Qué pasará en el mundo en 2016

Por: El Confidencial | Enero 10, 2016

Rusia podría enfrentarse al año de los recortes; la economía seguirá siendo el principal dolor de cabeza para los gobernantes de China; la crisis de los refugiados marcará la agenda política en Alemania... Los colaboradores de la sección Mundo analizan las claves del año que comienza para augurar qué acarreará 2016 para Europa, Estados Unidos, Latinoamerica, Asia, África y Oriente Medio.

 

Argemino Barro, Nueva York


2016 determinará la agenda de Estados Unidos y el mundo. ¿Quién reemplazará a Barack Obama en la Casa Blanca?Los precandidatos, curtidos ya por varios meses de campaña, tendrán un año de infarto: otros siete debates republicanos y tres demócratas, las elecciones primarias por todo el país (especialmente los caucus de Iowa y New Hampshire, en febrero, y el “Supermartes” de marzo), las nominaciones de cada partido, en julio, tres debates, y el Día D: 8 de noviembre.

 

Podría ser la primera vez que una mujer, la demócrata Hillary Clinton, ocupe el despacho más importante del mundo. También hay elecciones para designar al nuevo secretario general de la ONU, en Nueva York. Una cuarta parte de los países miembros abogan por elegir, por primera vez, a una mujer.

 

Mientras, Barack Obama carga las últimas balas de su administración; ha comenzado el año decretando un mayor control de armas y le queda una buena lista de proyectos que apuntalar: el endeble pacto nuclear con Irán, el deshielo con Cuba, el lento cierre de la cárcel ilegal de Guantánamo, las medidas contra el cambio climático acordadas a nivel nacional y en la cumbre de París, y la reforma sanitaria, que tiene más escollos judiciales a la vista.

 

Todos estos planes, montados a espaldas de un Congreso conservador, dependen de las elecciones. Y de cara al exterior, prima Oriente Medio. El polvorín en torno a Siria se desenvuelve mucho más rápido que los análisis del presidente. Hay mucho en juego. También su legado.  

 

Antonio Martínez, Berlín


En Alemania, la crisis de los refugiados va a seguir marcando la agenda política en 2016. Berlín evita todo tipo de estimaciones -comenzó 2015 pronosticando unos 200.000 y llegaron en torno al millón- pero distintas instancias han calculado que podrían entrar unos 500.000 nuevos refugiados. Su acogida inicial -del alojamiento al colegio de los menores, pasando por la alimentación y la sanidad- y la tramitación de sus peticiones de asilo seguirán añadiendo presión a una Administración que trabaja ya al límite de sus posibilidades. Pero esa será la parte menos problemática para el Gobierno de Angela Merkel, que cuenta con capacidad financiera para afrontar estos gastos sin incurrir en déficit.

 

El problema es otro. Poco proclive a mostrar aristas y adoptar posturas contra corriente, Merkel se ha posicionado claramente en la crisis de los refugiados, levantando múltiples ampollas tanto en Alemania como en la UE. En su país, el principal problema proviene de los vociferantes críticos dentro de su partido y de sus aliados bávaros, los sectores más conservadores, que temen complicaciones con la integración de los recién llegados y la pérdida de las esencias culturales alemanas. Este fuego amigo -que algunos llegan a ver como posible causa de dimisión para Merkel está a su vez azuzado por el temor a que sigan ganando popularidad el partido ultraconservador y populista Alternativa para Alemania (AfD) y el movimiento islamófobo Pegida. Por el momento, el número de ataques a centros de refugiados sigue disparado.

 

Berlín tendrá además en su mesa un completo surtido de crisis exteriores que, por deseo expreso o de rebote, se han convertido en propias. Seguirá mediando entre Rusia y Ucrania por el conflicto en el Donbass, mantendrá tropas paracombatir al Estado Islámico (ISIS) y participará en las negociaciones de paz para Siria. Además, la canciller no podrá dejar tampoco de lado la eurozona, con Grecia a la cabeza. Aunque Francia e Italia, Portugal, y ahora también España, generan quebraderos de cabeza en Cancillería. Y luego está Reino Unido, al que Berlín considera un buen aliado y no quiere ver fuera de la UE, pese a que no está dispuesto a ceder ante sus pretensiones.

 

Javier C. Escalera, Moscú


La prioridad nacional de Rusia a partir de 2016 consiste en "afianzar el estatus de potencia mundial líder, mantener la estabilidad estratégica y relaciones en un mundo policéntrico" en el que ya no mandará solo EEUU. Así aparece reflejado en el último documento elaborado por el presidente ruso, que este año tiene que lidiar con un rublo y un barril de petróleo que valen la mitad que cuando volvió al Kremlin en 2012.

