"Si la paz se negociara la compraríamos en la tienda"

Por: Geraldkurt / @Geraldkurt | Septiembre 2, 2015

El pasado 27 de agosto Sibundoy recibió a más de doscientas personas que, desde Nariño y el resto del Putumayo, se sentaron a discutir las necesidades y los desafíos de la construcción de paz territorial.

El Valle del Sibundoy fue la localidad elegida para llevar a cabo el Encuentro Regional para la Paz que reunió a representantes de las organizaciones sociales de Nariño y Putumayo. Esta iniciativa de la Red Prodepaz, la ruta Pacífica de las Mujeres, la Red de Iniciativas y Comunidades de Paz desde la Base, con el apoyo de la Oficina del Alto Comisionado para la Paz y las embajadas de Suiza, Suecia y Noruega, llegó en su XVI versión a esta zona del alto Putumayo.

 

Sibundoy, ubicado en un valle fertil, cruzado por innumerables quebradas y que tiene resonancias místicas debido a la presencia de las comunidades indígenas Kamsá e Inga quienes han sabido armonizar su relación con el territorio. Es gracias a esta labor que la lucha ambiental de los pueblos originarios confluye con los intereses de las organizaciones campesinas.

 

Las problemáticas del alto, medio y bajo Putumayo son comunes a pesar de ser regiones diferentes. La ofensiva de la locomotora minera que supuso la asignación de licencias y títulos mineros, así como el permiso para explotar pozos petroleros supuso un peligro para la zona que articula los Andes y la Amazonía. Además, se pudo notar un aumento en los cultivos de coca que han llevado a que las fumigaciones con Glifosato continúen en la zona. Esto también ha generado que situaciones de violencia como los asesinatos entre miembros de diferentes bandas criminales sean algo cotidiano en municipios como Puerto Caicedo. Igualmente, las extorsiones y "vacunas" no son algo ajeno a los habitantes de Sibundoy, aunque sí son algo menos notorio y violento que en el pasado reciente. 

 

La declaratoria de Distrito Minero hizo que el departamento afrontara un riesgo mayor. Es así como las comunidades se han organizado y han empezado procesos de resistencia. Tanto la exigencia de consultas populares así como distintas maneras de expresar esa inconformidad, han hecho que la política ambiental sea uno de los pilares de la integración social en el alto Putumayo.

 

El arte de la resistencia

Esto no quiere decir que las partes media y baja del departamento no resistan. A través del arte se han desarrollado procesos de concientización y respeto por el entorno y las tradiciones de este territorio que es la puerta de entrada a ese subcontinente que es la Amazonía.

 

Tal es el caso del Teatro Efímero del Putumayo, a cargo de Libardo Valdez. Este putumayense cuenta que en Puerto Caicedo, con la fundación Semillas de Paz se ha trabajado con las comunidades en “una experiencia de resistencia civil mediante el arte y la educación de jóvenes en territorios de paz. Es la  resistencia al terror, a la barbarie, a la muerte”. Al preguntársele por qué este departamento tiene que tener estos procesos de resistencia él responde “El putumayo es un territorio geopolíticamente estratégico. Es rico en recursos por lo cual fue declarado como distrito especial minero. Ese hecho amenaza el futuro de las aguas y las selvas de esta región. Además, existen situaciones paradójicas; el presidente habla de paz en La Habana pero fumiga con glifosato los cultivos de la gente”.  

 

Así como Valdez tiene ese tipo de proyectos en Puerto Caicedo, tres jóvenes, que además estuvieron presentes en la Mesa de Jóvenes del Encuentro Regional, están buscando transformar Sibundoy y todo el departamento del Putumayo.

 

Intygrillos es un colectivo que ha buscado transformar la vida cotidiana de Sibundoy. En medio de latas de spray y música, este grupo de jóvenes que no superan los 25 años, han mostrado que existe una forma distinta de acercarse a la construcción de paz desde el territorio.

