Cosmorama, Opinión

Oda a la Argentina (parte I)

Motivado por razones profesionales, hube de desplazarme en estos días de Semana Santa y de Pascua, a la bella y convulsionada Argentina.  Aprovecho esta circunstancia para compartir con mis lectores algunas ideas de lo que representa para los colombianos en general y para quien esto escribe en particular, la tierra de las pampas, los gauchos, el tango, el deporte y la cultura de una de las naciones más ricas en diversidad de razas.   Pocos países tienen el pasado glorioso que tiene la tierra del río de La Plata y gozan de tanta historia, vivencias y también debacles sociales y económicas.

Pocos pueblos tienen la mezcla racial y cultural que posee la hermosa como amada república Argentina; exceptuando a España, es el país hispanoparlante más cercano a Europa.   Siento amor por la patria de Borges, Gardel, Martín Fierro, Fontanarrosa, Julio Cortázar, Facundo Cabral, Maradona, Messi y tantos otros personajes que ha dado esta fértil tierra que llega hasta cerca el polo sur.   Desde mi niñez siento una mágica y misteriosa atracción por todo lo que sea de la Argentina.   Fueron los futbolistas llegados del país austral en los años 50, 60 y 70, quienes con su agradable acento, cautivaron nuestras mentes en tardes de domingo futbolero, en las que nos solazábamos soñando a través de las narraciones de los locutores deportivos, sus jugadas poéticas que hicieron de nuestra niñez un paraíso que solemos recordar con nostalgia extrema en nuestras vidas adultas.  A esta cautivadora Europa americana, representada en la soberbia capital Buenos Aires, he tenido el privilegio y el gusto de ir en múltiples ocasiones, la que encuentro cada vez más bella y llena de leyendas que me hacen recordar la Grecia antigua de los dioses y mitos.

He seguido la parábola de la vida argentina en las últimas décadas, desde los tiempos de la llamada dictablanda de Juan Carlos Onganía, sucedida por otra de ferocidad y barbarie que sumiera al país en una guerra civil y una racha de torturas y desapariciones, solo comparable con la España de Franco, la Italia de Mussolini o la Alemania de Hitler.

El  medio siglo que precede al hoy de este país ha sido una montaña rusa de hechos positivos y negativos que lo sitúan como uno de los más prósperos para un puñado de familias dueñas de los cultivos de La Pampa, pero también ningún pueblo ha sufrido las crisis económicas y sociales que ha tenido que vivir el mismo en sus clases media y proletaria.

Igualmente, en América ninguna nación pasó de ser una potencia agrícola y exportadora de carne a tener niveles de pobreza comparables con países de África, como la Argentina en apenas unos años.  A principios del siglo XIX Argentina estaba en el ranking de los 10 países más ricos del mundo, hoy, lo más seguro es que se ubica entre los que tiene los niveles de miseria más altos en nuestro continente.  Todo ello, ligado indudablemente al hecho de tener entre la clase dirigente a una de las más ineficientes, populistas y corruptas.

Auténticos maestros en el arte del buen vivir, han perdido poder adquisitivo y al comenzar el presente siglo con el fenómeno del Corralito, en el que se congelaron los dineros de los ahorradores en los bancos, sufrieron niveles de miseria y pobreza de los que todavía no han podido recuperarse.  En lo económico pasan en la actualidad los gauchos y los porteños por un momento muy difícil.  Las promesas del candidato, Mauricio Macri, como ocurrió con Juan Manuel Santos en Colombia, se trocaron una vez llegado a la Casa Rosada, en más impuestos para el pueblo y elevación de los precios de los servicios públicos a niveles insostenibles para las familias que ganan sueldos de miseria.

Comparte Argentina con Venezuela una desgracia: haber pasado de ser potencias económicas y culturales a ser países populistas, liderados por nefastos dirigentes que como Hugo Chávez y la dupla Néstor y Cristina Kirchner, llevaran a su población a vivir en forma precaria y a millones de personas a tener vida de mendigos.   Los millonarios y las élites de Venezuela emigraron ante la expropiación de los regímenes de Chávez y Maduro; los ricos y empresarios argentinos rentaron su hatos, tierras e industrias para llevar en Europa o Norteamérica una vida cargada de lujos y derroche de dinero.  Fue tanto el esplendor de la vida de la aristocracia y clase media Argentina, que aún quedan vestigios de los los lujos de antes en La Recoleta y barrio norte bonaerenses.  La cultura y la elegancia de la clase media más famosa y también más neurótica del mundo, todavía puede adivinarse al mirar  pasar a mujeres y hombres por la avenida de Mayo y los alrededores de Puerto Madero, lugares que evocan más a Europa, Miami y Chicago que a la capital de un país tercermundista.

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