 

2016 puede ser el año de los recortes y las tensiones económicas entre rusos. El presupuesto de Moscú necesita un petróleo caro para sufragar los gastos, y pocos pronostican un alza en los precios del crudo a corto o medio plazo. El último día del año Vladimir Putin promulgó la nueva estrategia de la seguridad nacional del país. Hace unos meses, el mandatario avisó de que quería realizar cambios en dicho informe, que en realidad es un documento base de planificación del desarrollo del sistema de la seguridad nacional de Rusia. De ahí se establece que Moscú va a desafiar la "política de contención" que según el Gobierno se aplica a Rusia a través de la presión "política, económica, militar e informativa", según el documento.

 

Rusia seguirá intentando cortejar a países europeos: Grecia, Hungría y Serbia son los mejores ejemplos. La factura de la guerra de Siria puede dispararse si durante este año no se consigue hacer retroceder a los combatientes del Estado Islámico. Si lo logra, Putin saldrá reforzado: en ese caso las sanciones, sobre todo las europeas, podían levantarse.

 

2016 es también año de elecciones legislativas en Rusia. Las de 2011 fueron muy contestadas por las acusaciones de fraude. En las votaciones de final de año se verá si la oposición extraparlamentaria actual ha convencido a las clases medias para que les den presencia institucional. O si son las clases bajas las que se rebelan ante la mala situación económica.

 

Eduard Fernández, Pekín

 

Sin duda, la economía se convertirá en el principal dolor de cabeza de los gobernantes chinos en 2016. El crecimiento del PIB en 2015 podría situarse alrededor del 7%, su nivel más bajo en 25 años, y el gobierno ya ha empezado a calificar de “nueva normalidad” esta ralentización. Se trata del precio a pagar por la reconversión hacia una economía más sostenible, basada en el consumo.

 

Sin embargo, la reducción del sector manufacturero y las reformas en las gigantescas empresas estatales pueden suponer una fuente de inestabilidad social en 2016. A finales de diciembre China ya detuvo a siete líderes sindicalistas en la provincia meridional de Guangdong, uno de los principales centros industriales nacionales. La ONG de Hong Kong China Labour Bulletin ha registrado 2.694 disputas laborales a lo largo de 2015, un número muy superior a los 1.379 incidentes de 2014.

 

No se trata del único foco de malestar en la población. Tres grandes incidentes han puesto en tela de juicio la efectividad de los reguladores chinos en 2015: una mortal estampida de personas durante la celebración del pasado Año Nuevo en Shangai, la espectacular explosión en un almacén con materiales tóxicos en Tianjin y la reciente avalancha de deshechos de construcción y tierra en Shenzhen. En 2016, cualquier nuevo desastre provocados por acciones humanas en China será visto como otro revés a la “sociedad armoniosa” propugnada por el Partido Comunista de China (PCC).

 

En el plano internacional, China seguirá expandiendo su influencia alrededor del mundo, gracias a su músculo financiero. El nuevo Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras, impulsado por el gobierno chino, fue inaugurado a finales de diciembre, y es la respuesta de Pekín a organismos internacionales como el Banco Mundial o el Banco Asiático de Desarollo. Un total de 57 países se han sumado a la iniciativa, incluida España y otros estados europeos.

 

A su vez, la segunda potencia mundial ha creado un fondo para invertir, durante los próximos años, 40.000 millones de dólares en su iniciativa para construir una nueva ruta de la seda. El proyecto aspira a conectar China con Europa a través de Asia Central, por tierra, y África, por vía marítima.

 

Pese a ello, el gigante asiático es visto con recelo por algunos de sus vecinos, y las tensiones por las distintas disputas territoriales marítimas pueden aumentar en 2016. China ha acelerado durante el último año la construcción de islas artificiales en distintos islotes del Mar Meridional de China, reclamados por varios países del sudeste asiático. Un destructor de Estados Unidos ya ha patrullado al menos una vez por la zona para “garantizar la libertad de navegación”, pese a las amenazas del bando chino, y Washington ha prometido seguir realizando este tipo de operaciones en 2016.

 

Y, a nivel doméstico, la campaña contra la corrupción en el PCC probablemente siga cobrándose víctimas en todos los niveles de la administración. El presidente chino, Xi Jinping, es ya percibido como uno de los líderes más poderosos del gigante asiático desde Mao Zedong, gracias a su rápida consolidación en el poder y sus ataques a cualquier voz crítica, tanto dentro como fuera del PCC.

