No a la venta de Isagén

Por: Jaime Acosta Puertas | @acostajaime | Enero 9, 2016

En los últimos 25 años se vendieron la mayoría de activos productivos del estado colombiano, y nunca conoció la ciudadanía en qué se invirtieron esos recursos, que entraron por una sola vez, y por tanto se debieron invertir en acciones estratégicas del Estado en programas nacionales de mejoramiento de: educación, ciencia y tecnología, cultura, desarrollo de nuevos sectores productivos estratégicos para la nación, reindustrialización de la economía, infraestructuras de diverso tipo, salud, entre otros.  

Pero no ocurrió así, y esa plata de todos los colombianos se fue al tunel sin fondo del presupuesto nacional, para distribuir migajas de corto plazo para todos los sectores.


Las razones que se imprimieron para privatizar hasta la vida, fueron varias, principalmente dos: una, problemas de ineficiencia, burocratización y corrupción (en unos casos sí en otros no); y dos, que el Estado debería ser regulador y por tanto toda acción productiva debería estar en manos de privados porque las fallas estaban en aquel y no en el mercado, postulado falso.

 

El esquema fracasó, hoy Colombia versus economías comparables, es de las peores en competitividad, productividad, innovación, emprendimiento, equidad, salud, educación e infraestructura. Las arcas del Estado están secas: elevado déficit en cuenta corriente, déficit fiscal en aumento, deuda externa disparada, devaluación insostenible, déficit comercial del sector industrial inconmensurable, insostenible y en crecimiento, en consecuencia, se perfeccionó un proceso de desindustrialización y se depositó en los sectores de commodities el crecimiento de largo plazo, algo que no está en la teoría ni en la evidencia de las economías exitosas de los últimos 100 años, porque no hay ciclos de crecimiento alto y de largo plazo con base en bienes primarios y minería de enclave, si no se desarrolla a la par el sector industrial y de alimentos. Colombia le apostó al corto plao y se olvidó que el crecimiento alto y el desarrollo se logra con objetivos y modelo de largo lazo.

 

Isagen es de los últimos activos que le quedan al estado colombiano. Lo demás, se acabó. Pero Isagen es una empresa muy bien manejada y proyectada, no se vende por mala sino por buena, lo cual constituye el núcleo del despropósito del gobierno nacional, y una contradicción en la lucha contra el calentamiento global y la reestructuración de la economía colombiana según los cambios productivos y tecnológicos que están aconteciendo en el mundo.
Un mal negocio

 

Vender Isagen es como vender la casa para comprar un carro y en gastos varios el resto de los dineros. La familia se queda sin respaldo para apalancar inversiones futuras. Así quedó Colombia, sin activos.

 

Vender Isagen es como vender la casa para comprar una más pequeña y más barata y gastarse los excedentes en bienes suntuarios, recreación y en viajes. La familia se queda sin respaldo después de un breve periodo de falsas ilusiones. Así es hoy la economía colombiana. Por qué estos dos ejemplos.

 

Uno, Isagen se vendería por escasos 6.4 billones de pesos, lo cual solo equivale a los ingresos de tres 3 años. Isagen puede producir utilidades a la nación de aproximadamente 20 billones en los próximos 40 años, y los beneficios del estado por su porte al fondo de inversiones en infraestructura jámas le producirá reditos iguales.

 

Dos, en tiempos de calentamiento global, la energía, el agua y el medio ambiente, son más importantes para la vida y el desarrollo futuro que unos kilómetros de asfalto. Isagen produce un servicio de primera necesidad, tiene 20.000 hectáreas de reforestación con sus consiguientes reservas de agua, y 50 años de acumulacón de conocimiento y de capacidades tecnológicas.

 


Por las autopistas (que se deben hacer pero no a expensas de Isagen), va el desarrollo, pero no son el desarrollo. Si así fuera, todo el mundo haría autopistas y nada más, porque lo demás vendría por obra y gracia del espíritu santo. Si la economía colombiana no entra en un proceso de reindustrialización para exportar más bienes de alto valor agregado, la tasa de retorno a la economía por la inversión en las autopistas, será escaso, y con el tiempo será negativo, porque no habrán recursos para nuevos desarrollos.

 


Tres, las grandes empresas de energía, entre ellas las grandes petroleras, como la canadiense TOTAL, están invirtiendo en energías alternativas porque está en marcha la economía de cero carbono. De esa manera, Isagen podría ser la empresa colombiana que lidere esa transición de las energías convencionales a nuevas energías, tanto para impulsar un nuevo sector productivo como en investigación. Ecopetrol tenía los biocombustibles y las energías alternativas en su portafolio de desarrollos. No cumplió, por eso ahora está en barrena.


Así como las empresas industriales que producen tecnología para los sectores de energía tradicional (hidráulica y térmica), ahora también están produciendo tecnología para el desarrollo de energías alternativas, caso de Siemens, General Electric, para poner solo dos ejemplos.


Cuatro, el sector de energía, en sus vertientes de hidráulica y de energías alternativas, debe ser un sector estratégico de la nueva política de desarrollo productivo y de ciencia y tecnología de Colombia, que el Conpes puso en discusión a finales del 2015, y que deben quedar aprobadas en las próximas semanas. Todos los países desarrollados, y todas las economías emergentes exitosas, consideran el sector de energía como actividad estratégica no solo para prestar un servicios eficiente y barato, sino como un sector con diversas actividades que impulsan el desarrollo industrial y también la calidad y pertinencia de la educación, la ciencia y tecnología, y nuevos emprendimientos. La energía es desarrollo y es vida.


Quinto, para apalancar el desarrollo de infraestructuras, y sobre todo escasos 6 billones, hay muchas más fuentes que está a disposición, como los fondos de pensiones y otras más en el mundo.


¿Qué hacer?
No vender Isagen


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