La policía moldava aborta varios intentos de vender material nuclear a yihadistas

Por: El Confidencial | Octubre 7, 2015

Las fuerzas de seguridad de Moldavia en coordinación con el FBI han impedido cuatro intentos de grupos criminales que buscaban vender material radioactivo a extremistas en Oriente Medio.

Las fuerzas de seguridad de Moldavia en coordinación con el FBI han impedido en los últimos cinco años cuatro intentos de grupos criminales con presuntos vínculos con Rusia que buscaban vender material radioactivo a los grupos extremistas de Oriente Medio, según publica en exclusiva 'The Associated Press'. El caso más reciente sucedió en febrero, cuando un contrabandista ofreció un enorme alijo de cesio radiactivo -la cantidad suficiente para contaminar varias manzanas de una ciudad- y, en concreto, buscaba un comprador del grupo Estado Islámico.

 

Las organizaciones criminales, algunas con lazos con el FSB (Servicio Federal de Seguridad, agencia sucesora de la KGB rusa), operan un floreciente mercado negro de material nuclear en Moldavia, de acuerdo con los investigadores. En el pequeño y empobrecido país en el Este de Europa, las redadas de los cuerpos de seguridad fueron menoscabadas por errores flagrantes: los líderes de las bandas huyeron y aquellos que fueron arrestados en estos años evadieron sentencias largas de cárcel, en ocasiones regresando rápidamente al contrabando nuclear, según publica 'AP'.

 

La policía y las autoridades judiciales moldavas compartieron con la agencia 'AP' expedientes de casos investigados con el fin de poner de relieve el peligro en que se ha convertido el mercado negro de material nuclear. Afirman que el fracaso de la cooperación entre Rusia y Occidente implica que resulte mucho más difícil saber si los contrabandistas están encontrando la manera de vender parte de la vasta provisión rusa de materiales radiactivos, de la cual, una cantidad desconocida se ha filtrado a dicho mercado negro. "Podemos esperar más de estos casos", dijo Constantin Malic, un policía moldavo que investigó los cuatro casos. "Mientras los contrabandistas piensen que pueden ganar mucho dinero sin ser atrapados, lo seguirán haciendo".

 

En intervenciones telefónicas, arrestos grabados en vídeo, fotografías de material armamentístico, documentos y entrevistas, la agencia 'AP' encontró una inquietante vulnerabilidad en la estrategia de combate al contrabando. Desde el primer caso moldavo conocido en 2010 hasta el más reciente, en febrero, ha surgido un patrón: las autoridades se lanzan contra los sospechosos en las primeras etapas de un acuerdo de compraventa, lo que da a los líderes una oportunidad de escapar con el material nuclear, un indicio de que la amenaza del mercado negro en los Balcanes está lejos de ser controlada.

 

Los investigadores de Moldavia no pueden estar seguros de que los sospechosos en fuga no se quedaron con la mayor parte de su contrabando nuclear. Tampoco saben si los grupos, que buscan compradores entre los enemigos de Occidente, han vendido material nuclear letal a terroristas en momentos en que el autodenominado Estados Islámico ha declarado su intención de usar armas de destrucción masiva.

 

Los casos incluyeron desde reuniones secretas de alto nivel en clubes nocturnos a planos para crear bombas sucias (que dispersan elementos radioactivos) y un investigador encubierto con los nervios destrozados que tomaba chupitos de vodka antes de reunirse con los contrabandistas. Informantes y un agente de policía que se hacían pasar por un mafioso con contactos -junto con un auto Mercedes Benz proporcionado por el FBI- se introdujeron en las bandas criminales. Las operaciones moldavas se construyeron en base a una sociedad entre el FBI y un pequeño equipo de investigadores moldavos -entre los que estaba Malic, quien en cinco años pasó de desconocer casi por completo el aterrador mercado negro a usar el patio de su casa para cerrar cuatro operaciones trampa. 

 

"En la era del Estado Islámico, es especialmente aterrador que existan contrabandistas de materiales para bombas nucleares con aparentes conexiones con compradores reales", dijo Matthew Bunn, un profesor de Harvard que dirigió un estudio secreto para la Administración Clinton sobre la seguridad del arsenal nuclear ruso.

 

El caso más importante comenzó en la primavera de 2011, con la investigación a un grupo dirigido por un misterioso ruso llamado Alexandr Agheenco, apodado "el coronel" por sus seguidores, y quien según las autoridades moldavas sería un agente del servicio ruso FSB, antes conocido como KGB. Un intermediario que trabajaba para él fue grabado acordando la venta de uranio enriquecido, U-235, y planos para la construcción de una bomba sucia a un hombre de Sudán, según varios funcionarios. Los planos fueron descubiertos en un registro en la vivienda del sospechoso, según documentos policiales y judiciales.

 

Las conversaciones grabadas durante el proceso exponen continuamente planes que tienen como objetivo a Estados Unidos, según apuntan funcionarios moldavos. En un momento, el intermediario dijo a un informante que se hacía pasar por un comprador que era esencial que el uranio de contrabando fuese para los árabes. "Dijo a un informante: 'Realmente quiero un comprador islámico porque bombardeará a los americanos''', aseguró de los investigadores.

 

Como ocurrió en los otros casos, los investigadores arrestaron a criminales de nivel medio en su mayoría tras un intercambio inicial de dinero en efectivo y muestras de productos radioactivos. El líder de la trama, "el coronel", escapó. La policía no puede determinar si tenía más material nuclear. Su socio, el que quería "aniquilar a América", está ya en libertad tras pasar una temporada en la cárcel.


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