¿Quién es el nuevo salvador de Apple?

Por: El Economista América | Octubre 15, 2016

"Siempre he dicho que si alguna vez llegase el día en que ya no pudiera cumplir con mis deberes y expectativas como consejero delgado de Apple, sería el primero en reconocerlo. Por desgracia, ese día ha llegado", rezaba la misiva con la que Steve Jobs, fundador de Apple, renunciaba a su puesto el pasado 24 de agosto de 2011. Poco más de un mes después, el genio detrás de los ordenadores Mac, los reproductores de música iPod y el crucial iPhone fallecía como resultado de una larga enfermedad.

Un trágico evento que puso en manos de Tim Cook, hasta entonces director de operaciones, el rumbo de la que hoy es compañía más valiosa del planeta. Desde entonces, el desempeño financiero de la de Cupertino no ha decepcionado, con un rendimiento del 129% en sus acciones, una partición de siete títulos por uno que se materializó el 9 de junio de 2014 y la restauración de un suculento dividendo, algo que no ocurría desde 1995 y que el cinco de mayo ascendía hasta los 57 centavos.

 

Una estrategia que ha servido de paliativo para aquellos que miran a la suculenta caja de la compañía, que en su último trimestre fiscal alcanzaba los 231,500 millones de dólares, como un colchón estratégico que Apple debería utilizar no sólo para contentar a sus inversores sino también para comprar otras compañías.

 

La última gran adquisición, bajo los fueros de Cook, fue la del fabricante de auriculares Beats, una empresa por la que se desembolsaron aproximadamente 3,000 millones de dólares en el mes de mayo del año 2014.

 

Sin embargo, la chispa de la manzana más idolatrada entre los consumidores no brilla con la intensidad de antaño. Su actual maestro de ceremonias ha conseguido rematar una magnífica gestión para una compañía que en su primer trimestre fiscal de 2016 (correspondiente a los tres últimos meses de 2015) ingresó la friolera de 75,900 millones de dólares.

 

Cifras espectaculares a las que Apple nos tiene de sobra acostumbrados pero que comenzaron a mostrar señales de fatiga posteriormente, cuando el fabricante registró entre los meses de enero y marzo su primera caída de beneficios e ingresos en más de una década.

 

Fue entonces cuando la figura de Cook comenzó a ponerse en entredicho. Al fin y al cabo, productos como el iPhone o el iPad, pilares sobre los que se apoyan las cuentas de las compañía fueron creaciones de Jobs.

 

La única familia de nuevos productos apadrinados bajo la era de Cook como consejero delegado ha sido la del Apple Watch. Un dispositivo que se ha hecho un hueco importante entre la gama de wearables, con más de 12 millones de unidades vendidas durante su primer año de vida, pero no lo suficientemente disruptivo como para tomar el testigo del iPhone, el pulmón que oxigena a la compañía.

 

"Cook es muy calmado, casi como un cura", reconoce a este periódico un antiguo ejecutivo que ha trabajado con Apple y que ha tenido acceso a su capitán en diversas ocasiones. "Tiene una visión muy clara de lo que es Apple y de lo que la compañía puede hacer", añade matizando que es un "visionario para la marca pero no un visionario para el mundo como lo fue Jobs".

 

Para este ejecutivo el problema actual de Apple y otras compañías tecnológicas similares es que no cuentan con directivos "que quieran cambiar el mundo". "Esas personas son las que realmente marcan la diferencia", asegura mientras indica que este tipo de modus operandi implica un riesgo demasiado alto que Wall Street y los inversores no suelen tolerar. "En estos momentos es mejor un guardián sólido de la marca que siga generando beneficios que alguien que busca una revolución, que en muchos casos nunca llegará a producirse", reitera.

 

Sin embargo, en esta conversación el nombre de Elon Musk, fundador y consejero delegado de Tesla y un multimillonario con ganas de conquistar el espacio a través de SpaceX, la compañía aerospacial que también regenta con aspiraciones de llegar a Marte, salió pronto a relucir.

 

Un visionario soñador

"Pondría a Musk más en la línea de visionario mundial como Jobs, en lugar de visionario de la marca como es Cook", estima este ejecutivo. Precisamente, este sudafricano formado en Canadá y que en 2002 se convirtió en ciudadano estadounidense ya mostró sus dotes de visionario gracias a PayPal, la compañía de pagos electrónicos y un hervidero de talento para Silicon Valley, de donde también salieron Max Levchin, Peter Thiel o Luke Nosek. La mafia de PayPal, como se conoce coloquialmente a este peculiar grupo, fue clave en los primeros pasos de Musk como uno de los soñadores de nuestro tiempo.

 

Tesla, con una capitalización de mercado de casi 30,000 millones de dólares, es el referente de los coches eléctricos de lujo y ha generado un rendimiento a sus inversores del 942 por ciento desde que saliera a bolsa. La obsesión de Musk por el potencial de las energía renovables, no sólo sale a relucir en los modelos de Tesla sino también en productos alternativos como sus baterías para el hogar, de las que sólo en 2015, la compañía consiguió 38,000 reservas agotando así sus existencias limitadas.

 

Este interés llega en un momento en que la próxima gran hazaña de Apple también mira al transporte. No sólo la de Cupertino ha invertido 1,000 millones de dólares en Didi Chuxing, la compañía que ha diezmado las oportunidades de Uber en China, sino que también trabaja en su proyecto Titan, que promete convertirse en el coche de conducción autónoma de la compañía de la manzana.

 

Aún así, hacerse un hueco en este mercado se postula complicado y Cook se ha visto obligado a replantear recientemente sus ambiciones, despidiendo a decenas de personas que trabajaban en estos planes. Sea cual sea el futuro de este producto, el hecho de que Apple contratase a uno de los principales ingenieros de Tesla, Chris Porritt, para este asunto, dio que pensar a los analistas. ¿Y si Apple comprase Tesla?. La suma de la diligencia de Cook y la visión de Musk ya ha calado entre los expertos.

 

"Cook es probablemente uno de los directores de operaciones más competentes de la historia pero no es un visionario tecnológico. Apple necesita otro Steve Jobs para reinventarse sino se convertirá en un HP", aseguraba en un editorial publicado por el portal MarketWatch, de Vivek Wadhwa, experto del Centro de Gobierno Arthur & Toni Rembe Rock de la Universidad de Stanford, quien sugería una unión entre la de Cupertino y la de Palo Alto.

 

"La combinación de un gestor como Cook y un visionario como Musk sería formidable", señala este docente quien considera que en manos de Apple "Tesla tendría vastos recursos que permitiría al fabricante de coches para ampliar sus operaciones, ampliar su red de distribución e incorporar sus tecnologías en sus coches". "Musk podría cumplir sus sueños respaldado por alguien obsesionado al máximo por el detalle, como es Cook", justifica.

 

Dan Dolve, analista de Jefferies en Estados Unidos, pone de manifiesto no sólo "la falta de entusiasmo que provocan los posibles coches de Apple o Google" sino también como la de Cupertino, a medida que sus ingresos han crecido durante los últimos años ha reducido en más de la mitad su gasto en investigación y desarrollo, cuando se compara con los porcentajes destinados a estos menesteres a comienzos de siglo. "La implacable labor de Tesla por mejorar la capacidad de sus baterías rebajando el coste por kilovatio ofrece a la empresa una ventaja competitiva clave a la hora de evolucionar hacia nuevos mercados y productos", estima.

 

Puerta abierta

El propio Musk no ha cerrado la puerta a una posible oferta o inversión por parte de Apple según adelantó Bloomberg a comienzos de este año pero analistas como Gene Munster, director de Piper Jaffray, considera que "comprar una marca ya establecida como Tesla diezma completamente el propósito de Apple como fabricante de coches", admite. Tampoco debemos pasar por alto que el consejero delegado de Tesla también ha llegado a polemizar con este asunto al afirmar que Apple es "el cementerio de los ingenieros que Tesla no ha contratado".

 

Rencillas a un lado, Musk es todo un genio, como demuestran sus creaciones en Tesla, SpaceX así como el desarrollo de un nuevo sistema de transporte, el conocido como Hyperloop, pero su gestión bajo el crudo microscopio de los inversores y analistas genera ciertas dudas.

 

Tesla lleva perdiendo dinero 13 meses consecutivos, depende de su fábrica gigante (la Gigafactory) en el centro industrial de Tahoe Reno en Nevada, todavía en construcción, para elaborar sus baterías y se encuentra en plena compra de SolarCity, una operación valorada en 2,600 millones de dólares y que merma tanto la caja como la posición financiera de la compañía. Dicho esto, esta adquisición tiene sentido dentro del plan a largo plazo de Musk, quien es el presidente del consejo de SolarCity y cuenta con un 22% de su accionariado.

 

Con sus ambiciones de colonizar Marte, fusionarse con SolarCity, producir un pickup, camiones y autobuses eléctricos así como perfeccionar la conducción autónoma, el plato de Musk sigue a rebosar de metas por cumplir y cuentas que ajustar, por lo que, de momento, Apple puede esperar.


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