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Latinoamérica pierde a Brasil como motor clave para su integración

Los vecinos latinoamericanos se preguntan cómo convivir con el nuevo Brasil. La Secretaría de Relaciones Exteriores – conocida por su sede, Itamaraty – puede perder influencia. Será por dos razones: un mayor poder del área económica y un aumento del peso de los militares en la gestión de la geopolítica. Brasil fue la última democracia en crear una Secretaría de Defensa en América Latina. Jair Bolsonaro dotará de centralidad a esta cartera que siempre ha tenido un perfil bajo y ha sido ocupada por civiles.

Entre los temas más significativos de la agenda de Defensa de Bolsonaro relativas a la política exterior están el combate al crimen organizado en las fronteras y la situación de Venezuela. La hipótesis de una eventual intervención ha sido negada por Bolsonaro. No obstante, hay temor de que el gobierno del Estado de Roraima, fronterizo con este país y que ha recibido miles de emigrantes y refugiados venezolanos, le presione para que cierre la frontera o restringa el acceso de estas personas a territorio brasileño. El programa de Gobierno del presidente electo tenía solamente una página dedicada a la política exterior. Se hablaba muy poco y de forma abstracta de lo que va a hacerse o de cómo implementarlo. Además Bolsonaro emitía signos variados en sus discursos.

La agenda exterior de Bolsonaro

Bolsonaro tiene previsto que su primer viaje al exterior tras las elecciones sea a Chile. Aunque después se matizó que “no hay nada definido” esta decisión parece estar en línea con las declaraciones de Guedes. Se considera a Chile como la gran referencia latinoamericana: buena educación, genera tecnología y comercia en la actualidad con todo el mundo.

Brasil es una economía integrada pero cerrada, por esa razón necesita abrirse buscando tecnologías e inversiones. El nuevo gobierno tratará de alejarse de la profusa red de organismos. Es un país que necesita mercados, por eso irá a buscar acuerdos comerciales. No se sabe cómo conducirá Bolsonaro la relación con Argentina, que no ha sido mencionada como prioridad.

Desde la creación del Mercosur, Argentina se ha convertido en socio estratégico en la política y en la economía regional. Hoy es el tercer país que más importa de Brasil. Argentina teme no figurar en la pantalla de su principal socio comercial.

Aprovechándose de la parálisis institucional, de la presencia tóxica de Venezuela y buscando romper lo que sus consejeros denominan “las ataduras” de una Unión Aduanera incompleta, Bolsonaro explorará otros modelos y buscará nuevos socios ideológicos. Por este motivo está mirando al Pacífico. Chile y Colombia están en su agenda. Bolsonaro afirmó que no iba a hacer política exterior con la ideología; algo que había criticado en la política exterior de los gobiernos de Lula da Silva y Dilma Rousseff. Ahora hace lo mismo ya que esa aproximación inaugural a Chile tiene un sesgo mucho más ideológico que pragmático. (Más aun si tenemos en cuenta que después de Chile irá a Estados Unidos e Israel).

El discurso interno anti-Partido de los Trabajadores en el ámbito interno se reflejará en el externo con el acoso al populismo chavista. La tolerancia de lo que puede denominarse tándem Itamaraty/PT hacia Cuba, Nicaragua y Venezuela se acabó.

Quedan dos aspectos no menores. Uno es que Bolsonaro defiende la tortura como medio legítimo para la obtención de pruebas (al menos en el contexto de la dictadura militar). Es favorable a la Ley de Amnistía que confiere inmunidad a los criminales de la dictadura. Esto generará un enfrentamiento con el Sistema Interamericano de Derechos Humanos. Bolsonaro puede decidir abandonar la CIDH.

El segundo el riesgo para el medio ambiente en la región. Bolsonaro quiere revisar la titularidad de sustanciales territorios indígenas donde la preservación ambiental es comprobada por informes de órganos científicos. Sin olvidar el apoyo que recibe de los ruralistas que defienden la expansión agrícola. La deforestación amenaza la biodiversidad y la Amazonía, superficie que se extiende por Brasil y varios países vecinos.

La futura política exterior brasileña es todavía una incógnita, aunque se sabe que las posiciones de Bolsonaro apenas han cambiado a lo largo de los años. La mayoría que le ha elegido lo ha hecho porque no pertenece al sistema y creen que por su independencia cumplirá sus promesas. Si concreta su agenda se aislará regionalmente porque es improbable que la extrema derecha se convierta en tendencia en Latinoamérica. Ni siquiera en los actuales gobiernos neoliberales que más que de derecha se sienten tecnócratas. La mala noticia es que la integración pierde un motor fundamental.

Por Marcos Suárez para nuestro aliado ElEconomistaAmerica.com

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