 

El pasado octubre, el partido emitió nuevas regulaciones disciplinarias que prohiben que sus miembros realicen cualquier tipo de “comentario sin fundamento” sobre políticas gubernamentales. A su vez, durante el último año, el régimen ha redoblado su presión contra todo tipo de voces críticas, como periodistas, abogados de derechos humanos, activistas y miembros de ONGs. Todo parece indicar que el cerco a la sociedad civil seguirá estrechándose durante el próximo año.

 

Finalmente, en 2016 se cumplirá el cincuenta aniversario del inicio de la Revolución Cultural, una caótica década marcada por el extremismo y las purgas ideológicas, iniciada por Mao Zedong junto varios a miembros de la ala más izquierdista del PCC. El recuerdo de la efeméride revelará la actual postura del gobierno respecto al complejo legado del Gran Timonel, cuyo retrato sigue presidiendo la plaza de Tian'anmen.

 

Irene Savio, Roma


De una manera discreta pero determinada, la Italia de Matteo Renzi ha intensificado en los últimos meses sus actividades diplomáticas en el tablero internacional. El objetivo: reforzar su influencia en las zonas donde el país tiene intereses económicos o una presencia histórica. Un ejemplo es la reciente misión de empresarios italianos que viajó hasta Irán, en momentos en los que la relación entre el país persa y EEUU se ha distendido. De ahí que no deba sorprender la visita que efectuará a finales de enero próximo el presidente iraní, Hassan Rouhani, a Roma. Y que, ese mismo mes, Italia también llevará a cabo una importante reunión sobre el Estado Islámico en la capital italiana, después de que se celebrara en diciembre pasado una cumbre -a la que también asistió John Kerry- para impulsar el acuerdo para un Gobierno de Unidad Nacional para Libia, país en el que ENI controla importantes yacimientos petroleros. Asimismo, es previsible que Renzi continúe en su actividad de rehabilitación de Rusia ante la Unión Europea, organismo al que ya ha pedido indirectamente revisar las sanciones impuestas a Moscú

 

En cambio, a nivel de política nacional y europea, una importante cita serán las elecciones administrativas de la próxima primavera, en las que no solo se medirá la popularidad de Renzi, sino también si los partidos más extremistas han logrado capitalizar el miedo originado de los atentados de París. Un período que, con toda probabilidad, será precedido por una guerra fratricida dentro de la mayoría de los partidos, incluso el Movimiento Cinco Estrellas (M5E) de Beppe Grillo, el cual también recientemente ha expulsado a diversos miembros.

 

En cuanto al Vaticano, entre enero y febrero se reanudará el juicio sobre Vatileaks 2, en el que están enjuiciado también un monseñor español y dos periodistas. Además de ello, es previsible que se anuncien nuevas reformas para reorganizar la maquinaria central de la Santa Sede y salgan a la luz documentos que sinteticen las nuevas posturas vaticanas sobre temas como el divorcio y los homosexuales. También ha sido confirmado el viaje del Papa Francisco en febrero a México y, según informó el presidente ucraniano Petro Poroshensko, otro se llevará a cabo en Ucrania, en una fecha no establecida aún.

 

Valeria Saccone, Rio de Janeiro


2016 es un año crucial para Brasil. En lo político, la Cámara de Diputados tendrá que resolver si admite a trámite lapetición de impeachment, que pende sobre la cabeza de Dilma Rousseff como una espada de Damocles. Todo apunta a que la solución podría llegar en marzo, después del verano tropical. Mientras, y a pesar del receso parlamentario, el panorama político debe quedar muy convulsionado, con intentos de alianzas de última hora tanto por el lado del Gobierno como en la oposición.

 

En lo económico, Brasil enfrenta la peor coyuntura de la última década. 2015 cierra con unos datos macroeconómicos decepcionantes. La inflación está por encima del 10% y los tipos de interés sobre la deuda de las tarjetas de créditosrondan el 400%. El paro también se ha disparado alcanzando el 8,4%, una cifra muy por debajo de los récords de España, y que sin embargo preocupa mucho a los expertos. El Gobierno de Dilma Rousseff tendrá que seguir en la senda de la austeridad y de las medidas de corrección para contener la inflación y equilibrar la balanza comercial, en un escenario internacional de bajos precios de las materias primas.