 

Estos jóvenes están acompañados de cerca de 50 niños y jóvenes que se han tomado varias paredes y escenarios para llevar mensajes de resistencia y construcción de paz. Estos artistas coinciden con Valdez en que lo necesario es generar mejores condiciones de vida que no riñan con el territorio, defendiendo el medio ambiente.

 

A futuro, los miembros de Intygrillos van a llevar a cabo una caravana por la paz en todo el departamento a llevar mensajes de paz y de revolución artística en el alto, medio y bajo Putumayo.

 

La defensa del territorio ancestral

Otra de las voces que habla sobre los retos que exige la construcción de paz en el Putumayo es la de Andrés Juajibioy, alguacil 3 del Cabildo Kamsá de Sibundoy. Para este indígena, orgulloso de sus raíces, el principal reto es la necesidad de “más territorio que siempre fue nuestro y que hoy tenemos que comprarlo y negociarlo. Un territorio que ha sido una base del conflicto entre el gobierno y los otros, un conflicto del que los pueblos indígenas no hemos sido parte…la paz la construimos nosotros mismos, si la paz se negociara la compraríamos en la tienda”.

 

“Hay cerca de 40 multinacionales, interesadas en el Putumayo, específicamente en el Sibundoy. Anglo Gold Ashanti hizo que los cabildos se unieran y logró que se echaran para atrás y no pudieran extraer minerales destruyendo la tierra en el proceso. Sin embargo, no hemos ganado nada, porque el pensamiento del gobierno es que entre más multinacionales lleguen habrá mayores ingresos para el estado pero nada nos quedará a nosotros”, agrega al ser indagado sobre los problemas que afrontan las comunidades putumayenses.

 

La paz del litoral

El XVI Encuentro regional para la Paz, también buscó encontrar puntos de confluencia entre las iniciativas sociales tanto del Putumayo y Nariño. Desde la lejana Tumaco, Luis Alfredo Vásquez, Presidente de Junta de Acción Comunal de la Comuna 3 también expresó sus inquitudes y aportes a la construcción de paz territorial.

 

Sobre la situación del puerto sobre el Pacífico puede decir que “esta tregua [de las FARC] ha traido que la situación en Tumaco haya mejorado. El comercio se ha reactivado. Además, el ejército está cumpliendo su papel. Las bandas emergentes ya no están activas, están controladas por la fuerza pública. Sin embargo, la única manera de atacar las rutas de narcotráfico es poder firmar la paz en La Habana. Espero que el presidente Santos cumpla y no traicione lo acordado como hizo el expresidente Uribe con los paramilitares, algo que generó la creación de bandas criminales”.

 

Acerca de la construcción de paz en el pacífico nariñense, Vásquez señala que “La solución no es solo llevar soldados o policías. La solución es inversión social. Hay 189 millones de dólares, listos para ser ejecutados. El problema es que hay una corrupción profunda que no permite que esos dineros se inviertan debidamente. Al no existir fuentes de ingresos ni condiciones de vida dignas los jóvenes emigran y nos vamos quedando solos”.

 

Mientras estas voces, y muchas otras llevaban a la plenaria del Encuentro Regional sus preocupaciones, los representantes de la Oficina del Alto Comisionado de Paz tomaban atenta nota de las problemáticas que preocupan a los actores sociales de la región. Sin embargo, la respuesta a problemas como el de la política minero-energética se quedan cortas, así como aquellas que atienden directamente a las inversiones necesarias para sacar adelante los proyectos que garanticen la construcción de una paz para el suroccidente de Colombia.

 

Como lo señaló Libardo Valdez, “si la guerra se hizo con plata, la paz debe hacerse con mucha plata”, premisa que pareciera no estar, al menos por ahora, en lo ofrecido por el Gobierno Nacional a aquellos sobre los que recaerá la labor de construir territorios de paz y reconcialiación que no atiendan directamente a las partes en conflicto. 


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