Cosmorama, Opinión

El buen vivir de la Argentina

Gozan o padecen los argentinos de una fama de soberbios, vanidosos o engreídos. Como los pastusos en Colombia, aceptan de buen gusto los chistes y anécdotas que sobre ellos se hacen en el mundo.  Cuentan en un ameno libro sobre la clase media argentina los psicólogos y escritores José Eduardo Abadi y Diego Mileo, que los colombianos afirmamos que el mejor negocio del mundo se da cuando se compra un argentino por lo que vale y se vende por lo que él cree que vale.  Podría pensarse que el porteño, es decir, el nacido en Buenos Aires, posee una alta autoestima, lo que a primera vista, cuando se les conoce, puede aceptarse como válido.  No obstante, los golpes económicos y sociales del último medio siglo ha resquebrajado la imagen antes altanera y prepotente de los descendientes de italianos, españoles, ingleses y polacos.

Hace apenas un siglo era la Argentina una próspera nación en la que sus clases media y alta tenían fama en el mundo de su buen vivir, su cultura y su extraordinaria riqueza genética, en razón de ser una de las razas más mezcladas y bellas del mundo; más los hombres que las mujeres poseen garbo y elegancia comparable con los italianos; obsérvese durante los mundiales de fútbol cómo los jugadores más apuestos suelen ser italianos y argentinos.

En confort y modo de vida fueron pioneros en América de estar a la altura de las clases distinguidas europeas. Se refleja la calidad de vida que han tenido los argentinos en los edificios que ocupan la llamada costanera, principalmente la avenida Libertador, extenso y elegante boulevard de apartamentos y casas estilo republicano, tiendas y restaurantes donde habitan y conviven las más aristocráticas clases argentinas.  Incluso quedan todavía vestigios de un esplendoroso pasado de la clase media argentina, no solo en barrio Norte, Palermo y Belgrano, sino en lugares habitados por familias venidas a menos como parque Patricios, Lanús, Alsina y otros.

Buen comer tienen los argentinos y queda ello patentizado en el reciente libro del afamado psicólogo italiano-argentino, residente en Colombia, Walter Riso, Pizzería Vesubio.  La novela autobiográfica constituye, como la misma solapa lo sugiere, un festín del buen comer, buen vivir y buen pasar de los nativos del cono sur río platense.

Singular y único es el pueblo argentino.  Parecido asombroso puede sugerirse entre antioqueños y gauchos, quizá porque la herencia italiana abunda en el extremo sur de América; también con otras ascendencias europeas y huellas de la hispanidad abundan en la comarca paisa colombiana.  En próximo artículo aspiro realizar un paralelo entre paisas y argentinos para retratarlos como aparentan ser unos y otros con sus cualidades que son muchas y sus defectos que no son escasos.

La argentinidad es una forma cultural de asumir la vida con alegría, con dignidad, con vanidad, con soberbia, pero al mismo tiempo la clase media que es su emblemática social, es famosa en el mundo por su alto grado de neurosis.   Buenos Aires es la ciudad del mundo donde abundan los psicólogos y los divanes donde acuden miles de argentinos a tratar de resolver sus crisis existencial, económica y social a causa de los golpes militares, las devaluaciones económicas permanentes y los niveles de movilidad social de las capas altas hacia castas más pobres. Ni siquiera Viena, la capital del psicoanálisis, la ciudad natal de Freud, sobresale como Buenos Aires en demanda de tratamientos psicológicos y psiquiátricos.

Visten muy bien, tienen un comer similar a los italianos, se entretienen con buen teatro, cine y excelente fútbol los argentinos, por lo que aparentemente constituyen una nación feliz de muy buen vivir; sin embargo, históricamente han padecido los políticos más populistas, incompetentes y corruptos del hemisferio.  Los obreros y pobres de la Argentina fueron los primeros en América del Sur en ascender a un nivel de vida superior a todas las clases trabajadoras  del continente, al menos comparable con las del norte (Canadá y Estados Unidos).

Fueron los años del peronismo en los que Evita se constituyó en la protectora de sus descamisados y Juan Domingo Perón en el estandarte de la defesa de los desprotegidos argentinos. Chávez quiso copiar el modelo en Venezuela y lo que hizo fue espantar la burguesía, arruinar y exiliar la clase media y volver haragán a la clase proletaria; ambos sistemas de gobierno paternalista, han servido para igualar por lo bajo dos naciones que décadas atrás lo estaban por las nubes y modo de vida alto de sus castas sociales medias y superiores.  Más Caracas que Buenos Aires, luce como escenario en el que en otros tiempos habitaban los hijos de emigrantes europeos que vivían en tierras americanas con el estándar del modus vivendi de las clase media y alta del viejo continente.  Muy a pesar de los niveles de empobrecimiento de uno y otro país, todavía se percibe una atmósfera del buen vivir de nuestro hermano del continente.

 

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