 

La celebración de los Juegos Olímpicos, entre el 5 y el 21 agosto, difícilmente contribuirá a mejorar este escenario. Se calcula que Rio 2016 costará 36.500 millones de reales (8.690 millones de euros). Pero la mayoría de las inversiones ya han sido realizadas y el impacto económico que tendrán los 6,5 millones de turistas que el Ministerio de Turismo espera para todo 2016, aprovechando el tirón del macro-evento deportivo, no conseguirá paliar los graves desequilibrios de la mayor economía de América Latina.

 

Celia Maza, Londres

 

Éste podría ser el año en el que el Reino Unido abandonase la Unión Europea (UE). El premier David Cameron se había comprometido a convocar un referéndum sobre la permanencia en el Bloque antes de que finalizara 2017. Sin embargo, quiere forzar ahora un acuerdo con los líderes europeos el próximo mes de febrero, lo que le permitiría realizar la consulta en junio o julio. El líder tory teme que la crisis migratoria prevista para verano agrave aún más el recelo que se vive en la calle. El 40% de los británicos quiere salir de la UE. Y el euroescepticismo también marca al Partido Conservador. Ante las amenazas de dimisión, Cameron se ha visto obligado a dar libertad a sus ministros para que puedan hacer campaña a favor o en contra de la permanencia.

 

Las reformas exigidas por Londres a Bruselas pasan por asegurar la protección de los países que no están en la eurozona, impulsar el libre comercio, eximir al Reino Unido del principio de “una unión cada vez más estrecha” y, la más polémica, obligar a los europeos que quieran residir en el país a trabajar y pagar impuestos durante un periodo de cuatro años antes de acceder a las ayudas estatales.

 

Por su parte, la ministra principal de Escocia, Nicola Sturgeon, ha advertido de que será "inevitable" que haya otroreferéndum de independencia en Escocia si el Reino Unido abandona la UE. En el histórico plebiscito de septiembre de 2014, el 55% del electorado escocés abogó por seguir manteniendo el cordón umbilical con Londres. Los nacionalistas escoceses no han incluido otra consulta en su programa para los comicios regionales de mayo. Sin embargo, aseguran que una salida del Bloque sería un escenario de excepción para celebrar otro plebiscito. A pesar de no lograr su objetivo independentista, la popularidad del SNP está en su cota más alta y todos los sondeos auguran que esta primavera conseguirán sin problemas un tercer mandato en el parlamento de Edimburgo. Las elecciones nacionales del año pasado ya sirvieron para ratificar su fuerza. La formación consiguió un avance abrumador al obtener 56 de los 59 escaños que Escocia tiene asignados en Westminster.

 

Alicia Hernández, Caracas

 

El país afronta el nuevo año con el mismo reto de 2015: superar la crisis económica, con una inflación no oficial de más del 200%, una escasez de la que tampoco se saben cifras pero que es evidente en los mercados y farmacias, una producción nacional por los suelos y una dependencia presupuestaria de la exportación de petróleo que ve sus horas bajas con la caída del precio del crudo a nivel mundial.


Mismos problemas con un nuevo escenario, la recién instaurada Asamblea Nacional. Por primera vez desde que el chavismo llegó al poder en 1998, la oposición ha ganado por esta cámara. Esto no significa un viraje inmediato del país. El Parlamento lo controla la Mesa de la Unidad (MUD) pero el Ejecutivo sigue en manos del chavismo, con el presidente Nicolás Maduro a la cabeza. Éste tiene la potestad de frenar las leyes emanadas del hemiciclo o derivarlas a la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia. Sólo mencionando esta traba, es de imaginarse que habrá grandes dificultades para avanzar y tomar los cambios que el país necesita.


¿Habrá focos de violencia en Venezuela este año? Es difícil de predecir. Lo que sí parece más viable es que, de sucederse, sea en los sectores pro oficialistas, bien porque ataquen a su propio Gobierno para retomar “el camino de Chávez” (lo que ellos consideran su legado), bien para atacar a la Mesa de la Unidad por posibles reformas que quieran hacer en la Asamblea Nacional. También podría ocurrir de modo espontáneo en las calles, por molestias derivadas de las colas frente a los supermercados y la escasez, algo que ya ha sucedido en contadas ocasiones en 2015. Predecir si estos focos de violencia pueden alcanzar todo el país, es tan complicado como querer predecir la lluvia en el Caribe. 

 

Paula Rosas, París


La amenaza terrorista en suelo francés, el endurecimiento de las herramientas del Estado para combatirlo y los ataques militares a los núcleos del ISIS en Siria en Irak seguirá siendo, sin duda, uno de los temas centrales de la actualidad francesa este año, tras un sangriento 2015. El terrorismo es, junto al paro, una de las principales preocupaciones de los franceses, conscientes de que la posibilidad de nuevos atentados es muy alta.

