Ahora sí

Por: Camilo González Posso | Septiembre 25, 2015

El apretón de manos no estaba en el libreto de la Presidencia de la República pero se precipitó no solo por la iniciativa de Raúl Castro sino porque ese si era el símbolo y el momento adecuado.

Castro entregó el comunicado a lado y lado y en medio del cruce  de manos  se conectaron Santos y Timochenko casi por casualidad pero en realidad atraídos por la fuerza del acontecimiento que estaba ocurriendo. Castro culminó la escena apretando con sus dos manos las de los adversarios que ahora se reconocen en  el camino hacia el pacto de paz.

 

En su intervención Santos había utilizado esa palabra: adversarios. Hasta hace poco el término de los discursos era enemigos. Mucho cambio este día. Al enemigo se le considera objetivo militar en el absurdo mundo de la guerra, mientras que al adversario se le reconoce el estatus de sujeto de derechos comenzando por el de la vida y la integridad.

 

Por primera vez en este proceso de conversaciones se puede decir que se cruzó la línea de no retorno: se ha  avanzado en los asuntos más complejos, con el desescalamiento se marcha con tranquilidad al cese definitivo de las hostilidades, está definido el momento de la dejación de las armas y todos los temas no resueltos relativos al fin del conflicto y a la implementación y ratificación están sobre la mesa o en las subcomisiones técnicas. El proceso de paz se ha tornado creíble para nuevos sectores y la oposición a las negociaciones de paz ha sido colocada a la defensiva.

 

Las fórmulas de justicia restaurativa lograron conciliar las exigencias desde los derechos de las víctimas y la sociedad a la no impunidad y a la paz. El sistema de justicia integra los cuatro capítulos, es decir lo concerniente a  verdad,   reparación, no impunidad y no repetición.

 

Los negociadores y los expertos encontraron la fórmula adecuada para resolver sin “sapos” esa maraña de ecuaciones no lineales que tenían por premisa la negativa de las FARC a la cárcel y la exigencia de no impunidad para los responsables combatientes o no combatientes desde el Estado o la sociedad civil, los partidos o las empresas.

 

Bajo las condiciones acordadas para la Jurisdicción Especial de Paz y el Tribunal de Paz, y siguiendo a la letra las normas del derecho internacional humanitario y del derecho internacional,  después de terminado el conflicto armado se podrán otorgar amnistías circunscritas a delitos políticos y conexos.

 

Ningún crimen de guerra o de lesa humanidad podrá ser objeto de amnistía y por lo mismo los máximos beneficios penales se reservan para quienes acepten el debido proceso y aporten  a  la verdad en forma  plena y contribuyan a la reparación y no repetición; esos   juicios  culminan en sanción de restricción a la libertad durante 5 u 8 años en condiciones especiales.

 

Las modalidades de esa restricción serán definidas en una ley y no serán en cárcel o sitio ordinario de reclusión en  compensación con la contribución a la verdad y a un acuerdo general que significa el tránsito a la paz, la garantía de reconocimiento de los derechos de las víctimas y la no repetición.

 

Es también novedad que se acepte que el delito de narcotráfico podrá ser considerado conexo con el delito de rebelión , bajo las restricciones que establecerá una ley. Aquí se tiene en cuenta que las normas que establecieron la imposibilidad de amnistías por delito de narcotráfico no se derivan del DIH en cuyos textos no aparece el narcotráfico como crimen de lesa humanidad.

 

La suerte esta echada: El 23 de septiembre se  firmó el comunicado que resume lo acordado en materia de justicia y, al mismo tiempo, el Presidente anunció que había convenido con el jefe de las FARC-EP la firma del acuerdo final en seis meses, el próximo 23 de marzo.

 

A los sesenta días de esa firma, en la última semana de mayo se realizará el pronunciamiento popular de refrendación de los acuerdos; y en ese lapso se iniciará la dejación de las armas por parte de las FARC. Ahora si es la hora de la paz!!!

 

 camilo@indepaz.org.co


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