La estupidez del no a la paz

Por: Jaime Acosta Puertas | @acostajaime | Agosto 22, 2016

El senador con su Centro Democrático, el procurador y otros innombrables, creen que los colombianos somos idiotas, por eso piden revisar los acuerdos de La Habana sin decir lo que implica en términos de gobernabilidad, inestabilidad social, inseguridad en las ciudades, terror en el campo, y caos institucional. Opinión

La oposición a los acuerdos de paz lo que busca es un remoto triunfo en el plebiscito para revisar lo convenido y de esa manera acabar con el proceso, porque, empezar una renegociación es destruir cuatro largos años de trabajo serio, detallado, confiable y responsable, que también daría al traste las negociaciones con el ELN, generando condiciones para una perturbación mayor y sostenida del país por las siguientes razones:


1. El NO desestabiliza el Estado. Colombia entraría en un vacío de gobernabilidad que crearía un ambiente de mayor inestabilidad institucional y por tanto de ingobernabilidad en lo que resta del gobierno Santos, con efectos en el siguiente gobierno porque recibiría un país institucionalmente desmantelado. 


2. El NO, una irracional oposición a la paz. El presidente tiene el mandato constitucional para hacer la paz y por eso quiere refrendar los acuerdos con la población. Por lo tanto, no es posible negociar otra paz porque no hay dos países, dos constituciones, dos presidentes, dos gobiernos, dos FARC, dos ELN. El senador y su corte tuvieron cuatro años para proponer cosas razonables y no lo hicieron. El no se opone con odio irracional, fascismo ideológico y fanatismo religioso, precariedad argumental, usando un arsenal de mentiras, difamaciones y contradicciones contra las negociones de paz. 


3. NO habría renegociación de los acuerdos. Un remoto triunfo de la negación jamás derivaría en una continuación de las negociaciones para revisar lo pactado. El presidente no tendría voluntad ni autoridad política, y la guerrilla no tendría interlocutor con autoridad y poder. El equipo de negociaciones del gobierno se desmantelaría, entonces ¿quiénes conformarían uno nuevo? ¿El senador y su corte de innombrables, el procurador, Lafouri, los Interbolsa, los Nule, los de Proyectar Valores, los generales Montoya, Santoyo y del Rio?


4. El NO a los acuerdos de paz alejaría a Colombia del mundo. Ningún país del mundo y ningún organismo internacional serían garantes en una  renegociación. Éste país quedaría marginado y aborrecido. Por una puerta saldrían Estados Unidos, la Unión Europea, Cuba, Noruega, Chile, México, la ONU, el Papa, y el resto de países del mundo. Y por la otra entrarían ISIS, Siria, Trump, Temer, Martinelli y el cartel de Tijuana.


5. El NO, es volver a la guerra. Si se rechazan los acuerdos ¿qué vendría? Seguiría el conflicto, y esa violencia no sería la misma de antes porque las dinámicas han cambiado. Si bien algo inoportuno el presidente cuando dijo que la guerra retornaría y azotaría las ciudades, tiene razón, porque no retomaría donde quedó hace cuatro años, y eso lo saben el ejército y la guerrilla. Sería una nueva fase con elementos desconocidos y sobre los cuales no cabe especular porque el no a los acuerdos no es de sentido común.

 

Es tan irracional y perverso el no, que hace imposible la argumentación mesurada y la  mano extendida. Por eso será derrotado en las urnas de manera apabullante, porque una vez el acuerdo final esté cerrado en los inmediatos días, y entremos de lleno al plebiscito, la Colombia de la esperanza, la que quiere la paz, la humana que piensa en las víctimas y en las siguientes generaciones, la que hoy tiene dudas pero mañana certezas cuando estudie los acuerdos, y el mundo entero se pronuncie una vez más a favor, se producirá una marea incontenible por el SI a los acuerdos porque es el único argumento inteligente, responsable y sano con una Colombia que tanto ha sufrido, sobre todo sus campesinos. El NO, son nubes, penumbra, sombras, muerte, horror, atraso, injusticia y desolación. El SI a los acuerdos es el SI a la paz y por tanto el pasaporte al posconflicto y a la reconciliación, pero también al arte, la cultura y el conocimiento, a la educación con ciencia, innovación y emprendimiento, es decir, a la vida, al desarrollo de una economía de la innovación y al medio ambiente.

 

Colombia debe agradecer y reconocer el liderazgo del presidente Santos para traernos la paz. Es mezquino no hacerlo, así la paz sea de toda Colombia y no de nadie. También a los negociadores de ambos lados, sobre todo a los de acá, siempre gracias, porque aguantaron de manera injusta ultrajes, calumnias y ofensas inimaginables de los innombrables del no.  


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