Así fueron los últimos días de Nisman

Por: Iván Ruiz y Confidencial Colombia | Enero 21, 2015

Fueron cinco días de furia. El fiscal Alberto Nisman apareció muerto tras una semana frenética de la que han trascendido más misterios que certezas. Y muchas preguntas sin respuesta. Su regreso anticipado de las vacaciones, una pistola prestada y crípticos mensajes de WhatsApp alimentan decenas de teorías para explicar su muerte.

¿Fue un suicidio? Y si es así, ¿por qué lo hizo? Cuando esa hipótesis (impulsada por el Gobierno) parecía cobrar fuerza en las primeras investigaciones, aparecieron nuevos indicios que vuelven a plantear nuevas dudas.  Su exmujer, la juez Sandra Arroyo Salgado, respondió con un contundente “no” cuando le preguntaron si consideraba posible el suicidio.

 

Y el escáner electrónico con el que se intentó determinar si él había disparado el arma (buscando pólvora en su cadáver), sumó incertidumbre, ya que los peritos no encontraron restos de pólvora en sus manos. La Fiscalía matizó después que no se trata en absoluto una prueba concluyente. Por si fuera poco, otro dato alimenta suspicacias: el fiscal Nisman había dejado en su casa una nota para que su empleada doméstica hiciera las compras el lunes, el día después de su muerte. Una conducta difícil de imaginar para un suicida. Pero ¿cómo fueron los últimos días de Nisman?

 

Del viernes 9 al martes 13

 

El fiscal estaba de vacaciones, de turismo por Europa, aunque su cabeza seguía en Argentina. Disponía de un billete para regresar desde Madrid a Buenos Aires el 20 de enero, tras un largo recorrido turístico. Y le acompañaba su hija, que festejaba su cumpleaños (15 años). Cuando todavía le quedaba un fin de semana para esquiar en Andorra, algo importante le hizo cambiar de opinión. El viernes, desde Ámsterdam, el fiscal ya había decidido interrumpir abruptamente sus vacaciones. Y el lunes 13 de enero, una semana antes de lo previsto, desembarcaba en la capital argentina.

¿Por qué volvió antes a Buenos Aires? ¿Recibió alguna orden? ¿Por qué habría de presentar una denuncia contra Cristina F. Kirchner, el canciller Héctor Timerman y otros referentes oficialistas justo en medio de sus vacaciones si desde hace dos años trabajaba en la investigación?

 

En su mensaje emitido ayer por Facebook, la presidenta se hizo estas preguntas: “¿Quién fue el que ordenó volver al país al Fiscal Nisman el día 12 de enero, dejando inclusive a su pequeña hija sola en el aeropuerto de Barajas, interrumpiendo vacaciones familiares que habían comenzado el uno de enero y debían finalizar más allá del 20?”.

 

Y la mandataria argumentó que el fiscal (en complot con el periódico Clarín) deseaba aprovechar que la preocupación por el terrorismo internacional de corte islamista se había instalado en la agenda de los medios tras los atentados en Francia, aduciendo que la denuncia de Nisman podía emparentarse.

 

En Buenos Aires se respiraba ya un pesado clima político entre los fiscales por el plan impulsado por el Gobierno para nombrar a 16 nuevos fiscales afines al kirchnerismo. Al parecer, Nisman quería estar con los pies en su Fiscalía para saber si, en ese contexto, había trascendido algo sobre su denuncia. Ya instalado en su oficina del centro porteño, el fiscal se sumergió en su presentación. Sabía que se trataba de la denuncia de su vida y trabajó a destajo para pulir los detalles. Incluso tuvo discusiones con algunos de sus empleados para llegar a tiempo.

 

Hiperconectado, mantuvo largas conversaciones de mensajería con periodistas. En su móvil, el funcionario tuvo dos gestos propios de quien se prepara para una dura batalla. Primero, cambió su imagen de WhatsApp: reemplazó la foto junto a su hija por la leyenda: “Keep calm and don’t negociate with terrorists” (mantén la calma y no negocies con terroristas). Después, les envió un largo mensaje a sus amigos más cercanos.

