Macri toma posesión excluyendo a Venezuela del Mercosur

Por: El Confidencial | Diciembre 10, 2015

La llegada de Macri a la Casa Rosada anuncia la derechización del panorama político en América. El mandatario anuncia su intención de excluir a Venezuela de Mercosur y acercarse a EEUU y Europa.

Será una extraña ceremonia de traspaso del poder. Tras un intenso rifirafe entre la presidenta saliente, Cristina Fernández Kirchner, y el mandatario entrante, Mauricio Macri, aquélla decidió no asistir a la toma de posesión, después de que Macri interpusiera una demanda judicial para que su mandato cesase en la medianoche del miércoles y no en el momento de la jura el jueves, como marca la Constitución.

 

El motivo: no se ponían de acuerdo sobre el lugar y el tono de la ceremonia de traspaso. Un ejemplo más del enfrentamiento ydivisión de la sociedad argentina, que el discurso conciliador de Cambiemos -la alianza con la que Macri ganó las elecciones- no ha podido ocultar.

 

Sea como fuere, hoy a las 11 horas (las 15.00 en España), Macri será proclamado presidente de la República Argentina, después de doce años de kirchnerismo. Se prevé un cambio de época que se dejará ver en la forma y el contenido de las políticas, pero hasta ahora la sensación es de incertidumbre.

 

Macri ha preferido no aclarar las políticas económicas que implementará, más allá de la promesa de acabar con el cepo cambiario y liberar la compra de dólares: si dijo en campaña que la liberaría el mismo 11 de diciembre, ahora se ha mostrado más prudente, a la espera de acumular los dólares que impidan una debacle de la cotización del peso.

 

En medio de tanta incertidumbre y de la ambigua plasticidad de su discurso, propia de las nuevas derechas “desideologizadas” de inspiración empresarial que despuntan en toda la región -y que encuentran en España el paralelismo con Ciudadanos-, Macri solo ha sido claro, incluso contundente, en lo que concierne a la política exterior.

 

Tal vez porque, como argumenta el periodista Federico Vázquez desde la edición argentina de 'Le Monde Diplomatique', eso le permite dejar clara la impronta conservadora de su Gobierno “sin pagar mayores costos internos” -no se puede permitir el lujo de cuestionar las políticas asistencialistas de redistribución de la renta o la muy popular estatización de YPF-, al tiempo que da “señales inequívocas a ciertas potencias mundiales y círculos de poder financiero” sobre el lugar que ocupará la Argentina los próximos años, más cerca de los intereses de Estados Unidos y Europa.

 

El posicionamiento de Macri en política regional, incluso antes de asumir, ha sorprendido a propios y extraños: quiere aprovechar la próxima cumbre delMercosur, que se celebrará en Paraguay el próximo 21 de diciembre, paraexpulsar a Venezuela de la organización aplicando la llamada “cláusula democrática”.

 

La mandataria brasileña, Dilma Rousseff, no tardó en reaccionar desde la Cumbre del Clima de París: esa cláusula “no puede usarse en base a hipótesis, sino a hechos calificados”, y no puede probarse que en Venezuela se haya dado una “ruptura del orden democrático”. El argumento de Macri es que existen en Venezuela presos políticos, como Leopoldo López, dondenado a 13 años de prisión por incitación a la violencia durante protestas contra el presidente Nicolás Maduro. Sea como fuere, pocos días después, la contundente victoria opositora en los comicios legislativos no dejaba dudas sobre la transparencia del proceso electoral.

 

Cambio de ciclo político

La victoria de Macri es una pésima noticia para las izquierdas latinoamericanas que permanecen en el poder, pero que enfrentan un nuevo ciclo político repleto de desafíos: un contexto económico desfavorable, que evidencia los impactos de la crisis y la bajada de los precios de las 'commodities', y una pérdida de legitimidad social de estos gobiernos.

