petro es confusión, y Uribe terror (amenazas de Popeye, silencio en lo de Ituango porque en su gobierno y en el de Ramos se inició la construcción de una represa plagada de mala ingeniería y contra la naturaleza, y una de las razones para que Invamer haya puesto a Duque a  nueve puntos de ganar en primera vuelta según la encuesta contratada por Arismendi), Fajardo es la fuerza de la esperanza que necesita Colombia, representa otra Antioquia, no la de Uribe, y otra idea de nación, no la de Uribe, para una transición tranquila con una visión de desarrollo basada en la educación, en la ciencia, en la cultura, en la diversidad regional y en la reconciliación, con o sin Uribe.

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