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Hijo de Escobar asegura poseer información que reabriría viejas heridas en el país

Juan Pablo Escobar presenta en Madrid Escobar al descubierto, una serie documental de dos entregas que pretende contar “la verdadera historia” del narcotraficante colombiano. Con estas piezas, su hijo pretende arrojar luz sobre la figura de Pablo tras “las mentiras que ha contado de él Netflix” a través de la serie Narcos.

A lo largo de una entrevista en profundidad, Escobar (que recibió la identidad de Sebastián Marroquín al huir de Colombia tras la muerte de su progenitor) explica a Ecoteuve los motivos por los que se ha animado a participar en este proyecto, desvela algunos secretos de su último año con el capo de Medellín y desvela por qué no se atreve a revelar el contenido del sobre que le dejó su padre al morir. “Muchos policías me han dicho: revélalo, pero creo que hay que hacer un uso responsable de la historia”, declara.

¿Cómo le convencieron para que participara en este documental?

Yo sentía la necesidad de hacer un documental para que la gente no olvide que esto no es una historia de ficción, es una historia verdadera que en nada se parece a lo que muchos están viendo en la ficción. No fue tan difícil convencerme por eso. Estaba más abierto a contar mi historia públicamente después de la experiencia de mi primer documental y de mis dos libros. Se me hizo un poco más fácil estar predispuesto para contar esta nueva historia.

¿En qué se diferencia ese primer documental y el que ahora presenta?

La gran diferencia es que el primer documental estuvo enfocado en hacer unos relatos puntuales de los actos violentos de mi padre y en la búsqueda de la reconciliación y el perdón con sus víctimas. Quería recuperar todos esos valores que se habían perdido con la guerra y la violencia. Este abarca otros puntos de vista y entrevistamos a personas enemigas de mi padre, que lo persiguieron y que lo quisieron matar. Se trata de conocer al personaje en toda su dimensión, poner los puntos sobre las íes y dar claridad a algunos hechos que se han prestado para una gran especulación sobre la vida y muerte de mi padre.

¿Qué supuso descubrir todo ese archivo fotográfico?

Es un milagro haberlo encontrado. La guerra nos obligó a destruir todas las fotos porque el temor era que cada amigo de mi padre que tomaba poder de ellas, terminaba muriendo o morían las personas que salían en ellas. Un solo portarretrato era una amenaza no solo para nosotros, sino que también para nuestros familiares. Habíamos pedido que destruyeran todo ese archivo, pero no escucharon y no se hizo. Así sobrevivió al tiempo en una habitación de un edificio de Medellín que, pese a que estuvo habitado por gente, nunca nadie lo descubrió. Había más de 10,000 fotografías.

¿Por qué no contó Netflix con su ayuda para escribir los guiones de Narcos?

Yo me ofrecí a colaborar con Netflix, pero ellos decían que sabían la historia mejor que yo. Entonces, me senté a verla.

Después de verla, ¿qué hecho de la serie que no se corresponde con la realidad le sorprendió más?

Yo escribí un artículo que fue muy leído porque el interés de la serie terminó derivando en un interés de la gente por conocer la verdad y de disociar la ficción de la realidad. Ahí escribí 28 errores que me parecían más importantes sobre su segunda temporada. Narcos es una versión muy hollywoodiense sobre quién era Pablo Escobar. Entonces, para mí era importante marcar los errores porque eso hacía que aquellas personas que se fascinaban con la serie, entendieran que había una realidad detrás que se estaba ocultando o maquillando. Cualquier persona con acceso a Internet puede verificar que las cosas ocurrieron como yo digo y no como Netflix lo ha querido presentar al mundo.

Pero, ¿qué fue lo que más le rechinó de la serie?

Hay una escena que yo viví con mi padre y que no la muestra Narcos. Yo estaba muriéndome de hambre y teníamos al lado cuatro millones de dólares en efectivo. Le muestran a los jóvenes que Pablo Escobar era un bandido que cada vez se esconde en mansiones más grandes y más bonitas, pero no muestran su vida de sufrimiento, ni que lo ha pasado mal. Lo muestran en casas con piscina, con mujeres bonitas y con vehículos y mucho poder, pero la realidad es otra cosa.

Mi papá cuanto más rico era, más pobremente tenía que vivir. Yo le visitaba y las casas donde se escondía estaban llenas de goteras, los pisos eran de tierra, no había ni puertas ni ventana. No tenía refrigerador, se moría de frío y era uno de los hombres más ricos. Entonces yo me preguntaba: ¿Para qué cuatro millones de dólares si me estoy muriendo de hambre y no puedo ir ni a la esquina a comprar el pan?. Esos mensajes se perdieron en la serie y son los mensajes más aleccionadores para todos. Y lamentablemente, con mis conferencias yo llego a miles, mientras que Netflix llega a millones.

¿No era positivo para la familia que la gente empatizara tanto con el personaje?