 

Es el caso de la mandataria brasileña, Dilma Rousseff, que se enfrenta a una petición de 'impeachment' por supuestas maniobras contables, y se encuentra, desde su reelección en 2014, cada vez más acorralada por un Congreso dividido y corrupto.

 

Mientras, los movimientos sociales que ayudaron a Rousseff a lograr su reelección están poco motivados para apoyar a la mandataria del Partido de los Trabajadores (PT), que lleva un año implementando políticas de ajuste neoliberal. “Si este Gobierno quiere que lo defiendan en la calle nos tiene que dar razones para hacerlo”, argumenta Guilherme Boulos, dirigente del Movimiento de los Trabajadores Sin Techo (MTST) y figura ascendente de la izquierda.

 

En Ecuador, la ruptura entre Rafael Correa y la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE) es cada vez más evidente. La tensión se evidenció cuando, a primeros de diciembre, miembros de la Conaie y otros movimientos se manifestaron ante la Asamblea Nacional contra Correa por causa de las enmiendas a la Constitución que supondrán, además de la supresión de impedimentos a la reelección del presidente y otros cargos de elección popular, la inclusión de la “seguridad integral del Estado” entre las funciones de las Fuerzas Armadas y la modificación del rol de la Contraloría General del Estado; para los movimientos sociales, esto redundará en una legalización de la represión y en una pérdida de capacidad de la Contraloría para fiscalizar el funcionamiento de las instituciones. La Conaie denunció que fueron “violentamente reprimidos” por la policía anti-disturbios y exigió la “inmediata liberación en bloque” de 17 manifestantes detenidos.

 

Nicolás Maduro, por su parte, enfrenta vientos difíciles en Venezuela tras lacontundente victoria opositora en las elecciones legislativas del pasado domingo. Los venezolanos, que están llamados de nuevo a las urnas en 2016, han castigado al oficialismo por la difícil situación de inflación y escasez que vive el país desde hace meses. Para algunos, es el principio del fin del chavismo; para otros, una oportunidad para repensar el “socialismo del siglo XXI”.

 

De Mercosur a la Alianza del Pacífico

Una pregunta central es qué consecuencias tendrán estos cambios de fuerzas en el sostenimiento de los gobiernos “progresistas” que permanecen en pie. Entre el desprestigio de unos y la debilidad de otros, América Latina parece haberse quedado sin un líder que guíe el proceso.

 

La situación es muy diferente de apenas una década atrás, cuando si algo no faltaban eran líderes carismáticos para las izquierdas: el venezolano Hugo Chávez, el argentinoNéstor Kirchner, el brasileño Inácio Lula da Silva. Chávez y Kirchner fueron los artífices del no al ALCA -el intento de los Estados Unidos por consolidar un área de libre comercio en la región- y de los avances en la construcción de una integración regional independiente de Washington, con nuevas instituciones como la Unasur (Unión de Naciones Suramericanas) y la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños).

 

Desaparecidos ambos, con una Rousseff contra las cuerdas, un Correa deslegitimado por sus bases de antaño y un Maduro incapaz de recuperar el entusiasmo que un día despertó el chavismo entre las izquierdas, el bolivianoEvo Morales es, posiblemente, el representante del proceso político progresista de mayor éxito y consolidación en la región, pero es difícil concebir que sea el país más empobrecido de América del Sur el que guíe ese proceso de la Patria Grande latinoamericana que, a día de hoy, parece haberse quedado huérfano.

 

Es, al mismo tiempo, para consolidar la otra alianza que, de forma más silenciosa, se ha constituido en América Latina en los últimos años: la Alianza del Pacífico, que representa un tercio del PIB de América Latina -la integran México, Colombia, Perú y Chile- y propone una confluencia de economías abiertas que han firmado tratados de libre comercio (TLC) bilaterales con Estados Unidos. Si Argentina fue siempre, junto a Brasil, el motor de la integración regional hacia dentro que propone el Mercosur, un giro de la Casa Rosada hacia la Alianza del Pacífico puede ser determinante para el futuro de América Latina. 


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