Colombianos, sean instrumentos de la Paz

La semana pasada los colombianos tuvimos la visita del Papa Francisco quien desde el miércoles y hasta el domingo recorrió varias ciudades del país. El lema de su visita fue “Demos el primer paso” y su primer paso fue darles a los niños, niñas y jóvenes de IDIPRON un mensaje: “no se dejen robar la alegría ni la esperanza”. Sus palabras siempre tuvieron un alto grado de contenido político, social y humano, invitando a volver a lo básico, es decir, el reconocimiento de la dignidad humana.

 

El jueves en la mañana visitó la Casa de Nariño donde lo esperaba el señor presidente Juan Manuel Santos junto con la Primera Dama. Con el discurso que dio el sumo Pontífice en la plaza de armas fue posible dilucidar que el mensaje no era un simple apoyo al proceso de Paz sino que era llamado de atención al Gobierno Nacional, las Instituciones, miembros del Congreso de la República pero especialmente al pueblo colombiano para de reconocerse en la diferencia y en la necesidad de lograr la unidad de la nación para seguir buscando la paz.

 

Habiendo hecho un acercamiento a la cultura del encuentro se reunió en la plaza de Bolívar con miles de jóvenes que lo esperaban con ansias. A ellos se dirigió de manera más informal pero manteniendo siempre la línea discursiva con la que inició su visita al país. Les dijo que ellos tienen una sensibilidad especial para reconocer el sufrimiento en el otro y se dejan conmover por las necesidades de los más frágiles y dedicarse a ellos; lo anterior sin dejar de reconocer que el contexto colombiano muchas veces nos ha hecho perder la sensibilidad y nos ha anestesiado pidiéndoles que no permitan que los mayores se acostumbren al dolor y al abandono, que se pongan en los zapatos de aquellos (las víctimas, los pobres, los campesinos, las comunidades indígenas, las comunidades afro, las mujeres) que muchas generaciones anteriores no han logrado comprender.

 

Nuevamente enfatizó en la cultura del encuentro; “Ustedes pueden enseñarnos que la cultura del encuentro no es pensar, vivir, ni reaccionar todos del mismo modo; es saber que más allá de nuestras diferencias somos todos parte de algo grande que nos une y nos trasciende, somos parte de este maravilloso país”. El encuentro en la diferencia, la diferencia como riqueza, como diversidad.

 

Luego de esto se reunió con los obispos a quienes invitó a dar el primer paso y entregarse con la fuerza del amor a la gente que les ha sido confiada, "desde la Fe en Dios y sin servilismos o pretensiones de protagonismo y manteniendo su autonomía sin alianzas con una parte u otra”. Sin embargo, hubo una frase certera: “No tengan miedo de alzar serenamente la voz para recordar a todos que una sociedad que se deja seducir por el espejismo del narcotráfico se arrastra a sí misma en esa metástasis moral que mercantiliza el infierno y siembra por doquier la corrupción y, al mismo tiempo, engorda los paraísos fiscales”.

 

En la tarde se celebró la homilía en el parque Simón Bolívar, en este lugar el Papa manifestó: “También aquí, como en otras partes, hay densas tinieblas que amenazan y destruyen la vida: las tinieblas de la injusticia y de la inequidad social; las tinieblas corruptoras de los intereses personales o grupales, que consumen de manera egoísta y desaforada lo que está destinado para el bienestar de todos; las tinieblas del irrespeto por la vida humana que sega a diario la existencia de tantos inocentes, cuya sangre clama al cielo; las tinieblas de la sed de venganza y del odio que mancha con sangre humana las manos de quienes se toman la justicia por su cuenta; las tinieblas de quienes se vuelven insensibles ante el dolor de tantas víctimas” e invitándonos a “Llamar a otros, a todos, para que nadie quede al arbitrio de las tempestades; subir a la barca a todas las familias, ellas son santuario de vida; hacer lugar al bien común por encima de los intereses mezquinos o particulares, cargar a los más frágiles promoviendo sus derechos”.

