La vida inventada del 'pequeño Nicolás'

Por: El Confidencial.com | Noviembre 1, 2014

Francisco Nicolás Gómez Iglesias, de 20 años, llevaba una doble vida. En apariencia, cursaba una carrera en el elitista Centro Universitario de Estudios Financieros (CUNEF) de Madrid y tenía las mismas aficiones que cualquier otro chico de su edad. Pero, en paralelo y en el más estricto secreto, Francisco Nicolás había iniciado una precoz carrera delictiva.

El español Francisco Nicolás Gómez Iglesias, de 20 años, llevaba una doble vida. En apariencia, cursaba una carrera en el elitista Centro Universitario de Estudios Financieros (CUNEF) de Madrid y tenía las mismas aficiones que cualquier otro chico de su edad. Pero, en paralelo y en el más estricto secreto, Francisco Nicolás había iniciado una precoz carrera delictiva que le llevó a colarse en los círculos más restringidos del poder político y económico (Pulse aquí para ver el álbum): desde los actos de coronación de Felipe VI el pasado mes de junio a reuniones con empresarios del Ibex-35, pasando por desayunos informativos, actos con dirigentes de diferentes partidos y charlas informales en el palco del Santiago Bernabéu. Ningún control de seguridad se le resistía.

 

Se le acusa de estafar a decenas de personas a las que prometía suculentos negocios gracias a sus supuestos contactos en los escalafones más altos de la Administración, el Gobierno español y hasta el CNI. El problema es que todos esos negocios y relaciones sólo eran fruto de su imaginación.Se le acusa de falsedad, estafa y usurpación de identidad.

 

Francisco Nicolás procedía siempre del mismo modo. Según ha podido saber este diario, se presentaba ante empresarios y dirigentes políticos como un alto cargo bien relacionado de una institución importante. El nombre del organismo no importaba demasiado. Sólo buscaba sorprender a su interlocutor. Así, los agentes sostienen que llegó a identificarse como dirigente del Partido Popular, de la Oficina Económica de la Moncloa, de la propia Vicepresidencia del Gobierno, de los gabinetes de varios ministerios, de las direcciones generales de la Policía y la Guardia Civil y hasta del mando de los servicios de inteligencia.

 

Tras esa primera toma de contacto, prometía a sus víctimas la participación en suculentas inversiones y operaciones inmobiliarias, algunas de ellas incluso en el extranjero. La clave del éxito de esos negocios serían, afirmaba, las excelentes relaciones que supuestamente mantenía con la cúspide del poder. Para construir el engaño, utilizaba fotografías que se había tomado previamente con miembros del Ejecutivo o empresarios conocidos, tras abordarlos por sorpresa en desayunos o actos informativos abiertos al público. Según las fuentes consultadas, en algunos de esos actos incluso se sentó en primeras filas y mesas presidenciales, haciéndose pasar por uno de los invitados principales. Luego conseguía las instantáneas y las utilizaba como tarjeta de visita.
 

Francisco Nicolás Gómez Iglesias en la ceremonia de coronación

Francisco Nicolás Gómez Iglesias en la ceremonia de coronación

Su obra cumbre la firmó probablemente el pasado 19 de junio. Francisco Nicolás logró colarse en la recepción que ofrecieron los reyes Felipe y Letizia en el Palacio Real tras el acto de coronación en el Congreso. Por supuesto, el joven estafador aprovechó la ocasión para retratarse con Felipe VI. El fotógrafo le pilló con una sonrisa pícara en el momento de inclinarse frente al monarca. No tardó en difundir la imagen en las redes sociales. La Policía sospecha que también habría conseguido acceder a otros eventos restringidos.

 

Francisco Nicolás debió pensar que esas fotografías no eran suficientes para construir un currículum a la altura de sus expectativas. Por ello, para reforzar aún más su engaño, alquilaba con frecuencia coches de lujo y los usaba para acudir a las citas con sus víctimas. Tras su detención, los agentes encontraron en uno de esos vehículos alquilados un luminoso azul como el que emplean las unidades secretas de las Fuerzas de Seguridad para identificarse en caso de emergencia. Francisco Nicolás lo usaba para saltarse los semáforos en rojo y evitar los trancones.

 

La investigación aún no ha concluido. Los agentes sospechan que podría haber decenas de particulares y empresas engañadas por este experto impostor. No hacía distinciones. Las pesquisas han permitido averiguar, por ejemplo, que se puso en contacto con el abogado de la familia Pujol, Cristóbal Martell, y le aseguró que era un enviado del CNI y de la Vicepresidencia del Gobierno. Francisco Nicolás exigió dinero al letrado a cambio de gestiones para mejorar la situación judicial del expresidente de la Generalitat. 

 

Las grandes empresas del Ibex también estaban en su punto de mira. Los investigadores han averiguado que al menos contactó con dos de ellas, OHL y Acciona, para exigirles el pago de comisiones que supuestamente iban a permitir el desbloqueo de negocios e inversiones. Se presentó como asesor del Gobierno, la misma identidad falsa con la que se dejaba caer con frecuencia por el palco del Santiago Bernabéu. No le importaba exhibir la firma falsificada del subsecretario de Presidencia, Jaime Pérez Renovales, cuando requería un extra de credibilidad en ambientes especialmente suspicaces. Fuentes de Acciona, no obstante, aseguran no tener constancia de esas gestiones.

 

Sus fabulaciones provocaron el pasado agosto un verdadero sainete en la localidad de Ribadeo (Lugo). Hizo correr por el municipio el rumor de que Felipe VI iba a acudir a comer a un conocido restaurante del puerto. La noticia circuló entre los vecinos, pero también entre las Fuerzas de Seguridad, que rápidamente se movilizaron para realizar labores de escolta al monarca. Hasta el alcalde de Ribadeo acudió al restaurante para tratar de saludar al Rey. Pero su majestad no apareció. El único que estaba sentado en la mesa era Francisco Nicolás. Los medios de comunicación informaron al día siguiente de que una indisposición había impedido a Felipe VI acudir a la cita.

 

Su relato comenzó a torcerse cuando se le amontonaron los errores. Trató de colarse en una fiesta que organizaba la Embajada de Estados Unidos, pero no lo consiguió. Tampoco logró llegar hasta los responsables de la Casa del Rey. Los servicios de seguridad lo detectaron y comenzaron a escribir las últimas líneas de su mentira. Su vida real comienza ahora, y será menos apasionante. Se enfrenta a las acusaciones de falsedad, estafa y usurpación de identidad. Y le será difícil convencer al tribunal de que no es él. Que, en realidad, Francisco Nicolás es otra persona. Una persona que tiene contactos.

 

Vea aquí la historia completa del 'pequeño Nicolás'


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