2016 podría ser un año de grandes procesos políticos en Cuba, pero...

Por: Ignacio Isla. La Habana / El Confidencial | Diciembre 28, 2015

Una mesa en un café y quince minutos de charla bastan a Alfonso Larrea Barroso para esbozarle a su interlocutor la idea de futuro que tiene para Cuba. En ella ocupan un lugar protagónico emprendimientos como Scenius, la cooperativa de servicios financieros de la que es cofundador y director general, y que a la vuelta de un año se ha convertido en una de las compañías de su tipo más exitosas en el país.

Una mesa en un café y quince minutos de charla bastan a Alfonso Larrea Barroso para esbozarle a su interlocutor la idea de futuro que tiene para Cuba. En ella ocupan un lugar protagónico emprendimientos como Scenius, la cooperativa de servicios financieros de la que es cofundador y director general, y que a la vuelta de un año se ha convertido en una de las compañías de su tipo más exitosas en el país. “En solo unos meses hemos multiplicado unas ochenta veces nuestros ingresos (de unos cien mil pesos a más de ocho millones); eso, trabajando exclusivamente para entidades estatales y sin haber incursionado en la exportación de servicios, un campo en el que Cuba pudiera convertirse en la nación líder dentro del área”.

 

Para un neófito pareciera una utopía, pero conocedores de la realidad antillana aseguran que una visión así no tendría nada de descabellada e incluso pudiera calificarse como conservadora. Y es que en los últimos dos años una verdadera avalancha de inversionistas se ha lanzado sobre la Isla, motivada por las primicias de un ámbito hasta hace poco vedado y en el que se conjugan dos elementos sumamente atractivos: alta calificación profesional y bajos salarios.

 

Mientras bebe otra soda, Larrea lo pone en términos más “tangibles”, apuntalados por su larga experiencia trabajando en distintas instituciones gubernamentales. “Nuestro país está lleno de excelentes especialistas; el único problema es que el salario que perciben no les alcanza para satisfacer sus necesidades. Ahí ha estado una de las claves para el éxito de Scenius: además de la calidad en los servicios hemos defendido la premisa de pagar a nuestros miembros los mayores salarios posibles. 'Nadie en Cuba puede vivir con menos de 100 CUC (cerca de 100 dólares)', nos dijimos. 'Bueno, pues de ahí en adelante deben ser nuestros pagos'”.

 

De lo acertado de sus presupuestos da fe la rápida expansión de la cooperativa, que ya realiza operaciones en varias provincias del interior y comienza a ser presencia habitual en foros organizados en puntos geográficos que hasta hace muy poco hubieran resultado inimaginables para un empresario nacional, como Washington DC.

 

“Internamente la parálisis es grande. Durante 2015 no se legalizó ni una sola cooperativa más, no abrieron nuevas modalidades de trabajo autónomo, los mercados mayoristas brillaron por su ausencia y la tan reclamada unificación monetaria sigue engavetada”. La afirmación corresponde a Fernando Ravsberg, un periodista uruguayo asentado en La Habana desde hace dos décadas y autor de uno de los blogs más avisados en torno a la realidad local, "Cartas desde Cuba".

 

A su juicio, 2016 será el año decisivo para “actualización económica” emprendida por el presidente Raúl Castro. “Cualquier cambio de fondo en el modelo será mucho más difícil de realizar por sus sucesores. Los 'históricos' (Fidel Castro y su hermano) no solos son los padres fundadores de la Revolución, son además los creadores del modelo y ambas cosas les dan la autoridad política para cambiarlo”. Una autoridad tal no se extiende a ninguno de los posibles candidatos a asumir el cargo de Primer Secretario del Partido Comunista, el próximo abril, o la presidencia conjunta de los consejos de Estado y Gobierno, casi dos años después.

 

Un cambio a dos velocidades

Ante la complejidad del traspaso de poderes y la difícil coyuntura internacional (problemas en países aliados como Venezuela o los bajos precios del petróleo, entre otros), La Habana ha ralentizado su proceso de apertura económica, sobre todo en cuanto a la pequeña y mediana propiedad privada, y a la repatriación de capitales por parte de ciudadanos cubanos residentes en el exterior. En contraposición se ha apostado por atraer agrandes consorcios paragubernamentales de países afines, como China, Rusia y Vietnam, que mantienen posiciones de liderazgo en campos como la producción industrial, la prospección y explotación minera, y los cultivos a gran escala.

 

“Yo creo que, en el fondo, lo que quiere el gobierno es que la gente se mantenga trabajando para él; por eso pone tantas trabas para hacer negocios, no acaba de abrir los tan mentados mercados mayoristas y mantiene la inmensa cantidad de trámites que se deben hacer para cualquier cosa”, considera Alberto, un joven emprendedor que junto a dos amigos regenta un negocio de servicios electrónicos.

 

Allí, lo mismo reparan celulares y computadoras que los venden íntegramente o por piezas. “Entrar todo lo necesario es un dolor de cabeza constante, porque no contamos con licencia de importación ni forma de conseguirla [el Ministerio de Comercio Exterior solo las otorga a un reducido número de instituciones estatales]. Cuando te llega el inspector y no puede 'cogerte' por nada, se 'tira' para saber de donde sacaste las piezas o como entraste al país los celulares. ¿Qué le vas a decir? Aunque te las hayan comprado de forma legal en otro país, eso no importa. El sistema está pensado de forma que tengas que cometer el delito, para cuando sea necesario poder sancionarte”.

 

“A veces uno pensaría que quienes toman las decisiones no saben lo que hacen o que son contrarrevolucionarios”, lamenta Walter Siso Lavín, un viejo trabajador gastronómico que de la noche a la mañana se vio convertido en cooperativista, al amparo de una resolución de la empresa en la que hasta entonces había trabajado. “Luce sencillo eso de pasar una cafetería del Estado a la 'forma de gestión cooperativa', como le dicen. Pero sin la capacitación necesaria, sin estar incluidos en el plan de la economía y por tanto poder comprar a precios diferenciados, era cuestión de tiempo antes de que empezáramos a tener problemas. De lo demás no le cuento. Al final, varios de los socios fundadores nos fuimos, y los que se quedaron son casi empleados de uno que entró después con dinero y en la práctica es el dueño del negocio”.

 

Sin embargo, y a pesar de las trabas que aún existen, el sector no estatal crece a ritmos que superan las dinámicas esperadas por el gobierno y pautadas por analistas dentro y fuera de la Isla. Los mayores éxitos se reportan en los servicios, sobre todo hospedajes turísticos y gastronomía: por ejemplo, ya funcionan más de 1.400 paladares (restaurantes).

 

El 'cuentapropismo', la clave del crecimiento

Llevado al campo de las estadísticas el ascenso resulta apreciable. En un par de años los llamados “cuentapropistas” (trabajadores privados) han pasado de poco más de 300 mil a cerca de medio millón, y de acuerdo con las expectativas de la Oficina Nacional de la Administración Tributaria, antes de que concluya la actual legislatura (en febrero de 2018) su número rondaría el millón (la quinta parte de la fuerza laboral).

 

Se trata de un proceso lógico, considera un especialista de esa institución consultado por El Confidencial. “Es raro el negocio particular en el que sus trabajadores cobren menos de cincuenta pesos diarios. Mientras, en el ámbito estatal, el salario promedio gira en torno a los 600 pesos mensuales (unos 25 por jornada). Es cierto que 'en la calle' se tiene menos seguridad a la hora de enfrentar problemas de salud o en cuanto a estabilidad laboral, pero esos asuntos son secundarios para buena parte de la población. Lo cierto es que el trabajo por cuenta propia ha llegado para quedarse, y más a causa de la tendencia que tienen muchos dueños de negocio a continuar incrementando los pagos con el objetivo de asegurarse los trabajadores más cualificados”.

 

La normalización de las relaciones entre La Habana y Washington parece ser la pieza que faltaba a la pretendida revitalización económica de la Isla. En ese proceso Cuba pudiera evolucionar hacia un papel similar al que cumplen naciones como India y México, donde millones de trabajadores conforman la infraestructura de servicios de los Estados Unidos. Aunque será un cambio que tomará años, el hecho de que numerosos profesionales ya encuentren trabajo como subcontratados de empresas extranjeras perfila un camino que en el futuro cercano pudiera transitar la economía antillana en su conjunto.

 

Para Alfonso Larrea aquel sería el punto de destino ideal. “Estamos en un contexto geográfico inmejorable y con una población muy preparada [más del 10% de los habitantes cuenta con enseñanza universitaria]. Solo es cuestión de tiempo para que esos elementos se conjuguen y comiencen a revertirse en beneficios para ambas naciones”.


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