Los espías traidores de Israel

Por: El Confidencial.com y Carmen Rengel | Septiembre 22, 2014

Los sucesivos primeros ministros de Israel siempre se van cediendo una frase para su discursos, que no cambia ni con los años ni con los partidos: “El Ejército de Israel es el más moral del mundo”. Sin embargo, 43 reservistas acaban de arrojar toneladas de dudas sobre esa afirmación, firmando una carta en la que se niegan a acatar un nuevo llamamiento a filas si la misión que les encomienden tiene a los palestinos y a la ocupación de sus territorios como objetivos.

La misiva es importante porque no había tantas renuncias desde 2003 y porque quienes la suscriben son miembros de la Unidad 8200, la de Inteligencia, un homogéneo bloque donde la crítica es revolucionaria, insólita. La queja era considerada disidencia, denuncia este grupo, e incluso un oficial fue represaliado tras negarse a dar una orden para atacar en una zona con elevado riesgo de víctimas civiles. Demasiado turbio para una sociedad como la israelí, acostumbrada a convertir en héroes a los espías internos que los salvan, creen, del terror. Un terremoto nacional.

 

 “Teníamos que asumir con urgencia la responsabilidad de los actos en los que estuvimos envueltos. Nuestra conciencia ya no nos permitía seguir adelante sin actuar”, resume D., un capitán que ha servido en Inteligencia durante ocho años y que es uno de los que han optado por poner voz a los testimonios de denuncia con que se completa la carta. Su iniciativa no se ha cocinado al calor de la Operación Margen Protector contra Gaza, aunque sus consecuencias –más de 2.100 muertos y 11.000 heridos entre los palestinos– han reafirmado su “necesidad” de gritar.

 

La conciencia se sublevó tiempo atrás y durante años se ha ido canalizando lentamente: soldados que van conociendo a otros soldados y sienten la necesidad de contar lo que hicieron y vieron sabiendo que van a ser incomprendidos y represaliados. En Israel, oponerse al servicio militar obligatorio o en la reserva conlleva recelo, empresas que no te contratan, amigos que se apartan, familia que no te comprende. La línea entre la conciencia y el patriotismo a veces se confunde, de tan fina.

 

Saberlo “todo” de ellos

 

Lo que explican por escrito y por voz propia estos reservistas es que entraron en Inteligencia pensando que sólo iban a perseguir “a los malos” y acabaron siendo “una herramienta para profundizar en el control militar de los territorios ocupados”, vigilando a “gente inocente”. “La población palestina –dice la carta–vive completamente expuesta al espionaje y a la vigilancia de la inteligencia israelí. Si bien existen limitaciones severas sobre la vigilancia de los ciudadanos israelíes, los palestinos no gozan de esa protección. No hay distinción entre los palestinos que participan o no participan en la violencia”, constatan los militares en la reserva.

 

Según su relato, la información que se recaba se emplea para la persecución política y para crear divisiones en el seno de los palestinos, sea obligando a los ciudadanos a ejercer de colaboradores para no desvelar determinada información, sea evitándoles un juicio justo presionando con “información secreta” que nunca se desvela o, sencillamente, controlando su día a día con la amenaza de dar a conocer detalles de su vida que pueden trascender en cualquier momento. Los testimonios facilitados por los soldados desvelan queIsrael acaba conociendo “todo” de quien pone en su diana: infidelidades, tendencias sexuales, problemas económicos o de salud…

 

“Son cuestiones personales que no afectan a la seguridad nacional y que se usan para poner a los palestinos contra las cuerdas”, explica D., quien no se dio cuenta del verdadero control que ejercían sobre su adversario hasta que vio la película La vida privada de los otros y tomó conciencia de que estaban haciendo exactamente lo mismo que los temidos líderes comunistas de otro tiempo.

 

Una de las secciones más codiciadas del Ejército

 

 

Todos los reservistas reconocen que entraron en la Unidad 8200 con “orgullo”, sabedores de que accedían a una de las secciones más codiciadas del Ejército, con enorme atractivo. “Me sentía muy afortunado. Veía en la Inteligencia algo muy limpio, muy moral, luchar contra el terrorismo y dar información precisa para pararlo”, reconoce a este diario A., sargento con 5 años de experiencia. N., también sargento, de 26 años, dice que fue un “shock” descubrir que “mucha gente inocente” se veía envuelta en su labor.

