Cosmorama, Opinión

La sociedad smartphone céntrica

Smartphone

La aldea global que es este planeta tierra en este siglo XXI no solo está prostituida, sino girando en torno a la realidad virtual; qué iban a imaginar nuestros abuelos que el mundo del tercer milenio estaría prácticamente digitalizado y los internautas de hoy adictos a las redes sociales. Han pasado apenas 3 años desde que la tecnología computarizada empezara esa carrera vertiginosa de cambios personales y sociales que jamás estuvo en las mentes de nuestros antepasados más recientes.

Julio Verne, el francés curioso, creativo e imaginativo prefiguró en sus novelas la industria aeronáutica que conquistó el espacio y los submarinos que utilizamos para descubrir las profundidades del mar.

El mundo online nació tres décadas atrás y ya está causando estragos emocionales y espirituales a los adictos en este mundo tecnológico. Cada día el mundo está más atento de los móviles celulares, computadores y demás herramientas tecnológicas virtuales, pero también más desentendido y olvidado de su mundo interior y de sus pasiones, en suma, de su vida psíquica, que da para reafirmar lo tantas veces dicho: vivimos en un mundo loco, técnico-céntrico dependiente de la vaporosa y apabullante información virtual. La locura a la que aludimos en esta columna se refrenda cuando tenemos información que la presidenta de un pañis, en otros tiempos olvidado y con niveles altos de pobreza material, Estonia, nación de la vieja Europa de la posguerra, Kersti Kaljulaido, se precia de presentar ante el mundo el mencionado estado como el primero del orbe ciento por ciento digitalizado, aun más, los líderes políticos del pequeño país, declararon derecho humano fundamental la adquisición la línea de internet tal vez copiando la constitución norteamericana que eleva a rango superior el derecho a la felicidad. “Me enorgullece ser presidente del único estado con una sociedad digital”, declaró para una entrevista, desde luego, vía email, la Señora Presidenta.

Todas las diligencias burocráticas estonianas se realizan por internet, las firmas estatales son digitales y salvo divorcios conyugales y algunas compras inmobiliarias que se hacen físicamente. Niños, jóvenes y adultos en este país son internautas en un porcentaje casi del 100%; la salud, la educación y el sistema electoral están sujetos a la red computarizada.

Incautos e indecentes aparecen a nuestros ojos y nuestra percepción los nacionales de Estonia; más realistas y creativos son algunos pensadores y analistas que han dedicado mucho tiempo e inteligencia a analizar las nocivas consecuencias del uso desmedido de los aparatos electrónicos. Andrés Oppenheimer, periodista y escritor argentino, dedicó varios años a realizar una investigación exhaustiva sobre la era automatizada digital y las nefastas consecuencias en el empleo actual y del futuro. Sálvese quien pueda es el nada halagüeño porvenir de varios oficios y profesiones en el futuro. Aterrador lo que reveló el periodista: cerca de 750 tipos de empleos y profesiones están siendo dramáticamente modificados y extinguidos y con ello millones de personas ingresan a robustecer el por sí ya alto porcentaje de desempleo en el mundo laboral. Los robots están reemplazando a los camareros, conserjes o porteros, recepcionistas de hoteles, oficinas, ascensoristas, celadores y un número grande de empleos que ha desaparecido ante el progreso del mundo digital. La casi mitad de los empleos actuales posiblemente desaparecerán en más de dos décadas, predice Oppenheimer; casi un millar de ocupaciones tiene posibilidad de ser eliminada en igual tiempo.

Tres emblemáticas multinacionales antes poderosas y aparentemente indestronables en sus actividades han sido víctimas de lo que parece la tercera guerra mundial, el conflicto generado por el desplazamiento y muerte laboral de millones de personas en edad de trabajo en el mundo en un tiempo no muy lejano. Kodak terminó en bancarrota y sus 140 mil empleados cesaron en sus funciones a causa de los móviles y demás aparatos electrónicos que toman fotos. A la conocida cadena de películas Blackbuster no le fue mejor y terminó en quiebra y sus 60 mil dependientes echados a la calle. General Motors, vio reducida su nómina laboral en dos terceras partes por las mismas razones del avance tecnológico.

Cierto es que aparecen nuevos empleos y ellos serán aquellos que privilegian las habilidades emocionales, espirituales y personales.

Frente a este horrorífico mundo de robots humanoides será necesario recobrar un mundo emocional y pasional que tiende a desaparecer y convertir el planeta en un desierto de cemento con hombres y mujeres igualmente deshumanizados y robotizados. Los psiquiatras, psicólogos, sociólogos y pensadores humanistas tendrán asegurado en un futuro no lejano su trabajo. Aquello que la actual educación no hace, educar las emociones de mujeres y hombres y reconquistar un humanismo en decadencia, será la tarea de los maestros del mañana. Ante el avasallador Smartphone centrismo el escritor y educador Andy Stalman propone una fórmula que se le anteponga: el humano centrismo, recuperar lo humano en la realidad física como virtual.

Un mundo laboral mecánico es un mundo prostituido. Así como la vieja profesión femenina de la venta mecánica de la satisfacción sexual, la justicia, la política, entre otras actividades sociales, se han vuelto excepcionalmente mercenarias, mezquinas y deshumanizadas.

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