Lo + Confidencial, Opinión, Sin Reservas

Argentina y España, las relaciones necesarias: La opinión de Jaime Polanco

Diez años han pasado desde la última visita de un presidente de Gobierno español a Buenos Aires. Diez años de maltrechas relaciones por las heridas que dejó entre otras cosas, la apropiación por parte del gobierno Kirchner de la petrolera Repsol YPF.

Las relaciones históricas entre españoles y argentinos siempre se vieron como una cosa de familia. Miles de españoles emigraron a tierras argentinas en los dos siglos pasados cuando en España se imponía la hambruna y la escasez de oportunidades.

Miles de españoles buscaron refugio cuando las cosas de la dictadura se pusieron serias y faltas de sentido común. Miles de españoles buscaron en la literatura y cultura argentina las salidas intelectuales que, por desgracia, no se dieron por décadas debido a la represión y la censura.

Por el contrario, Argentina siempre tuvo un firme aliado al otro lado del Atlántico. Cuando el vértigo de dejar de estar en las agendas del mundo necesitó de un apoyo institucional, los gobiernos de España estuvieron ahí.

Cuando el régimen peronista quedó maltrecho y aislado del mundo occidental, España estuvo Ahí. Cuando la dictadura militar, el conflicto bélico y la posterior crisis institucional, España también estuvo ahí.

Antes y después de los desafortunados incidentes de comienzo de la década de los años 2000, el ‘corralito’ y posterior crisis económica, las empresas españolas también estuvieron ahí.

Acudieron en masa a ayudar a sus hermanos argentinos. A capitalizar las empresas que se privatizaban. A desarrollar las infraestructuras, a reconvertir la industria y, sobre todo, a modernizar el sistema financiero y los servicios públicos.

Muchas cosas se hicieron bien y como no, algunas mal. Las empresas siempre buscan el beneficio y las españolas también lo hicieron. Pero sobre todo presidía la buena voluntad del gobierno español y sus empresas, en la ayuda y cooperación para una rápida salida de la crisis.

Los diferentes gobiernos de la familia Kirchner fueron una pesadilla para las buenas relaciones entre España y Argentina.  La corta visión de algunos medios de comunicación argentinos arengando al gobierno contra las empresas españolas, los malos mensajes de ida y vuelta de algunos embajadores más interesados en sus asuntos personales que de las buenas relaciones entre ambos países, nada ayudaron en su momento.

La propia crisis del estado español, que hizo que los diferentes gobiernos tuvieran que poner el foco en buscar soluciones para la más grave crisis económica de las últimas décadas, tampoco propició la cercanía necesaria para la confianza.

Pero, por fortuna el pueblo argentino ha ido mutando su ADN en su propio beneficio. Los cambios políticos que acontecieron con la llegada del presidente Mauricio Macri, vuelven a poner al país en la senda de la mejora de las relaciones con los vecinos y en la mira de los inversores más sofisticados del mundo mundial.

Mauricio Macri ha dado la cara a los mercados, ha abierto la puerta a renegociar de verdad con los acreedores y ha dado muestras de querer estar en mundo occidental y comportarse como tal.

Ha organizado un sinfín de reuniones por medio mundo para explicar sus necesidades y las nuevas reglas de juego que, por primera vez, son claras y honestas. Ha emprendido una regeneración de los vicios históricos entre los partidos políticos y sindicatos, dejando atrás las mañas de las fuerzas del mal, para que Argentina avance hacia un futuro mejor y más social.

La visita del presidente Mariano Rajoy ayudará a restañar viejas heridas. Los empresarios, hoy menos escépticos de seguro, buscarán nuevas oportunidades en el tren de alta velocidad que maneja Mauricio Macri.

Los beneficios políticos y económicos deberán ser repartidos de forma igualitaria entre ambos países. Ahora queda la complicidad, las buenas prácticas entre países hermanos y una firme voluntad de superar las diferencias del pasado. La oportunidad está servida.

Lea también en este enlace la opinión sobre Perú de Jaime Polanco:

El despelote peruano

 

Previous ArticleNext Article

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *