“Esta es una lucha por defender nuestra tierra”

Por: Geraldkurt / @Geraldkurt | Septiembre 3, 2015

El departamento del Putumayo es una bisagra que articula los Andes y la Amazonía por lo cual su riqueza en materia medioambiental y cultural es inconmensurable. La defensa del territorio se ha traducido en el impulso al Pladia, lucha que han llevado adelante varios líderes sociales como Yuri Quintero.

Una de las asistentes al XVI Encuentro Regional para la Paz, llevado a cabo en Sibundoy, Putumayo, el pasado 27 de agosto, fue Yuri Quintero. Ella es una defensora de derechos humanos del departamento y una aguerrida activista que defiende las vías alternativas de desarrollo en la región que le abre las puertas a la Amazonía colombiana.

 

Esta líder social de 32 años, habló con Confidencial Colombia sobre los retos y problemas que afronta el Putumayo, una bisagra entre los mundos andino y amazónico que se tiene su biodiversidad y su riqueza cultural en peligro.

 

 

Confidencial Colombia: ¿Qué organización representa?

Yuri Quintero: Soy vocera de la Mesa Regional de Organizaciones Sociales del Putumayo. Además, soy dirigente y defensora derechos humanos de Marcha Patriótica.

 

C.C.: La Mesa de Organizaciones Sociales del Putumayo, ¿cuántos años lleva trabajando en el departamento?

Y.Q.: El trabajo se viene realizando desde hace 17 años, de hecho tiene una historia larga de trabajo organizativo. Todo surge a raíz de los paros y marchas cocaleras de 1996 y lo que  se presenta en 2006 después de toda la agudización del desplazamiento y las masacres que vivieron el medio y bajo Putumayo. Desde ese año hacia acá venimos trabajando una propuesta interesante, el Pladia: Plan de desarrollo integral Andino/Amazónico 2035. Este plan recoge de una u otra forma soluciones reales a la situación crítica del departamento. El Plan está basado en todo lo que han sido las consecuencias de los cultivos de coca, el uso de estos y lo que en el marco de la guerra han significado para el departamento.

 

C.C.: Hay 17 años de trabajo en el territorio, ¿qué cambios ha habido territorialmente en relación a la guerra?. Si es que ha cambiado en algo. 

Y.Q.: Han cambiado los métodos. La situación de violencia, el incremento y agudización de los conflictos es cada vez más fuerte. Nosotros desde los procesos organizativos lo que vemos es un cambio de forma en los métodos de implementación de abusos a los derechos humanos y al DIH.

 

C.C.: ¿Por parte de quién?

Y.Q.: Por todas las partes que están en el conflicto armado colombiano. Algunos más que otros. Nosotros hemos hecho unas denuncias muy fuertes. Por ejemplo, sobre abusos de la fuerza pública. También hemos denunciado las consecuencias de la influencia de los grupos armados ilegales en las comunidades, sobre todo en las fronterizas. Sin embargo, en estos momentos es necesario resaltar el empoderamiento de la defensa de los derechos humanos en las comunidades. Esto ha ayudado a contrarrestar que esa vulneración sea más fuerte. Es decir que las comunidades hoy son capaces defenderse a través de los canales constitucionales para hacerlo. Eso hace que no se sienta tanto la fuerza de la guerra.

 

C.C.: ¿Cuál es el principal problema del Putumayo en relación con el conflicto?

Y.Q.: Hay algo que ha marcado bastante a las comunidades y es el papel que han jugado los paramilitares en todo lo que ha sido la agudización del conflicto, en los proyectos petroleros y la militarización del territorio. Eso amenaza la sobrevivencia de la población.

 

C.C.: ¿Hay cambios en el accionar de las FARC desde que se empezaron los diálogos con el gobierno y se anunciaron las treguas unilaterales?

Y.Q.: Nosotros hicimos un informe a principios de este año en el marco de lo que ha sido el desescalamiento del conflicto, y haciendo un recorrido por las comunidades más golpeadas por la insurgencia, se ve que ha habido cambios. Hay un real interés por cambiar el conflicto interno en las comunidades. Quizá la presencia que se tenía antes, en este momento no es la misma, esto genera confianza y esperanza de construir la paz. Donde hay presencia de las FARC hay presencia del ejército, y eso genera miedo.

 

C.C.:  Hablemos de Pladia, ¿qué es?, ¿de dónde sale? y ¿quiénes están detrás de esa iniciativa?

Y.Q.: Como lo había mencionado, el Pladia surge de las marchas cocaleras de 1996. Surgió como alternativa a los cultivos de uso ilícito y como una manera de formular una transformación del campo.

 Tiene cuatro componentes fundamentales. Entre los cuales está el componente producción/transformación/comercialización, que es lo que el campo no tiene  en estos momentos. Es decir, que el campo tenga la oportunidad de que los que produzca se trasforme y se dé a conocer.

El Pladia es recogido en cada una de las comunidades indígenas, campesinas y afrodescendientes. Detrás de estas propuestas están esas comunidades. Las mismas que en el marco de las marchas cocaleras, de los paros, asambleas y movilizaciones sociales, han venido cogiendo más fuerza. Lo interesante es que el Pladia coge cada vez más fuerza en la medida en que los procesos avanzan, no es algo estático; evoluciona constantemente.

 

C.C.: ¿Quién lo coordina?

