“Una paz justa absoluta, no existe”

Por: Digna Irene Urrea - @direneu | Marzo 6, 2015

Rubén Chababo es el director del Museo de la Memoria de Argentina, y hace parte del comité asesor internacional del Centro de Memoria Histórica en Colombia. Su amplio conocimiento en las memorias posgenocidas y su promoción en acceso al conocimiento y la investigación sobre derechos humanos, la memoria social y política en Argentina y Latinoamérica, lo han traído al país para compartir de estos temas.

Confidencial Colombia conversó con Chababo sobre la construcción de memoria histórica, el posconflicto y el impacto que tiene el proceso de paz en la región.

 

¿Qué impacto han tenido en la región los diálogos de paz entre el gobierno y las Farc?



Te tengo una mala noticia. A veces se cree que los casos nacionales que son muy importantes para uno, en este caso que el proceso de paz es conocido afuera y, debo confesarte, salvo a aquellos que nos interesamos por razones profesionales, el resto de la gente no focaliza su atención en el tema. Pero así pasa no solo con Colombia, pasa con México, Guatemala o con El Salvador. Hay una desconexión de las realidades más fuertes que nos traviesan.



De todos modos, para los que estamos más atentos, sabemos que existen los diálogos de paz. Cuando uno conversa con las personas que han estado trabajando con el tema, la posibilidad de un cierre del ciclo larguísimo de la violencia que se padeció y se sigue padeciendo, tenemos depositadas muchas esperanzas. También podemos decir que muchos no somos ingenuos en saber que se trata de una negociación muy ardua y compleja porque en el corazón y en el centro de esa negociación se define el destino, la suerte, el bienestar o la tristeza de millones de colombianos.



Entre los tantos temas que están en las negociaciones está el de la responsabilidad. Es el quién se hace cargo y de qué modo cierra el ciclo de la violencia. Creo que en este asunto, el de asumir a cada uno nuestra responsabilidad frente al dolor del semejante. En este caso aparece de manera muy fuerte argumentos como estos “yo no cumpliré un día de prisión”, o “lo que hice, lo hice obligado”. En definitiva, en dónde uno tendría que ir para entender de alguna manera es que aquí a lo largo de muchos años hubo mucho dolor, mucha injusticia; hubo violación a los derechos humanos y para que termine debe haber responsabilidades.



Si no hay un impacto tan grande del proceso de paz en Latinoamérica como usted lo demuestra en su respuesta entonces ¿qué impacto traería la firma en la región?



El impacto sería grandísimo. El contexto internacional ha cambiado muchísimo porque no es el mismo el que comenzó el conflicto y el de ahora; hay actores que han cambiado, estamos hablando de momentos en los que se restablecen las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, que no es poco, en donde el equilibro de fuerzas ha cambiado; Venezuela no es lo que era hace tiempo atrás con la presencia de Chávez, es un proceso político bastante degradado. Entonces creo que todo eso impulsa para que se llegue a un acuerdo.



Creo que lo que da este tipo de acuerdos es señal de que es posible algo, porque durante mucho tiempo se pensó que no era posible que se logrará algo, aunque sea un acuerdo de mínima. Va traer mucha tranquilidad, pese a que no cambie la situación de manera inmediata. El que piense que luego de la firma al día siguiente este país se convierte en el paraíso del mundo está equivocado. Porque a partir de que se den la mano y luego se desmovilizan las tropas y entregan las armas empieza otro proceso.



Que es el escenario de posconflicto…



Y es el más complicado. Porque se tiene que ingresar en el territorio de la verdad, de la responsabilidades, el de las reparaciones, el de aportación de datos e información… y pregunto ¿estarán de acuerdo cada uno de los actores a contribuir con el proceso más allá de decir cesamos en el conflicto en algo tan importante como el tema de reparación? O por ejemplo, algo de lo que se habla muy poco es de la justicia y qué quiero decir con la justicia; si yo firmo la paz contigo, yo tengo sobre mi espalda cincuenta muertos y vos tendrás 80, entonces ahí qué hacemos, ¿impunidad para mirar hacia adelante? ¿Cómo le decimos a los familiares víctimas que a partir de este momento la habrá en pos de una unidad? Es decir, aquí entran los dilemas serios, los morales y la dificultad de establecer juicios taxativos. Por eso creo que hay dos grandes desafíos. El primero, el tema del tratado y lo del postratado y ese va ser un aprendizaje muy fuerte y muy intenso para Colombia.

 



¿Cómo se entra en esos terrenos de la verdad, el de aportación de información?


