El sí pide la palabra

Por: Jaime Acosta Puertas / @acostajaime | Octubre 11, 2016

Columna Opinión. Carta al presidente Juan Manuel Santos, premio Nobel de Paz. La campaña del NO cometió actos que se asimilan a fraude electoral y por tanto el plebiscito debe anularse y en consecuencia el acuerdo del 26 de septiembre es el acuerdo final. Es urgente que la Corte Constitucional y la Corte Suprema de Justicia aborden esta situación en esta semana.

Mientras tanto, los del NO han formado equipos de expertos para proponer puntos concretos a discutir con el gobierno. Se han concentrado especialmente en el punto de justicia transicional y específicamente en abolir el tribunal especial de paz para reemplazarlo por un tribunal anexo de la justicia ordinaria de Colombia. Los demás temas los abordan de manera marginal, más con la idea de lanzar una columna de humo para que no sea tan evidente que el interés es evitar una justicia para todos los que cometieron delitos de lesa humanidad. Ese fue el núcleo de la campaña del NO. Crearon una sofisticada y perversa red de mentiras para tumbar el acuerdo, sin mencionar el tribunal especial: un engaño descarado y perverso contra Colombia, contra las víctimas, y contra las instituciones. Cuáles son las razones por las cuales defender el tribunal.

 

 

La justicia Colombia es mala, corrupta, ineficiente, injusta, dilatoria, clientelista, y con carteles de falsos testigos. Genera impunidad, no imparte justicia y destruye tejido social y las instituciones.

 

 

La justicia transicional, con su principal instrumento, el tribunal especial de paz, cobija a todos los actores de la guerra que cometieron delitos de lesa humanidad, y no solo a las FARC. Los militares privados de libertad por delitos de guerra avalan el componente de justicia del acuerdo, y también los 400 empresarios que le dirigieron una carta al presidente, según lo dijo don Arturo Calle en la W.

 

 

Si Colombia quiere pasar la página de esta guerra, debe conocer la verdad de todos para amparar la no repetición, de lo contrario sucederá lo que sucedió con el frente nacional, cuando un mal acuerdo dejó vivas las condiciones mediante las cuales surgieron las FARC, las demás insurgencias, y el paramilitarismo, que terminaron cobijados por el narcotráfico, la corrupción y alimentando el derrumbe institucional.

 

 

Si el pacto del frente nacional no hubiera sido injusto y excluyente, esta guerra no habría sucedido, y hoy Colombia sería tal vez otra nación. Los del NO son de la misma saga de esa anterior violencia, con la diferencia que ahora la conforman elementos de la vieja y premoderna élite, y una nueva más insensata y atrasada.

 

 

Si se perfora la justicia transicional y desaparece el tribunal especial, la columna del acuerdo final se destruye, y por tanto se daña el espíritu y contenidos de los demás puntos acordados, con lo cual esta paz sería peor que la del frente nacional, porque se asemeja a un padre que asesina a uno de sus hijos, y el juez le da casa por cárcel junto a su esposa y demás hijos, dejando la puerta abierta a una desgracia mayor.  No olvidar que el NO lo forman la eterna ultraderecha colombiana e insensatos conservadores.

 

 

El SÍ no tiene quien lo represente como fuerza que respalde y complemente al equipo del gobierno, y tenga participación igual para que la revisión tenga legitimidad. Por lo tanto, pido al presidente, a quien conozco hace 25 años, conformar un grupo de seis expertos que apoyen el acuerdo de paz, y cuyos objetivos serían: analizar las propuestas del NO (lo correcto, que no, y cómo podría ser mejor), fortalecer la posición del SÍ, reflexionar sobre lo políticamente correcto y lo técnicamente viable, ajustes de precisión para que el campo también sea innovador, productivo, emprendedor, espacio de vida sana y promisoria, e integrado a las ciudades. El grupo comunicaría sus aportes porque la paz debe ser de cara a la ciudadanía para que no haya más engaños.

 

 

A manera de ejemplo, el SÍ podría estar conformado por personas, tales como: Francisco de Roux, Sergio Fajardo, Patricia Lara, Claudia López, José Antonio Ocampo, María Emma Wills, Darío Fajardo, Manuel Rodríguez, Clara Rojas, Marco Palacio, Jaime Abello, Francisco Barrera, Laura Gil, y representantes de las comunidades de víctimas en los territorios donde la guerra se ensañó. 

 

 

La paz debe ser un nuevo libro para Colombia, porque la reconciliación tiene un significado mayor que los acuerdos con los levantados en armas. Es encontrarse como cultura y como nación para construir una nueva sociedad.

 

 

Señor presidente, el mundo le otorgó el premio Nobel para que en Colombia haya paz con justicia para todos y con la palabra de todos.  


Comentarios