 

“Este es un mensaje de difusión masiva para un grupo pequeño y querido de amigos... Debí suspender intempestivamente mi viaje de 15 años a Europa con mi hija y volverme. Imaginarán lo que eso significa. Pero a veces en la vida los momentos no se eligen. Simplemente las cosas suceden. Y eso es por algo…Me juego mucho en esto. Todo, diría. Pero siempre tomé decisiones. Y hoy no va a ser la excepción. Y lo hago convencido. Sé que no va a ser fácil, todo lo contrario. Pero más temprano que tarde la verdad triunfa. Y me tengo mucha confianza”, escribió. Y concluyó: “Gracias a todos. Será justicia. ¡Ah! Y aclaro, por si acaso, que no enloquecí ni nada parecido. Pese a todo, estoy mejor que nunca. Jajaja :)”.

 

Miércoles 14

 

Ese día Nisman presentó la denuncia. Se transformó en el hombre del momento. Su teléfono no paró de sonar. Todos querían hablar con él. Posó para los fotógrafos de los principales medios, que le pidieron entrevistas para comprender la compleja trama que había denunciado. Los periodistas que lo trataron ese día percibieron que estaba ansioso, hiperactivo, acelerado, una actitud propia de un hombre que enfrentaba la responsabilidad de acusar a Cristina Kirchner de ser cómplice de los supuestos autores del atentado contra la AMIA. Su denuncia tuvo gran repercusión mediática y política. La oposición lo citó para que informara al Congreso sobre su investigación.

 

Jueves 15

 

Empezó a recibir los primeros ataques. El canciller Timerman dijo que el fiscal era “un mentiroso” y lo acusó de investigar “clandestinamente” a Cristina Kirchner. La juez María Romilda Servini de Cubría no habilitó el tratamiento de su denuncia en feria judicial. Además, el juez de la causa AMIA, Rodolfo Canicoba Corral, lo criticó en los medios de comunicación por no haber notificado sobre su trabajo, lo acusó de tener estrechos vínculos con los servicios secretos y amenazó con evaluar si el procedimiento impulsado por Nisman estaba fuera de la ley. 

 

Viernes 16 

 

El kirchnerismo dobló la apuesta: sus legisladores atacaron verbalmente a Nisman y decidieron que lo rebatirían en su presentación en el Congreso. El oficialismo reclamó que la reunión en la Cámara de Diputados no podía ser algo a puerta cerrada entre el fiscal y los legisladores opositores. “Vamos a ir con los tapones de punta”, había anticipado la diputada kirchnerista Diana Conti. A Nisman le preocupaba que su presentación se convirtiera en un showmediático, aunque estaba acostumbrado a enfrentarse a los flashes

 

A la espera de novedades, el funcionario almorzó cerca de su apartamento, en Puerto Madero. Comió sushi en un restaurante conocido. Se sentó en una mesa escondida. No estaba angustiado, sino entusiasmado con los próximos pasos de su investigación, detalló el diario La Nación. Pasó la tarde trabajando en la fiscalía.

 

Sábado 17

 

"Acá estoy trabajando. ¿Qué te parece esto?", escribió Nisman a un dirigente de Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA) vía WhatsApp. Junto a ese texto le envió a las 18:27 una foto en la que pueden verse varias pilas de expedientes sobre una mesa junto con, al menos, ocho subrayadores amarillos y un lápiz. También habló por teléfono con empleados para terminar de preparar su exposición en el Congreso. 

 

Aunque se desconoce en qué circunstancias, la fiscal que investiga ahora su muerte asegura que un amigo le prestó el sábado la pistola calibre 22 que se utilizó para ejecutar el disparo mortal. Nisman lo habría llamado dos veces para pedirle el arma y, en el encuentro, le habría dado documentación sobre la causa AMIA. Según asegura el diario Ámbito Financiero, el amigo de Nisman permanece alojado en un hotel con una custodia de 15 agentes. Ante la Justicia habría expresado su temor a sufrir un atentado: “Si me dejan solo no llego a hacer 200 metros”.

 

Domingo 18

 

A los cinco guardaespaldas que lo cuidaban les había llamado la atención que, habiendo pasado ya el mediodía, los periódicos todavía estaban en su puerta, a la espera de que el fiscal Nisman, un hombre ávido de noticias, los recogiera. Los diarios aportaban más detalle sobre su denuncia: revelaban que un agente secreto que tenía línea directa con Cristina Kirchner enviaba información al Gobierno de Irán por orden de la mandataria. El fiscal nunca abrió esos periódicos. Nisman había muerto horas antes en su departamento de un disparo en la sien ejecutado desde una pistola Bersa Thunder calibre 22 entre las 14 y las 15. Su madre encontró el cuerpo 12 horas después.


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