Campaña presidencial: mas sumas que restas

Por: Augusto Reyes | Junio 16, 2014

Cuando hace mas de dos meses en el marco de la V Cumbre de comunicación política en Cartagena, advertí al finalizar mi exposición sobre la segura derrota de Oscar Iván Zuluaga y las razones por las que perdería la elección, no alcancé a imaginar los múltiples escenarios en los que se desenvolvería la campaña presidencial. Lo que parecía una aburrida campaña se convirtió en una batalla frontal sin precedentes.

Quedó muy claro que definitivamente el poder político electoral de Oscar Iván Zuluaga se llamaba Avaro Uribe y que sin él, el candidato ni siquiera hubiera pasado a segunda vuelta. Sin embargo, paradójicamente terminó siendo el mismo Uribe un factor negativo que polarizó y le restó a Zuluaga la oportunidad de penetrar audiencias nuevas que se conectaran con su mensaje y estilo, así no fuera muy auténtico y para nada contagioso.  Entretanto y luego de los resultados de primera vuelta, la campaña de Santos depura acertadamente el equipo estratégico, la reformulación del mensaje y los modos de operarlo concentrándose disciplinadamente en el marco conceptual de la paz que finalmente, no solo logra el éxito frente a la opinión pública sino que además le permite poner un punto de encuentro que le facilitó sumar alianzas determinantes que le permitieron tomarle ventaja a Zuluaga. Para quienes criticaban la pasividad de la campaña Santos en primera vuelta, no comprendían que la inversión de esfuerzos debía hacerse en segunda.

 

Preocupó el tono al que llegó en algún momento el debate entre Zuluaga y Santos marcado mas que por una campaña negativa, por una guerra sucia que fatigó como consecuencia a los electores en primera vuelta. Sin duda, la guerra sucia no paga, no sirve y debe ser proscrita de la escena electoral y de igual modo sus practicantes. Acertadamente la campaña Santos se distanció de cualquier provocación y por el contrario buscó conectarse de manera emocional con los electores y aunque demorados se encontraron con un bello accidente llamado Ana Mercedes Plata a pocos días de la elección, un recurso hábilmente aprovechado que a modo de storytelling dibujaba de forma natural la manera como el presidente se sintonizaba con la gente. Toda decisión de voto envuelve un elemento emocional y bajo este parámetro el video viral de Doña Ana Mercedes, la estrategia contagiosa de pintar la mano con la palabra paz (traída de la campaña por el NO a la revocatoria de Petro) y mezclar los sentimientos patrios por la selección en medio de una narrativa futbolística terminaron opacando los mensajes negativos y pesimistas de la campaña de Zuluaga y la sistemática pugna relatada en cada trino de Uribe.

 

El destino de Oscar Iván Zuluaga y sus alados  será el fortalecimiento del centro democrático como partido con miras a las próximas elecciones regionales del año entrante, en donde seguramente Zuluaga podía ser candidato a la gobernación de su adorada Caldas. Por los lados de Marta Lucía Ramírez anoche evidenció en su discurso que podría estar tomando distancia gradual de los lideres de su partido y entrando por la puerta grande en el centro democrático. Y Álvaro Uribe? pensando si se posesiona como senador o mejor comanda la oposición desde twitter.

 

Lo que viene será una prueba de fuego para Santos quien tendrá que  administrar hábilmente el reciprocité en función de cada alianza realizada, mientras pone acelerador para cumplir sus propósitos de paz aprovechando el respaldo electoral y del concierto internacional.  Políticamente tendrá el reto de sobrellevar una buena relación con el congreso y en especial con el senado, en donde muy seguramente tendrá una dura labor con la bancada del centro democrático y de manera fluctuante con miembros de otras bancadas como alianza verde y polo democrático que tendrán la lupa en asuntos de interés para su agenda y no se van a dejar marcar como unidad nacional.  Así mismo y en un reto no menor, Santos tendrá que manejar con guante de seda su relación palaciega con el vicepresidente German Vargas Lleras, quien a diferencia del actual vicepresidente tiene un peso y un ego político muy diferente.

 

Quien piense que Santos la tendrá fácil, esta equivocado. Si bien es cierto ayer contó con un respaldo a su agenda de paz las condiciones que se avecinan le exigirá sacar sus dotes de gran jugador de póker para sobrellavar varias cargas nada fáciles. El resultado final podrán ponerlo o no en el sitio de la historia que ha perseguido: ser reconocido como el presidente que logró la paz para Colombia.


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