El futuro de Brasil

Por: Jaime Acosta Puertas | @acostajaime | Abril 19, 2016

“Impeachment en Brasil es liderado por políticos corruptos”: New York Times.

El mundo celebró hace un mes cuando Brasil salió a las calles a protestar contra la corrupción. Se creía que era un movimiento limpio, independiente, estructurado desde las redes sociales, poco contaminado de la oposición política, aunque manipulado por los medios contradictores y abiertos opositores al gobierno. Los personajes, el juez Moro y un grupo de procuradores muy bien formados y desde hace años en la lucha contra la corrupción. Sin embargo, las pesquisas contra la Presidenta nunca lograron vincularla directamente con un hecho penal concreto, por eso el proceso de impeachment gira en torno a la supuesta manipulación de las cuentas fiscales del año 2014, práctica que ha sido común en gobiernos de ese y de otros países.


Pero, la razón ciudadana era contundente. Infinita corrupción en Petrobras, uno de los gigantes del petróleo mundial. Políticos y empresarios unidos en una red criminal inmensa agravada con la caída de los precios del petróleo. Entonces, coincidieron corrupción y crisis internacional de los commodities, por tanto, la economía entró en una fase de decrecimiento estimulada por una crisis de desconfianza ciudadana y del mercado, arriesgando los logros que lo convirtieron en modelo social de suceso mundial.


Por supuesto que la sal cayó primero en los gobiernos de Lula y de Dilma, por ser el PT agente principal del tráfico de corrupción entre empresas y política, pero el fenómeno es transversal al sistema político, y pronto quedó en evidencia que quienes pueden reemplazar a Dilma, están signados de corrupción: Temer y Cunha, o ligados a las manos negras de la dictadura, caso del diputado Bolsonaro. Entonces, la vacuna puede ser peor que el virus, pues es evidente que la clase política investigada penalmente, intentará obstruir la acción de la justicia. De esa manera, la negociación de la oposición apunta a la retoma del poder para neutralizar la acción de los jueces.


Ojalá estos no queden a un lado, porque el problema quedó en manos de los políticos, los cuales harán lo imposible para no ir a la cárcel. La protesta de la oposición ha mostrado al mundo que es por la retoma del poder, por ideología e intereses económicos, dejando caer la bandera contra la corrupción y la defensa de la democracia.


El acto de la Cámara de Diputados donde se votó el proceso de impeachment, fue vergonzoso. Los diputados debieron votar en silencio, no hablar 15 segundos para decir que lo hacían “por la verde amarilla, por su mujer, por su marido, por sus hijos, por sus padres, por sus abuelos, por sus hermanos, por sus amigos, por los vecinos, por Dios, por la virgen, por los santos, por el diablo, por sus amantes”. Espectáculo deplorable, cuando estaban decidiendo por la democracia y la moralización. Una profunda decepción política de una cultura humanamente maravillosa, aunque políticamente errada.
Brasil es esperanza y referente para América Latina. Potencia emergente. Por eso la crisis institucional y del sistema político es una crisis del Estado, y no puede superarse con más corrupción. La protesta social debe continuar e incrementarse, porque las instituciones, la política y la democracia están por encima de la economía.


La decisión de la Cámara de Diputados fue el principio, no el fin. La conciencia ciudadana puede reaparecer, obligar al Senado a no votar el impeachment, pactar una gobernabilidad sin abandonar el rescate institucional y dejando actuar a la justicia porque la polarización se torna funcional a la corrupción, proyectar el futuro político para el siguiente proceso electoral, y vivir plenamente con el mundo sus juegos olímpicos. Brasil precisa conversar (Drica Guzzi). Brasil no andará para atrás (Maya Messina). Usar narrativa de golpe no ayuda a Brasil a madurar políticamente (Carolina Ferrés) pero tampoco la narrativa del impeachment que ampara la corrupción. En red podemos todo (Liliam Silva).


Brasil tiene la oportunidad de mostrar porque puede ser una potencia que contribuya al equilibrio de la geopolítica global, a la distribución de factores geoestratégicos de desarrollo a escala planetaria, a la reinvención de la democracia y al enaltecimiento de la política. Debe salir a la rua contra la corrupción y por un mejor modelo de desarrollo, pero jamás contra la democracia, que no solo en Brasil sino en el mundo debe reinventarse ¿Cómo es posible un país con 25 partidos políticos? Democracia prostituida. Así está la “democracia representativa” en todas partes. Colombia tiene ¡12 partidos!. Estados Unidos tiene a un extrafalario disputando la presidencia. Perú, entre la herencia de una dictadura y un ortodoxo economista conservador de los años 1990.

 

Argentina, sale maltrecha del populismo de izquierda para refugiarse en el neoliberalismo del FMI y entregarse al juego geopolítico de Estados Unidos en el continente. Venezuela, irracional. Panamá y el Caribe, paraísos fiscales i–legales. Chile, sufriendo los efectos sistémicos de largo plazo de una economía extractiva. Ecuador contra la pared por la dolarización. Colombia logrando la paz pero desindustrializando, llena de corrupción y con el narcotráfico nuevamente escalando.


América Latina se encamina a otro siglo de atraso porque está encadenada a una idea de economía extractiva y de maquila, y en torno a ellas ha creado instituciones, débiles sistemas políticos, económicos y de ciencia, tecnología e innovación, desiguales y dependientes.


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