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El México de López Obrador, a todo dar: la opinión de Jaime Polanco

Se confirmaron los augurios de las encuestas que dieron por segura la victoria de Andrés Manuel López Obrador. AMLO ganó con el 53% y casi 25 millones de votos. Ganó, además, con la mayor participación en unas elecciones presidenciales en la historia de México. ¿Que pasó para que semejante ‘tsunami’ pasara por encima del ‘establishment’ mexicano de siempre?

La ola todavía no empezó a subir. Pendientes todavía de los resultados oficiales, tendría varias gobernaciones, el gobierno de la ciudad de México, la mayoría en el Congreso de la República y una cómoda situación en el Senado, entre otras fortalezas.

Tras tres intentos para alcanzar la Presidencia, como dice el dicho, “a la tercera va la vencida”. Antes tuvo serios problemas para aceptar la derrota por la mínima contra Felipe Calderón y nada que objetar en su contienda contra el actual presidente Enrique Peña Nieto.

Muchos ríos de tinta se han escrito desde entonces. Pasó de ser un político de medio perfil, a romper todos los moldes de convivencia democrática para defender lo que él creía que era su victoria sobre Calderón. Amenazó a todo el mundo, tomó el Congreso, bloqueó la investidura e hizo todo cuanto pudo para dejar de manifiesto su disconformidad con lo que llamó “el mayor robo del siglo”.

Desde entonces, la sociedad mexicana se dividió en dos. Los que pensaban en las injusticias que se habían cometido con el político mas progresista y descarado que había existido en la política contemporánea, y los que pensaban (la gran mayoría) que con esos comportamientos y esos retos a las instituciones, el desastre de su posible gestión llevaría a México al caos, como ha pasado en otros países de la región.

Pero, ¿qué ha cambiado para obtener esa holgada victoria en las urnas?

La sociedad mexicana pedía desde hace años un giro radical a su clase política. Años de corrupción, aprovechamiento de los recursos del Estado, de clientelismo, violencia vinculada al narcotráfico y connivencia con las bandas criminales , llevaron al país a una situación insostenible. El sexenio de Peña Nieto pasó a ser el peor en décadas. La ya instalada corrupción se dejó notar mediáticamente. En algunos casos el desprecio por la seguridad ciudadana, prendió las alarmas de una sociedad acostumbrada a vivir permanentemente en peligro.

Semejante panorama podría haber sido cosméticamente tapado si la economía hubiera funcionado, si la brecha social se hubiera reducido, si las negociaciones con los vecinos del norte hubieran prosperado, si el empleo formal se hubiera fortalecido y si los líderes sindicales, entre otros, no hubieran enseñado públicamente su obsceno enriquecimiento.

Estas y muchas otras cosas, llevaron a la ciudadanía a pensar que una opción de izquierda, no vinculada a los círculos habituales del poder podría cambiar el rumbo del acontecer político. ¿Podrá AMLO dar respuesta a estos compromisos con la ciudadanía?

Una cosa es ganar las elecciones y otra bien distinta es ejercer el poder. De ahora en adelante el compromiso de cambio de miles de funcionarios de alto nivel crearán un reto para un partido como Morena de reciente creación. Algunas alianzas contra natura podrían poner en entredicho la buena voluntad de cambio.

Hay que definir un buen gobierno, poner más profesionalidad y menos ideología y amiguismo en las grandes empresas del Estado. Por supuesto buscar formas de mejor redistribución de los fondos sociales y definir una mejora acuciante en las relaciones diplomáticas mexicanas.

Las promesas de las campañas son unas y la realidad en el gobierno son otras completamente diferentes. Hay un plan para acabar de verdad con la corrupción? ¿Existe la voluntad política suficiente para hacer los cambios sociales que México necesita? ¿Se definirá un consenso político para abordar las diferencias con el vecino del norte? ¿Se pedirá al sistema financiero un esfuerzo para ser menos agresivos y más sociales en sus políticas bancarias?

Lea más opiniones de Jaime Polanco en este enlace http://confidencialcolombia.com/category/opinion/sin-reservas/

Muchas son las esperanzas sobre la mesa, pero muchos son los retos que se esperan del nuevo sexenio. Esperanzas para millones de mexicanos, que ven en el nuevo presidente el ‘Mesías’ que los llevará a combatir sus desigualdades y mejorar su calidad de vida. Esperanza para una clase media incipiente, que busca oportunidades para sus familias y un futuro mejor en el interior del país.

Pero no menos importantes son los retos que vienen. La paz y no la guerra con la clase empresarial mexicana, siempre comprometida con el futuro del país. La necesaria reconstrucción de la oposición política, que pasará por un largo desierto, pero ahora más que nunca necesitada del apoyo de todos, para volver a recobrar la credibilidad que les ha faltado.

El juego leal con todos aquellos que desconfiaron y dieron sus apoyos a la oposición, pensando quizás más en su beneficio propio que en el país que todos necesitan.

Se abre una era en la manera de entender la política mexicana. Dependerá mucho de la generosidad de los ganadores, de las ‘formas’ de hacer política. De la capacidad de seguir adelante con las reformas que el país necesita y, sobre todo, de la capacidad de AMLO para imponer cordura sobre el rencor de los perdedores que buscaron legítimamente ganar en las urnas.

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