 

No se descarta que el estado de emergencia que declaró el presidente François Hollande tras los ataques del pasado noviembre y que la Asamblea Nacional prolongó hasta finales de febrero se acabe extendiendo hasta la celebración de la Eurocopa este verano, un importante reto de seguridad para las fuerzas del orden y la gran cita internacional prevista en Francia en 2016.

 

Si 2015 ha sido un año cargado de encuentros con las urnas, una de las palabras clave en la escena política este año será “primarias”. La derecha y el centro eligen candidato para las presidenciales de 2017 y Nicolas Sarkozy, que se las prometía muy felices, empieza a notar en la nuca el aliento de otros candidatos como Alain Juppé. La sombra de la ultraderechista Marine Le Pen seguirá planeando sobre la política francesa.

 

Irene Savio, Roma


En los siempre inestables Balcanes, habrá que vigilar Kosovo, donde el Gobierno y tres partidos de oposición mantienen una aguerrida pelea sobre un acuerdo con Serbia -forzado por la UE- para establecer una comunidad de municipios serbios en el norte de Kosovo. La disputa, que continúa desde agosto, ya ha provocado una violenta protesta en Pristina y a la detención de una decena de parlamentarios opositores por haber reiteradamente arrojado gases lacrimógenos en el Congreso. En Bosnia, en cambio, una incógnita es cómo acabará el órdago lanzado por los secesionistas líderes de República Srpska, que reiteradamente han amenazado con querer separarse de Bosnia y Herzegovina, a causa de las disyunciones provocadas por Dayton (1995).

 

Asimismo, también será interesante observar cómo avanza el proceso de integración en la UE de Serbia, Kosovo y Montenegro y, en el caso de este último país, también en la OTAN, asunto que ya ha provocado el malhumor de Rusia. Esto, mientras todavía no se conocen las consecuencias del eventual regreso de los yihadistas balcánicos que han viajado hasta países en guerra, como Siria e Irak. En el caso de Croacia y Eslovenia, los dos únicos países exyugoslavos que están en la UE, un tema sobre la mesa será el caos y la inestabilidad política provocada indirectamente por la ola de migrantes que pasa por sus territorios desde el otoño, lo que ya ha tenido repercusiones sobre Serbia.

 

Alicia Arena Alamillos, El Cairo


Occidente centra su atención en el mediático terrorismo del Daesh en Irak y Siria, lleno de calculados giros y golpes de efecto. Y sin embargo, es Boko Haram, grupo yihadista nigeriano, quien se cobró el mayor número de víctimas civiles en 2015. Ni unos pocos europeos ni turistas, sino ciudadanos de pueblos enteros. En 2015 Boko Haram, cuyo nombre puede ser traducido como "la educación occidental es pecado", formalizó su alianza con el Daesh, inaugurando su autoproclamada "Provincia de África Occidental" del califato global que proclama el grupo terrorista liderado por Abu Bakr al Bagdadi.

 

Además, golpeó por primera vez fuera de Nigeria, demostrando que su capacidad de llevar a cabo atentados alcanza también a sus vecinos Camerún o Níger. Pese a los avances de la fuerza militar conjunta, parece probable que Boko Haram continúe con sus ataques en África Occidental.

 


De hecho, tres de los cinco grupos terroristas con mayores víctimas en 2015 son africanos, según el "Índice de Terrorismo Global": Boko Haram, milicianos de la etnia fulani también en Nigeria y Al Shabab en Somalia. A estos, las autoridades africanas añaden Al Qaeda en el Magreb Islámico o restos de antiguas milicias en la zona de los Grandes Lagos como principales motivos para la creación de Afripol, un cuerpo policial coordinado que comenzará sus operaciones en 2016. Con sede en Argelia, este organismo pretende operar con inteligencia compartida a lo largo de todo el continente para cortar con las fuentes de financiación de estos grupos terroristas, que van desde el tráfico ilegal de armas, de marfil, petróleo o drogas.

 


La Afripol buscará también hacer frente al avance de grupos afines al autodenominado Estado Islámico en Libia, un país sin gobierno efectivo. Pese al último acuerdo para crear un gobierno de unidad en el país norteafricano, quizá sea ya demasiado tarde para controlar a los yihadistas libios. Algunos analistas locales advierten de que Sirte, una de las principales ciudades libias, podría convertirse en una nueva capital del "califato islámico" del Daesh.


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