La libertad de abstenerse hace parte del libre juego democrático

Por: Jesús Pérez González-Rubio | Septiembre 30, 2014

La Constitución pretende asegurar a los colombianos la libertad, según su Preámbulo, y agrega en su artículo 13 que todas las personas nacen libres. Luego en su artículo 18 garantiza la libertad de conciencia. Nadie será “obligado a actuar contra su conciencia”, dice, lo que excluye naturalmente que el ciudadano sea constreñido a votar, si ello contraría su conciencia

En su artículo 20 garantiza la libertad de pensamiento que, desde luego, incluye la decisión pensada de no votar. El artículo 40 que “Todo ciudadano tiene derecho a participar en la conformación del poder político. (Y) Para hacer efectivo este derecho puede… tomar parte en elecciones, plebiscitos, referendos, consultas populares y otras formas de participación democrática”. A su vez el artículo 258 estatuye: “El voto es un derecho y un deber ciudadano”. Se aprecia una arquitectura constitucional coherente respecto de los valores superiores de la libertad y de la participación política, coherencia que ahora se quiere quebrantar.

 

Pero La Carta no define lo que debe entenderse por libertad. La de 1.991 es una Constitución Demo-liberal. La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1.789 la define así: “La libertad consiste en poder hacer todo lo que no perjudica a otro: Así, el ejercicio de los derechos naturales de cada hombre no tiene más límites que aquellos que aseguren a los otros miembros de la sociedad el goce de esos mismos derechos…La Ley no tiene el derecho de prohibir sino las acciones perjudiciales a la sociedad”.   

 

Si la abstención de los ciudadanos que no quieren votar para no legitimar con su voto el “régimen” político que eventualmente los agobia no perjudica los derechos constitucionales de otros que sí deciden concurrir  a las urnas, ¿no es contrario a la idea de libertad establecer el voto obligatorio? Me pregunto: ¿Perjudica la abstención a la sociedad colombiana, siendo, por añadidura, una actividad totalmente pacífica que brilla por esta característica en medio de un país tan violento como el nuestro? Desde luego que no,  como lo prueban  casi 200 años que tienen las votaciones en Colombia sin voto obligatorio.

 

El voto obligatorio desvertebra ideológicamente la Constitución colombiana. En mi opinión, la sustituye. La hace incoherente porque proclama unos valores como el de la libertad y la participación política y luego los contraría en la práctica. Era lo que sucedía con la Constitución de la Unión Soviética y de los países de detrás de la “Cortina de Hierro”. Proclamaban unos derechos que luego reprimían. El a.125 de la Constitución de la U.R.S.S. de 1.936 proclama: “a) La libertad de palabra; b) La libertad de prensa; c) La libertad de reunión y de manifestaciones públicas y d) La libertad de manifestarse y de hacer demostraciones en las calles”.  Nada de esto se cumplía. De igual manera dejará de cumplirse parcialmente el principio de libertad del ciudadano si se establece el voto obligatorio. También dejará de cumplirse parcialmente la participación política como derecho.

 

Dice con toda razón “El Nuevo Siglo” en su editorial del lunes 29 de septiembre 2.014 “La libertad de abstenerse hace, sin duda, parte del libre juego de la democracia”. Tiene toda la razón. “Estas manifestaciones de descontento o de indiferencia (la abstención, el voto en blanco o nulo) traducen frecuentemente la frustración del elector confrontado a una disyuntiva que se le impone y que él rechaza antes que someterse”. (Yves Meny, Politique Comparée, 5e Editión, p. 152) ¿Cómo es que no lo entienden algunos senadores liberales?

 

Ninguna de las grandes democracias que han contribuido  a la formación del derecho constitucional de occidente tiene voto obligatorio. Ni el Reino Unido, ni los Estados Unidos, ni Francia, para solo citar tres ejemplos bien relevantes. ¿Vamos a abandonar su ejemplo por acoger el de otros democráticamente menos calificados?

 

 Y una última observación:  la consagración del voto obligatorio contribuirá aún más a desprestigiar nuestro Estado de Derecho, pues esa prohibición será rey de burlas, ya que será imposible castigar al 30% de la ciudadanía que se abstenga, pues la experiencia indica que con esta fórmula antiliberal sólo se llega a un porcentaje de votación de este orden. Sólo en los regímenes totalitarios, vota el 99% de la gente.


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