Yo estoy muy agradecido con Netflix porque nos ha ayudado a vender muchos libros, pero la realidad es que nunca vimos a Pablo Escobar con los ojos que lo ve Netflix. Si bien tenemos un respeto y amor por la figura del padre, y muchos momentos bonitos, ese amor no nos ha cegado frente a la gran violencia que causó.

Mi familia y yo siempre hemos creído que esta historia hay que contarla con un gran sentido de la responsabilidad porque puedes dañar a muchos o incitar la violencia. ¿Cuál es el sentido de haber vivido esta historia y de haber aprendido de esta experiencia si no es compartirla con los demás para que no se repita?

¿Cómo vivieron usted y su madre los últimos años de la vida de Pablo Escobar? 

Compartimos con él en la clandestinidad el último año de su vida. Estuvimos cerca por dos razones. Por una parte, el cartel de Medellín estaba prácticamente desbaratado y, por otro, mi papá no nos podía proveer de seguridad si no era quedándonos con él. A su vez esto conlleva un gran riesgo, ya que estábamos quedándonos con el hombre más buscado del mundo en ese momento. El último año compartimos muchísimo tiempo e historias con él. Antes de ese año, mi papá estuvo como 10 años en la clandestinidad los fines de semana, cuando se podía y cuando la guerra no estaba muy fuerte. A veces no nos veíamos en un mes y otras nos veíamos los fines de semana. Era una vida de todo menos predecible.

Han pasado 25 años desde la muerte de su padre y la droga sigue estando de actualidad, no solo en Colombia, sino que en el resto del mundo…

Diría algo peor, sigue creciendo de manera exponencial. Desde el primer día que le declaran la guerra a la droga, hasta el día de hoy, ha habido un incremento enorme tanto de consumidores, como de narcotraficantes. Nadie puede decir en el mundo que vamos bien con la droga si tenemos estos resultados. Esto es como echar agua al jardín, crece más.

Si matas a un narco hoy, mañana vas a tener el doble de narcos. No se acaba el problema. Mientras exista un consumidor, siempre habrá dos narcos dispuestos a matarse con tal de ser el que le venda la droga al otro que está dispuesto a pagar mucho dinero por ella. Esto solo ha garantizado el crecimiento de la violencia y de la corrupción. La guerra contra la droga es la mejor manera que tienen los estados para empoderar a los delincuentes.

¿Cree entonces que la solución puede pasar por la legalización? 

Yo creo que en el mundo de hoy las drogas ya están legalizadas. Todos podemos acceder fácilmente a ellas. Si nos ponemos ahora aquí a averiguar, encontraríamos quien nos la traiga a este lugar. Y si pedimos una pizza al mismo tiempo, probablemente el tipo de la droga llegue primero. Eso quiere decir que nadie logró frenar esa cadena de distribución que hace la droga en el planeta. Yo soy más amigo de la palabra regularización.

Los jóvenes de hoy consumen lo que creen que es cocaína cuando tiene mil venenos, hasta vidrio molido, para maximizar su ganancia. Nadie dice con esto que las drogas son buenas, pero la prohibición ha hecho que las drogas sean más venosas y destructivas a la salud del consumidor. Si estuvieran regularizadas, no es que esté incitando a la gente a consumir cocaína, pero creo que tendríamos menos adictos, menos muertes y un daño muchísimo menor. Se ha descuidado la auténtica arma contra la droga que es la educación y no las ametralladoras.

Dice que Pablo Escobar se ha convertido en una franquicia, pero usted también ha sacado dos libros y dos documentales. ¿Qué le responde a los que puedan pensar que está intentando lucrarse a costa de su figura?

Que tienen toda la razón. Siendo hijo de Pablo Escobar tengo un poquito más de derecho que Netflix de hacer dinero con él. Es un derecho legal que tengo al que no tengo por qué renunciar. Conozco otras maneras de enriquecerme más rápido. Una de ellas sería adulando y glorificando a mi padre como bien lo saben hacer en Netflix mejor que yo. Como me he dedicado a lo contrario, vendo menos, no he hecho la película, ni la serie. Yo cuento la verdadera historia.

Por otro lado, tengo que vivir. Soy arquitecto y trabajo como tal, pero no me llueven los trabajos. La gente quiere hacer sus casas pero ven que soy el hijo de Pablo Escobar y cuentan con otros arquitectos para “ahorrarse problemas”. Además, gran parte de lo que gano lo he donado a víctimas y sectores en Medellín donde los jóvenes son vulnerables de caer en bandas criminales que los reclutan y les aseguran un futuro en el narcotráfico. Esto lo hago de forma anónima y en silencio porque no quiero hacer política con todo esto. Mi familia y yo asumimos la responsabilidad de saber que hemos lucrado a otros con el nombre de mi padre. Y si no tienen derecho sus hijos, ¿por qué Netflix sí lo tiene?

¿Ha tenido problemas para entrar en Estados Unidos?

