Al otro lado del charco, Opinión

Balance económico de América Latina en 2017

El pasado 14 de diciembre se presentó el Balance Preliminar de las Economías de América Latina y el Caribe 2017, elaborado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de la Naciones Unidas (CEPAL-ONU). En este informe, uno de los más destacados que publica la CEPAL cada año, se contienen los principales datos económicos (medidos hasta noviembre) y previsiones para 2018.

El informe proporciona un panorama bastante completo del rendimiento económico de la región, desglosando en cada caso el peso específico de determinados países o subregiones, de forma que los promedios no oculten los desequilibrios muchas veces existentes.

El balance económico preliminar para América Latina y el Caribe en este año que termina es globalmente positivo.

La buena marcha de la economía se apoya en un contexto internacional más favorable. La economía mundial ha crecido un 2,9% este año (frente al 2,4% de 2016). Un factor muy relevante para la región ha sido la dinámica de precios de las materias primas, que han crecido un 13% (en 2016 habían descendido un 4%). Las cifras de comercio mundial se recuperan, aunque con menos fuerza de lo esperado (3,6%).

En cuanto al sector externo, las exportaciones de la región han crecido en torno al 11%, tras cuatro años consecutivos de caídas, gracias a los precios de las materias primas y a la recuperación del comercio intrarregional y mundial (Brasil es el país que más ve crecer sus exportaciones). Así, tras dos años de contracción, el crecimiento económico regional fue positivo (1,3%) como resultado, fundamentalmente, del crecimiento de la demanda interna y de las exportaciones. Por subregiones, destaca el mayor crecimiento de Centroamérica y el Caribe de habla española (3,3%) frente a América del Sur (0,8%). El capítulo del empleo arroja, en cambio, un balance menos bueno. La tasa de desempleo urbano aumentó del 8,9% de 2016 al 9,4%, por el aumento de la tasa de participación y el estancamiento de la tasa de ocupación. También se señala un empeoramiento de la calidad del empleo, aunque la evolución de los salarios reales es positiva. Se espera, en todo caso, que el crecimiento económico de este año afecte positivamente al empleo en 2018.

En consonancia con los datos que proporciona el informe, podemos señalar dos grandes oportunidades económicas para América Latina, una a corto y otra a medio plazo.

La oportunidad a corto plazo se encuentra en la conclusión del Acuerdo de Libre Comercio Unión Europea – Mercosur que se ha venido negociando intensamente en los últimos meses. La aprobación de este tratado no solo repercutirá en la recuperación de los flujos de comercio en el nivel global, sino que insertará a algunas de las economías más potentes de América Latina (Brasil, Argentina) en las cadenas de valor global, mediante el acceso a un mercado común con 500 millones de personas.

La oportunidad a medio plazo, que ya hemos destacado en otras ocasiones, se encuentra en la digitalización. La economía será digital o no será. Si América Latina quiere desarrollar todo su potencial de futuro deberá abordar este reto, que no se cifra en una política concreta, sino en una estrategia transversal de colaboración público-privada. La digitalización debe ser, además, un instrumento de inclusión social, que cierre brechas, acerque distancias y permita a más personas acceder a servicios y productos.

El balance económico preliminar de América Latina en 2017 permite albergar cierto optimismo respecto a la evolución de la economía regional el año próximo. De hecho, se espera un crecimiento mayor, del 2,2%. Si además aprovechamos las dos oportunidades apuntadas, la región podrá afianzar la recuperación avanzada por el informe de CEPAL en un horizonte más lejano, dando repuesta a los riesgos existentes y diversificando las estructuras productivas de los países.

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