Argentina decide su futuro

Por: El Confidencial | Noviembre 22, 2015

Las encuestas dan cierta ventaja al candidato opositor Mauricio Macri. El oficialista Daniel Scioli asegura que si gana su rival, el país regresará a las duras políticas neoliberales de los años 90.

El 25 de octubre fue el punto de ruptura. Hasta ese momento, todas las encuestas daban como ganador al oficialista Daniel Scioli, del peronista Frente para la Victoria (FpV). Pero en esa primera vuelta, aunque Scioli ganó, el margen que lo separaba del conservador Mauricio Macri (PRO, Alianza Cambiemos) fue mucho más estrecho de lo esperado por propios y ajenos; más aún: el peronismo perdió su bastión electoral, la provincia de Buenos Aires, hasta ahora gobernada por Scioli. Así que la campaña electoral estaba llamada a cambiar de tono, y lo hizo. 

 

Scioli pasó de un estilo propositivo y poco confrontativo, a un mensaje claro y repetido hasta la saciedad en el debate televisivo del domingo pasado: la machacona idea de que una victoria de Macri supondría una vuelta al ajuste neoliberal de los años 90, ese que dejó en la Argentina pobreza, desigualdad y a la crisis social, económica y política que estalló a fines de 2001.

 

Si en la primera vuelta la estrategia de Scioli, acertada o no, fue dar muestras de su talante moderado, separándose del estilo combativo del kirchnerismo y adoptando un discurso no muy diferente del de sus oponentes -seguridad para los inversores y fin de los gestos populistas-, en esta segunda vuelta parecía decidido a recuperar ese 54% de los votos que en 2010 obtuvo Cristina Fernández de Kirchner.

 

Para ello, ha agitado la bandera del miedo a Macri, que se identifica en su relato –y en el de amplios sectores de la izquierda y el centro-izquierda- con el ajuste neoliberal, mientras un Scioli que hasta entonces había intentado marcar distancias con el kirchnerismo, hoy subraya más bien lo que le diferencia de Macri.

 

Puede ser esa la clave de unas elecciones en que, aunque las encuestas dan como ganador a Macri, el resultado se prevé reñido. Scioli quiso ganarse a los votantes moderados en primera vuelta, mientras en las últimas cuatro semanas ha querido acercarse a los votantes de izquierda que están dispuestos a votar en blanco -la abstención no es, en principio, una opción, pues el voto es obligatorio en Argentina- porque consideran que los dos adversarios que se enfrentan en el balotaje son la misma cosa: los dos son de derechas, como demostraría el pasado de Scioli, que participó del gobierno del peronista Carlos Menem, hacedor de las brutales políticas de ajuste de los 90.

 

¿Son o no son lo mismo? Eso es lo que se pregunta el economista Ezequiel Adamovsky en un artículo que pretende dar argumentos a esos votantes de izquierdas, y en el que concluye que se parecen mucho, pero hay diferencias. Probablemente, los dos emprenderán un ajuste, pero si es Macri el que accede a la Casa Rosada, será en un grado mucho mayor; los dos devaluarán, pero es probable que un gobierno macrista lo haga de forma más pronunciada y más rápida, con impactos más contudentes para las clases trabajadoras.

 

Un análisis de los anuncios del equipo económico de Macri y de las decisiones que hasta ahora el PRO (Propuesta Republicana) ha tomado en los últimos ocho años al frente del Gobierno porteño muestra su rechazo de las políticas sociales asistencialistas que, en doce años de kirchnerismo, han mejorado la situación de las familias más vulnerables, como es el caso de la Asignación Universal por Hijo (AUH).

 

El candidato opositor Mauricio Macri, en plena campaña (Reuters).

El candidato opositor Mauricio Macri, en plena campaña (Reuters).

 

 

Macri se ha manifestado numerosas veces en contra de esas ayudas, pero su impacto ha sido tan positivo que, en campaña, el candidato liberal ha insistido una y otra vez que no retirará las ayudas, ni tocará nada de lo que “se ha hecho bien” en estos años. Es probable que mantenga el subsidio, pero sin mucha convicción: podría, por ejemplo, dejar que la inflación -que supera el 25% anual- se encargue de disminuir el monto real de la ayuda.

 

¿Nueva política?

El equipo económico de Macri ha asegurado que eliminará los subsidios a los servicios públicos, que hacen muy asequible el transporte público o el recibo de la luz, y ha sostenido que existen demasiadas universidades públicas en la provincia de Buenos Aires.

 

Han sugerido también que recortarán las posibilidades de negociación colectiva en un país donde el poder de los sindicatos sigue siendo determinante y logra aumentos salariales bianuales que, por un lado, evitan que la inflación deteriore el nivel adquisitivo de los trabajadores en blanco, pero por otro alimentan la espiral inflacionista de la economía argentina. Y es más que probable que un gobierno macrista convierta el Banco Central Argentino en una institución independiente del poder político, como reclama el ideario neoliberal.

 

Scioli promete continuidad con cambios; Macri, un cambio con cierta continuidad. Con un discurso vago ideológicamente, el PRO, que hasta ahora era un partido con proyección limitada a la Ciudad de Buenos Aires, ha sabido venderse como “nueva política”. Lo dice el mismo nombre de la alianza con la que acude a las urnas el PRO: Cambiemos. La palabra “cambio” es la más repetida por Macri, a pesar de que poco o nada de nuevo hay en su ideario político. Tal vez porque, como señala el activista Martín Ogando, el kirchnerismo hace mucho que no habla de “ir por más” o profundizar los cambios, y optó por un candidato moderado, dejando disponible para Macri el significante del cambio.

 

En la ejecutiva del PRO sostienen que se parecen a Podemos, en el sentido de que plantean una forma diferente de hacer política; probablemente, se parecen más a Ciudadanos, pero el partido de Pablo Iglesias es mucho más conocido a este lado del Atlántico. Sea como fuere, muchos argentinos leen las elecciones en esa clave: el viejo peronismo frente a la nueva derecha.

 

Una derecha que ha sabido absorber al Partido Radical, que durante décadas ha sido el único capaz de hacerle frente a un peronismo ideológicamente difuso, y aparece, hasta ahora, como capaz de integrar a los descontentos con el sistema político y partidario.

 

Se parecen, pero no son iguales. Para la derecha, Scioli es un candidato aceptable, pero cargaría con las rémoras del oficialismo, comenzando por el candidato a vicepresidente, Carlos Zannini, cuya inclusión en la fórmula electoral fue leída como el intento de Cristina Fernández por garantizar un cierto continuismo. Para algunos sectores de la izquierda –los que no llaman al voto en blanco- Scioli representa un modelo de gestión de lo público basado en una mayor presencia del Estado, frente a un Macri dispuesto a dejarlo todo al arbitrio del mercado. De algo no hay duda: la jornada electoral se prevé emocionante. Y la última palabra la tienen hoy los 32 millones de argentinos llamados a las urnas. 


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