Yo no tengo problemas con ellos, no soy antinorteamericano ni mucho menos, pero no me dan la visa por el delito de ser hijo de Pablo Escobar. Si fuera narco, si me darían la visa. A día de hoy, no tengo visa porque nunca me he querido sumar a las mentiras que algunos sectores de poder en Estados Unidos quieren que diga sobre mi padre para dañar a gobiernos o dictaduras. Por decir que Fujimori recibió un millón de dólares de parte de mi padre me daban cuatro visas. O lo mismo por decir que los Castro eran narcos como mi padre. A mi no me tiembla la mano si tuviera alguna evidencia. Si hubiera visto a Fidel Castro en la hacienda Nápoles lo hubiera dicho, pero no tengo evidencias y nunca prestaría mi nombre ni el de mi padre para dañar a terceros.

¿Y para regresar a Colombia?

Yo estuve 14 años sin volver a mi país desde que me fui al exilio y no es que regreses y todo está bien. Vuelves con miedo, sientes que te puede pasar cualquier cosa en cualquier lado, pero es la intención de descubrir tu propia historia la que te mueve a arriesgarte y recorrer esos lugares y conocer a estas personas.

En el documental, vemos cómo se niega a pagar por entrar en la Hacienda Nápoles porque aun la considera su casa. ¿De verdad la siente todavía así?

Yo estoy muy agradecido de que me la hayan quitado porque realmente no podría sostenerla. No tener 42 hipopótamos que alimentar, gracias a Dios, es una gran ventaja. (Ríe). Imagina que la casa en la que tu creciste, mañana quieres ir a visitarla y alguien te quiere cobrar la entrada. Hasta tú te negarías a pagar o te colarías por algún lado. A mí lo que me molesta es que todas esas propiedades que nos quitaron no sirvieran para reparar a alguna víctima. Todas quedaron en manos de la corrupción y se repartió entre los mafiosos. Ni un solo dólar ha sido destinado a una sola víctima de Pablo Escobar.

¿Durante cuánto tiempo os habéis sentido tu familia y tu perseguidos por la justicia? 

Desde los siete años no hemos parado, siempre pensando que nos metían en la cárcel por el delito de ser familiar de Pablo Escobar. Creo que hasta el día que me muera van a perseguirme como si los delitos se heredaran. Yo asumí la responsabilidad moral, pero no la responsabilidad penal por eso. Nosotros nacimos presuntos culpables por ser hijo de Pablo Escobar.

¿Su madre lo ha llevado peor?

Yo creo que cada uno de nosotros lo ha pasado mal. En esta historia hay mucho dolor y nosotros nos hemos puesto siempre en el último lugar. Es muy difícil entrar en comparaciones y la peor parte de todo esto se la llevó Colombia y las víctimas de mi padre. Fue una violencia sin precedentes y nosotros sufrimos también sus consecuencias. Cuando los enemigos entendieron que la parte débil de Escobar era su familia, nosotros comprendimos la verdadera dimensión de la violencia que él ejercía. Nosotros eramos víctimas inmediatas de sus acciones. Él tiraba una piedra y volvían dos piedras, no contra él, sino contra su hijo o su esposa. Eso nos hizo tomar mayor conciencia de todo.

¿Cómo se siente al saber que ser hijo de Escobar será una losa que le acompañe toda la vida? ¿O realmente se ve capaz de llegar a labrar su propio camino?

Yo pensaba que lo estaba labrando, pero a cada paso que doy, me devuelven cincuenta. Es como si no nos pudiéramos despegar del pasado. Yo soy arquitecto, diseñador industrial, he tenido una vida que la han revisado hasta la saciedad, me he dedicado a lanzar un mensaje a la juventud que es genuino, que les inspira para el bien y que es consecuente con la actitud que yo he tenido con la vida. Yo tuve la oportunidad de ser el Pablo Escobar 2.0 todos los días de mi vida y todos los días de mi vida elijo lo contrario.

Conozco las consecuencia y sé que no es buen negocio y que todos perdemos si nos metemos de ello. Pero no importa. Eres el hijo de Pablo Escobar, hermano, y estás condenado. Y yo no estoy dispuesto a aceptarlo, todos nos merecemos una segunda oportunidad y debemos ser considerados en la sociedad como individuos. Yo no he dejado de reconocer los delitos de mi padre e incluso de desvelar algunos que ni la sociedad sabía que había cometido. Yo no voy a renunciar al apellido, pero mi esperanza es creer que algún día la sociedad nos reconozca y nos juzgue por nuestras acciones y no por las de Pablo Escobar.

Hablando de secretos que ha desvelado, hace poco habló de la existencia de un sobre que le dejó su padre que “esperaba no tener que usar”. ¿De qué se trata? 

Muchos policías me han dicho: revela el sobre. Creo que hay que hacer un uso responsable de la historia y creo que todo lo que se revele sobre Pablo Escobar hay que hacerlo si se hace una contribución positiva a la sociedad. Si vas a generar divisiones o más violencia, hay que ser responsables y ser prudentes.

Pero aun así, sigue conservándolo.

Ante la duda, es mejor tenerlo. (Ríe).

Publicado en Ecoteuve del Economista.es

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