 

Durante su visita a Villavicencio, Francisco hizo un llamado a la reconciliación: “Reconciliarse es abrir una puerta a todas y a cada una de las personas que han vivido la dramática realidad del conflicto. Cuando las víctimas vencen la comprensible tentación de la venganza, se convierten en los protagonistas más creíbles de los procesos de construcción de la paz” y continuó diciendo “La reconciliación, por tanto, se concreta y se consolida con el aporte de todos, permite construir el futuro y hace crecer esa esperanza. Todo esfuerzo de paz sin un compromiso sincero de reconciliación siempre será un fracaso”.

 

Lo anterior como preludio al discurso que daría en el Gran Encuentro de Oración por la Reconciliación Nacional donde se reunió con víctimas del conflicto armado y desmovilizados, oyó sus relatos y luego instó a Colombia a reconciliarse, “Es la hora para desactivar los odios y renunciar a las venganzas y abrirse a la convivencia basada en la justicia, en la verdad y en la creación de una verdadera cultura del encuentro fraterno”.

 

En Medellín mantuvo su discurso de amor al prójimo, del reconocimiento en la diferencia, paz y reconciliación y destacó la labor de San Pedro Claver para instarnos a actuar, a no ser indiferentes. En este sentido dijo “Esclavo de los negros para siempre, fue su lema de vida, porque comprendió, como discípulo de Jesús, que no podía permanecer indiferente ante el sufrimiento de los más desamparados y ultrajados de su época y que tenía que hacer algo para aliviarlo”.

 

Finalmente en Cartagena tuvo un encuentro con la comunidad, visitó la casa de una mujer que ha dedicado su vida a servir, rezó el Angelus en la Iglesia de San Pedro Claver y recordó la importancia de trabajar por recuperar la dignidad del otro, especialmente “por los pobres y descartados de la sociedad, por aquellos que son abandonados, por los emigrantes, por los que sufren la violencia y la trata”.

 

Recordó los testimonios que había oído de víctimas y victimarios recalcando que las víctimas “han dado el primer paso en un camino distinto a los ya recorridos”, el camino de la paz y la reconciliación. Sin embargo para acercarse a esa utopía es necesaria la participación de todos, de un pacto social y cultural sentenciando “Si Colombia quiere una paz estable y duradera, tiene que dar urgentemente un paso en esta dirección, que es aquella del bien común, de la equidad, de la justicia, del respeto de la naturaleza humana y de sus exigencias”.

 

Hizo énfasis en la cultura del encuentro como un camino hacia la verdad y la reparación, un diálogo entre dos buscando el perdón, un perdón que lleve a la reparación y existan garantías de no repetición resaltando la labor de los defensores de Derechos Humanos en Colombia invitando a todos a asumir ese compromiso de defensa. “Si Colombia quiere una paz estable y duradera, tiene que dar urgentemente un paso en esta dirección, que es aquella del bien común, de la equidad, de la justicia, del respeto de la naturaleza humana y de sus exigencias”.

 

El último mensaje del Papa Francisco fue la conclusión perfecta a la visita: “Colombia, tu hermano te necesita, ve a su encuentro llevando el abrazo de paz, libre de toda violencia, esclavos de la paz, para siempre”.

 

Los mensajes del Papa son una gran herencia de la Teología de la Liberación, la búsqueda de una Iglesia de los pobres y para los pobres, la inclusión de la justicia social restaurativa en la cual las víctimas deben ser reparadas en los daños que han recibido, la recuperación de la dignidad humana y la  búsqueda permanente de la paz.

 

La invitación del Papa que a través de sus discursos nos deja, debe calar en los oídos y mentes de todos los colombianos ya que acercarse a la utopía de la paz es una labor permanente donde todos somos pieza clave.

 

Llama mucho la atención que el llamado del Papa se encuentra contenido tanto en el texto de los acuerdos como en la palabra de Dios, evidenciando que si bien se trata de un tema político, hay que poner en el centro de la discusión al ser humano, dignificándolo y protegiéndolo. Es ahora nuestra tarea nunca perder el horizonte y asumir la paz como una tarea de todos los días. De esto surge una sola pregunta ¿estamos los colombianos dispuestos a ser esclavos de la paz para siempre?.


Twitter: @Diana_Noguera


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