 

“Palestina no es un país, esa gente no tiene un sistema que los proteja. Cualquiera puede ser un objetivo”, sostiene. Hablan de “traición” a sus deseos de servir sin dañar a quien no lo merece. “Sobre el terreno es más complicado entender en qué estás participando. Pero luego lo piensas y no quieres más.Estamos a favor de la plena defensa de Israel, de su derecho a la seguridad, pero la ocupación y sus excesos no es una elección, no es en defensa propia una política que lleva aplicándose 40 años”, insiste N.

 

A. explica su papel de “opresor” argumentando que la selección de objetivos que había que seguir era poco clara, “generalmente era gente normal, no terroristas”, sobre las que “aprovechaban” el “impacto” del Ejército en sus vidas. Llegó a sentirse “omnipotente” cuando vio que podía tomar ventaja de esa información para “arruinar” la vida de esos palestinos.

 

“Disparamos. Resultó que era un niño”

También repasan los casos en los que la información fue errónea y acabaron matando a inocentes, sin que por ello se abrieran investigaciones o hubiera el más mínimo arrepentimiento entre los mandos. “Recolectábamos información para la operación y se avisaba a la Fuerza Aérea. Una vez, conmigo al mando, teníamos un sospechoso en Gaza. Estaba junto a un almacén de armas. Creíamos que era nuestro objetivo. Había costado mucho tiempo encontrarlo, pero por los datos que teníamos llegamos a la conclusión de que era él. Disparamos y luego resultó que era un niño”, indica A.

 

También recuerda un huerto de la Franja, una explosión provocada por los suyos, una mujer que corría hacia un cuerpo pequeño… “Nos dimos cuenta de que alguien había metido la pata”. Cuenta cómo se hizo el silencio en la sala de control, pero nadie lamentó la muerte del niño. Los gestos, relata, eran de desánimo por no haber dado en el objetivo pretendido, no por la muerte de un civil.

 

Otro reservista habla de “risas y burlas” ofensivas: si un investigado engañaba a su esposa, si tenía una “enfermedad jocosa como las hemorroides”, si encontraban fotos de sus hijos y eran feos… Buscaban en sus escuchas todos los sinónimos posibles para “homosexual”, una de las mayores bazas que podían tener en su país en una cultura mayoritariamente musulmana, nada permisiva con el sexo entre iguales. “Estaba claro que eran cosas que un soldado no debe hacer”, insisten.

 

“Disparamos. Resultó que era un niño”

 

También repasan los casos en los que la información fue errónea y acabaron matando a inocentes, sin que por ello se abrieran investigaciones o hubiera el más mínimo arrepentimiento entre los mandos. “Recolectábamos información para la operación y se avisaba a la Fuerza Aérea. Una vez, conmigo al mando, teníamos un sospechoso en Gaza. Estaba junto a un almacén de armas.Creíamos que era nuestro objetivo. Había costado mucho tiempo encontrarlo, pero por los datos que teníamos llegamos a la conclusión de que era él. Disparamos y luego resultó que era un niño”, indica A.

 

También recuerda un huerto de la Franja, una explosión provocada por los suyos, una mujer que corría hacia un cuerpo pequeño… “Nos dimos cuenta de que alguien había metido la pata”. Cuenta cómo se hizo el silencio en la sala de control, pero nadie lamentó la muerte del niño. Los gestos, relata, eran de desánimo por no haber dado en el objetivo pretendido, no por la muerte de un civil.

 

Otro reservista habla de “risas y burlas” ofensivas: si un investigado engañaba a su esposa, si tenía una “enfermedad jocosa como las hemorroides”, si encontraban fotos de sus hijos y eran feos… Buscaban en sus escuchas todos los sinónimos posibles para “homosexual”, una de las mayores bazas que podían tener en su país en una cultura mayoritariamente musulmana, nada permisiva con el sexo entre iguales. “Estaba claro que eran cosas que un soldado no debe hacer”, insisten.


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