Opinión, Sociedad Superficial

Empresarios ¿corrupción o fuerza de la esperanza?

Hay descontrol en la clase dirigente y empresarial de Colombia. Están desesperados maquinando posverdades y pensando en todo para ganar las elecciones a cualquier precio.

Algunos veían a Fajardo como la carta hasta cuando hizo alianza con Claudia López y Jorge Enrique Robledo, y empezaron a dudar porque el mejor senador de Colombia les generaba desconfianza a pesar de las reiteradas declaraciones de los tres líderes de la Coalición Colombia, sobre todo de Fajardo, de su obediencia a la constitución, a ideas y principios donde no existe el menor riesgo para la economía de mercado a pesar de los ene mil ajustes que el modelo necesita, pues es urgente revisar el modelo de regulación del Estado y el papel omnipotente del mercado, ambos a merced del narcotráfico y de la ilegalidad, sobretodo desde la desventura neoliberal.

En un país con extendida cultura de la corrupción y con múltiples economías escondidas, los principios no se respetan, empezando por los tres poderes del estado y la democracia representativa, donde políticos y empresarios se roban dineros del Estado a través de la contratación pública y la evasión tributaria.

Con absurdas dudas  construidas en el imaginario de poderosos empresarios, se llegó al 11 de marzo cuando Duque en una votación que un 40% no es de Uribe, gana la consulta de la ultraderecha. Entonces, los empresarios de esa vertiente creyeron que habían encontraron la salvación, y salieron volando donde el Duque de Uribe.

Los grandes medios cierran filas, hacen encuestas amañadas, declaran ganador al uribismo a pesar de que las encuestas internas, los sondeos masivos de opinión, las plazas llenas, y las universidades también, muestran un Petro en ascenso, un Fajardo en sostenida escalada, un Duque que empieza a caer como coco, y un Vargas que pocos lo quieren, porque a más políticos corruptos le llegan, la gente no le llega si no les da plata.

Todo ascenso de Vargas es un descenso de Duque. El mercado electoral de Vargas es el de Duque. Ni Duque ni Vargas le quitan a De la Calle, a Fajardo o a Petro, ni tienen espacio en los abstencionistas porque a estos les repugnan. Vargas le quita a Duque puesto que es la otra cara de la misma moneda. Uribe y Vargas comen del pedazo de torta que se dañó. Las dos fuerzas compran votos, y no pueden comprar dos veces a los que venden su dignidad y su conciencia. Además, no sabemos de dónde sacará Vargas 250.0000 millones para intentar pasar a segunda vuelta, pues tiene dos millones y medio de votos y necesita mínimo cinco, y Duque necesita una cifra igual. El cálculo es elemental: dos millones de votos por maquinaria a 100.000 pesos voto, da 200.000 millones, y 50.000 que tienen que dejar para los que cuenta votos, suma 250.000 millones. Las matemáticas son sencillas cuando se sabe el problema. Adicionalmente, Vargas necesita comprar maquinaria para lograr una aceptable votación que le permita negociar en la segunda vuelta con Duque.

Así las cosas, el mercado de las maquinarias se divide por dos. Si Vargas sube al 20%, Duque baja al 22%, Petro se escapa, Fajardo los supera y De la Calle con una decorosa votación, que automáticamente se duplicará cuando se sume a Fajardo en la segunda vuelta. De esta manera, tendremos una final entre Fajardo y Petro, y gana el PRESIDENTE profesor.

Ahora bien, si algunos empresarios del GEA (Grupo Empresarial Antioqueño), según La Silla Vacía, y otros más, insisten en Duque porque creen que el profesor Robledo les quitará las llaves de las fábricas y otras estupideces más, y si aquel llega a pasar a la segunda vuelta con Petro, creyendo que la Coalición Colombia votaría por Duque, están equivocados. La gente de la Coalición en un 90% no votaría jamás por Duque o por Vargas, porque es ir en contra de todo lo que defienden, piensan y sueñan: una nueva Colombia sin corrupción, en reconciliación, y con educación, ciencia, tecnología, emprendimiento y cultura para desarrollar la economía, las regiones, y proteger el medio ambiente.

La gente de la Coalicion le pediría a Petro un pacto por la eficiencia y la gobernabilidad antes de votar por él. Difícil, porque es mesiánico y todo mesiánico es una deformación, – como Uribe -, aunque si compromete su palabra, algunos le creerán.  Así las cosas, más bien, la gente de Uribe y de Vargas con alguna sensatez, deben votar por la Coalición para ganar, salvar a Colombia y reconstruir las instituciones.

Dos  twitter de dos jóvenes dicen lo siguiente y sintetizan el espíritu de esta columna: Dice Diana: “ocho años atrás estaba viviendo la fuerza de la esperanza, lo que fue la ola verde, pero aún no podía votar. Durante este tiempo he tomado más criterio y me alegra, inmensamente, que hoy siga creyendo en lo que esto representa, por eso mi voto es por Sergio y Claudia”. Y responde otra twittera: “Diana, te felicito, yo sí muy avergonzada reconozco que vengo del uribismo, pero por allá no pienso volver jamás”. Esa sinceridad, esa frescura, con esa sensibilidad, transparencia e inteligencia, es propio de esa Colombia joven, consciente y esperanzada. Es la gente de Fajardo y la fuerza de la esperanza de la Coalición Colombia, y no de algunos empresarios y dirigentes enmohecidos por el pasado sin arrestos ni inteligencia para construir el país del futuro.

 

 

Previous ArticleNext Article

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *