Hartazgo político

Por: Jaime Polanco - @jaimepolancos | Noviembre 18, 2016

Opinión: de Jaime Polanco.

Después de unos días de sorpresa y estupor, por la impredecible victoria de Donald Trump en las pasadas elecciones presidenciales norteamericanas, las diferentes sociedades occidentales se preguntan, ¿cómo ha podido pasar semejante desastre y también si el fiasco del Brexit británico, el despropósito del Plebiscito colombiano, la atípica situación política en España y otros fenómenos socio políticos están conectados entre sí.

 

Se preguntan los politólogos y los analistas, si estos fenómenos sociales no estarán mandando un mensaje de hartazgo a las clases dirigentes por parte de la ciudadanía, de cansancio y aburrimiento por la falta de soluciones sociales, de descrédito por los casos de corrupción que vemos en nuestro entorno, y que son repetidos miles de veces por los medios de comunicación. Los políticos actuales están más ocupados en sus compromisos electorales con quienes les financiaron sus campañas, que con la ciudadanía que los eligió.

 

Estos esperan lógicamente que defiendan sus derechos y sus aspiraciones de tener una mejor vida en aspectos sociales, educativos y por supuesto un nivel de asistencia en la salud pública acorde a los impuestos que pagan cada año. La ciudadanía demanda información veraz sobre los patrimonios de quienes los representan en los entornos públicos. Demandan claridad y profesionalismo a la clase política a la hora de invertir sus impuestos en la mejora de su calidad de vida.

 

Años llevan clamando por transparencia en la gestión y el funcionamiento del Estado que redunde en mayor presencia y trabajo para las clases más necesitadas. Los jóvenes que representan el segmento social más castigado “pasan de la política”. Se ha acumulado su indignación por la falta de calidad en la educación, la falta de empleos duraderos que el mercado les ofrece; la poca o nula incidencia que tienen en las decisiones sobre asuntos que les afectan, y en recompensa por ese sentimiento, cualquier movimiento social que planean, lo tildan de radicalismo juvenil.

 

Se percibe una ciudadanía harta del deterioro provocado por políticas antiguas y formas mezquinas de ejercerla. Los nuevos medios se convirtieron en tribuna para que se les descalifique fácilmente como “insatisfechos” cuando muchos expresan genuinamente sus deseos de progresar y alcanzar sus metas en medio de las dificultades que el propio sistema les pone cada día. La sociedad está cambiando, es más educada e informada que nunca y quienes piensen lo contrario se equivocan.

 

La falta de ilusión para ir a las urnas es producto de la pérdida de afecto, confianza, respeto y admiración de la ciudadanía hacia la clase dirigente que supuestamente los representa. Abstenerse, además, les permite seguir desconectados de El Establecimiento; y los mantiene distantes del ejercicio de gobernar. Este abrumador silencio de las mayorías es una ruidosa constancia del rechazo al discurso de los políticos que perciben repleto de lugares comunes y propósitos vacíos de sentido para sus propias vidas. ¿Hacia dónde nos conduce ese cansancio? Esa es la respuesta que debemos construir. Pasar ya la página de las preguntas, y empezar a asumir el cambio, entenderlo y así poder continuar el camino.


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