 
Hay múltiples formas de ingresar. En el Centro de Memoria Histórica hay trabajos inmensos en pos de la verdad, es decir los informes que tienen editados son acercamientos a la verdad, pero todo esto son como granos de arena en función de empezar un proceso de reencuentro y de convivencia que no va ser resuelto de manera inmediata, va a llevar mucho tiempo porque el dolor es inmenso, la herida muy grande y lleva muchos años. No se puede pedir por decreto que se perdone o que se olvide ni tampoco que se resignen a la demanda de justicia. Esto llevará muchos años y será muy complejo, en donde todos los actores deben poner lo mejor de sí mismos, incluso habrá que resignar muchas cosas porque no todo será posible.



Cuando dice que habrá que resignarse a muchas cosas ¿equivale a lo que dice el Presidente Santos sobre que hay que tragarse el sapo?



Ah, no sabía que el Presidente decía la frase esa. Cuando el daño ha sido tan grande y ha sido tan extendido territorialmente a lo largo del tiempo y del espacio, hay que decirlo, la justicia plena es imposible, es triste decirlo, pero es así. Porque si vamos a enjuiciar a todos los perpetradores nos lleva quién sabe cuántos siglos.



Para la reparación en este proceso hay, por ejemplo,  devolución de territorios (en unos casos serán posibles porque se encontrará las actas y en otros casos no), tal vez sea una construcción imperfecta en la de ingresar en una camino de convivencia, pero es preferible esa imperfección a vivir la vida amenazada por la muerte. Y esto no significa entregar banderas ni la dignidad humana; implica tratar de hacer lo posible para salir del infierno y tal vez pensar en las futuras generaciones que tienen derecho a vivir en un país que sea el recuerdo de una pesadilla enterrada y no como el fuego viviente que sigue quemando la planta de los pies cada vez que caminan.



¿En ese sentido la paz no es sinónimos de justicia?



A veces la paz en muchos conflictos se logra sobre bases injustas. Hay que resignar cosas para los entendimientos, pero fundamentalmente en conflictos de esta naturaleza que han atravesado tanto tiempo y en donde los actores han pasado por zonas grises, creo que una paz justa absoluta, no existe. Si la queremos poner así suena hermoso, pero la realidad es otra. Si vamos a pensar que todos los que han cometido crímenes de lesa humanidad irán a la justicia, aunque se quisiera que sí, eso no va a ser. Ahora, no quiero decir que eso esté bien, pero es que no hay aparato judicial que pueda sostener algo así. Hay que llegar a consensos y a acuerdos, que de hecho es lo que están haciendo en La Habana las Farc y el gobierno.

 



En el posconflicto no solo la responsabilidad de construir paz la tienen los actores, es decir, el Estado y las guerrillas ¿qué papel debería desempeñar el ciudadano común que incluso es mucho más ácido frente a estos temas de justicia?



Es fundamental el aporte que puede hacer la sociedad. El tema no son las Farc y el Ejército como los únicos responsables; aquí hay otros actores y no me refiero exactamente a los paramilitares. Me refiero a actores como la justicia, la política, la corrupción, la violencia y los empresarios. No soy experto en el conflicto, pero soy un observador y puedo decir que hay conflictos que hacen metástasis social. Entonces esto involucra a toda la sociedad, es que le toca a toda la sociedad, ninguna sociedad puede mirar hacia otro lado.



En el tema de memoria y recolección de archivos ¿qué se le puede aprender a Argentina?


Argentina construyó una base muy sólida de políticas públicas de derechos humanos y la ha sostenido por mucho tiempo, pero esto se dio gracias a una insistencia de la sociedad civil. Creo que más que enseñar es poner en diálogo de los que tienen que ver con archivos.



¿Qué es la memoria?


La memoria es la fidelidad con las víctimas con los dolidos, los heridos, los violentados. La memoria debería servir para no dejarlos solos con su dolor. Si no podemos repararlos con justicia, con dinero, con las tierras que les fueron arrebatadas, pues está la memoria que sirve para recordarle a ese dolido que yo sé lo que a él le ha sucedido.


Ahora quítense del repertorio que lo que ha pasado no volverá a ocurrir. La historia de las comunidades humanas y las historias personales son muy parecidas. Yo conozco historias de mujeres que han sido golpeadas por sus maridos y lo recuerdan muy bien, pero vuelven con ellos.


La cuestión es mirar qué hago con esa memoria. La memoria no es garantía de no repetición. A veces suena muy lindo “la memoria para no repetir” y no. La memoria es una operación muy compleja, es decir yo debo recordar, pero al mismo tiempo ser conscientes y reflexionar.



¿Qué hacer entonces para que no suceda lo mismo, para que no se repita la historia?


Lo que tiene que haber es una presencia y acompañamiento fuerte del Estado. Por ejemplo, el tema de desmovilización: dice el guerrillero “bueno yo me reintegro en la sociedad” pero si esa sociedad no lo acoge, si no tiene una red donde pueda reinscribirse, ese desmovilizado puede caer otra vez a una opción de violencia.

 

 




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