Y.Q.: El Pladia se ha coordinado y trabajado desde la Mesa Regional de Organizaciones Sociales del Putumayo y apoyado por las administraciones municipales y la Gobernación desde el 2012. Ya está en etapa de revisión para que  sea, posiblemente, aprobado desde el Plan Nacional de Desarrollo.

 

C.C.:  Según lo desprendido de eso, Pladia es una iniciativa de base que tiene la posibilidad de convertirse en un apolítica pública de Estado. ¿Cuál es esa particularidad que lo hace tan atractivo?

Y.Q.: Lo interesante del Pladia es que no solo se enfoca en lo extractivo sino que recoge las distintas características que tiene el departamento y recoge el enfoque diferencial de las comunidades en el territorio. Es decir, que no habla solo de los campesinos sino que  habla de las oportunidades y alternativas de un modelo económico distinto desde las comunidades indígenas y campesinas, sus planes de vida, su manera de pensar, su cosmovisión. De igual manera desde las comunidades afrodescendientes.

El Pladia como plan de desarrollo tiene un enfoque en el que no solo hablamos de la transformación del campo sino cómo ese campo influye en el desarrollo de la zona urbana. El tema de la inversión  social juega un papel muy importante, ya que es necesario que la inversión vaya de la mano con el desarrollo del campo.

Todo esto enfocado en el hecho de que somos consientes de que el departamento no se desarrolla solo con vías y redes eléctricas, pero para los indígenas, afros y en las zonas urbanas va más allá. Hay que reconocer al departamento como una zona de frontera y como departamento amazónico. Que la política minero-energética logre desarrollar el departamento y el país sin los problemas que ha tenido la explotación petrolera. Siempre con el enfoque de la sobrevivencia, respeto y desarrollo del departamento.

 

C.C.: ¿Cómo plantarle cara y hacer resistencia a la política minero-energética del país? ¿Qué se está haciendo?

Y.Q.: Hay varias herramientas que se vienen trabajando. En este momento la Mesa Regional tiene un trabajo que ha venido haciendo con el gobierno nacional que es la evaluación y revisión de los proyectos petroleros en el departamento. Se recogen muestras y se llevan a laboratorio para demostrar los daños que sobre el territorio generan estas actividades.

Por ejemplo, hay un proyecto petrolero en Puerto Asís que concede más de 148 pozos en un territorio muy pequeño. De allí se dice, de acuerdo al Ministerio del Interior, que no hay población indígena, ni afro. En la práctica se encuentran comunidades indígenas, así como consejos comunitarios, además de la población campesina. En este mes de septiembre saldrán los resultados del laboratorio y nosotros queremos que se frene la expansión petrolera y se haga una revisión a todas las concesiones mineras y que el gobierno revise los mecanismos de asignación de estas ya que deben ser más responsables.

 

C.C.: ¿Cuáles son los principales retos que tiene el Putumayo?

Y.Q.: El principal reto en estos momentos, aparte de lograr que el Pladia sea una política pública, es la defensa del territorio. Acá en Sibundoy hay una proyección para extraer otros productos como coltán u oro que pondrían en peligro las fuentes de este valle. Por eso hay una resistencia encaminada a defender el territorio.

De ser aprobado el Pladia en el Plan Nacional de Desarrollo, crees que podría convertirse en un piloto de desarrollo y defensa del territorio en el marco del posconflicto.

Nosotros estamos trabajando, además del Pladia, en una comisión de sustitución de cultivos de uso ilícito que busca que el Putumayo sea el plan piloto para demostrarnos que el uso de esos cultivos se puede cambiar, porque la lucha no es por desaparecer las plantas sino por cambiar la forma en que se usan. Queremos que el Putumayo sirva para mostrar que las políticas nefastas de la guerra contra el narcotráfico se pueden cambiar. Para ello hemos podido recoger experiencias de otros países, como lo que sucede en Perú con los usos gastronómicos o medicinales de la coca.  Además, la coca es un cultivo ancestral que debe ser respetado en su integridad. 

 

C.C.: ¿Qué es lo más difícil de ser defensor de derechos humanos?

Y.Q.: La estigmatización que existe. Eso golpea la integridad de todos. En el momento en que nos pronunciamos generamos cierta inconformidad o malestar. Es muy difícil luchar contra eso. Además,  no nos reconocen como actores políticos válidos.

A todo ello se suman las amenazas constantes. Yo he tenido que salir del Putumayo en dos oportunidades. Sin embargo, pienso que no hay porque huir sino enfrentar la situación y que la gente lo rodee a uno. Esa es la mejor manera de asegurarse.

 

C.C.: ¿Cómo ves el proceso de paz con las Farc?

Y.Q.: Yo creo que mucho de lo que se necesita en materia de paz depende más del pueblo colombiano que de aquellos que están negociando en La Habana. Además,  hay que tener en cuenta que si no se parte del origen del conflicto será muy difícil concretar una paz estable y duradera porque todo lo que ha vivido el país a través de los años en cuanto a historia del conflicto debe ser discutido.

Sin embargo, hay cosas que no se discuten como el modelo económico, así como lo aseguró el gobierno nacional, pero si en el Putumayo no se hace esa discusión no podremos parar ese modelo extractivista que acabará con este departamento; no podremos hacer que las comunidades que habitan el territorio sean reconocidas. Esta es una lucha por defender nuestro ambiente, nuestra agua, nuestra tierra de los intereses de quienes hacerse ricos con esto. 


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