"Las organizaciones de base son la semilla para la generación de paz"

Por: Geraldkurt / @Geraldkurt | Julio 24, 2015

Son innumerables las experiencias de vida asociadas a la construcción de paz que se pueden conocer en una región como el Nudo de Paramillo. La de Elvira Negrete y la Fundación Vivir Bien es un ejemplo de cómo se construye paz desde la región.

Elvira Negrete a sus 44 años es la representante legal de la Fundación de Mujeres Profesionales, Vivir Mejor. Esta iniciativa, afincada en Valencia, Córdoba, se ha encargado de llevar esperanza a cientos de familias que han encontrado en el trabajo colectivo la mejor manera de salirle al paso a la violencia perenne del Bajo Cauca Antioqueño y del Nudo de Paramillo.

 

Desde hace 13 años, 8 mujeres ser asociaron para crear una fundación que les permitiera sanar la heridas dejadas por la guerra y poder superar las condiciones de pobreza en que muchos viven en las estribaciones del Nudo de Paramillo.

 

Este accidente geográfico, que separa al Urabá-Darién del Bajo Cauca Antioqueño ha sido una zona de guerra desde que los paramilitares intentaran sacar de allí a las Farc y controlar el corredor que conecta al Río Cauca con el Istmo de Panamá.

 

Los asesinatos, extorsiones y desapariciones fueron una constante en la década de los 80 y 90, extendiéndose hasta los primeros años del nuevo milenio.

 

A pesar de ello la experiencia de la Fundación Vivir Mejor ha sido un ejemplo de lo que se puede hacer cuando de construir paz se habla.

 

Como lo cuenta Elvira, fueron 8 mujeres las que “sembraron esa semilla de paz”. Una experiencia que siguió creciendo hasta tener una red de 760 asociados, articulados en varios proyectos productivos. Además, cuentan con el apoyo de una red de pastores y sacerdotes

 

Con el apoyo de Colombia Responde se empezó este proyecto que pasó de buscar fuentes de ingresos para los asociados a vender servicios de atención sicosocial al ICBF o a las alcaldías de la región. Sumado a ello tienen asociados que producen alimentos congelados y también prestan el servicio de atención de eventos y alquiler de auditorios.

 

Además, este proyecto integra a una red de productores y comercializadores de plátano del Alto Sinú, una red de productores y comercializadores de yuca del Alto San Jorge, una red de productores piscícolas, una red de mujeres y una red juvenil. Con estas redes tendidas, Elvira se ha dado cuenta de que el trabajo colectivo en pro de la asociatividad es mucho más satisfactorio y rentable que desarrollar proyectos que busquen la sostenibilidad inmediata.

 

Mientras los asistentes al XIV Encuentro Regional para la Paz, realizado en Caucasia el 16 y 17 de julio, se ubican en sus sillas para continuar los debates y mientras varios integrantes de la Red Nudo de Paramillo se preparan para empezar el viaje a sus tierras, Elvira cambia de mirada y pasa de hablar de proyectos productivos a explicar la forma en que este tipo de experiencias construyen paz.

 

Ella es clara en señalar que el perdón y la paz deben venir de uno mismo. “El corazón debe sanarse para poder pensar en superar la violencia”, sostiene mientras la mirada en el infinito la hace regresar catorce años en el tiempo. Elvira reconstruye una tarde remota, cuando tenía treinta años, en la que los paramilitares asesinaron a su padre en las calles de Valencia. Él, candidato a la alcaldía por el Partido Conservador, recibió varios disparos por la espalda, hecho que genera que Elvira mire sobre su hombro varias veces cuando camina por las calles.

 

El día del asesinato de su padre, ella se encerró con sus hermanos hasta que no estuvieron calmados los ánimos. De esa manera logró evitar que estos dijeran en público comentarios pudieran ponerlos en riesgo, y pudo prevenir cualquier acto de retaliación generado por el dolor y el rencor. Cuenta Elvira que desde ese día “comenzamos una terapia basados en una enseñanza de nuestro papá. Él decía que con los fuertes no se pelea con las armas de la guerra, con ellos se pelea con las armas de la paz”. Esa terapia y esas enseñanzas le permitieron salir del ciclo del dolor y convertirse en abogada, al igual que sus dos hijos.

 

Hoy en día la satisfacción por haber sacado a delante este proyecto es algo cotidiano en la vida de Elvira y es algo que se nota en su forma de hablar y de mirar, ambos, actos fincados en la calma y en el respeto por lo que el otro tiene que decir. Sin embargo, el trabajo no está terminado. Existen retos en la región. Uno de ellos es lograr el empoderamiento de las mujeres para que puedan tener mayor presencia política y lideren más procesos sociales y comunitarios. Este es un propósito que la Fundación Vivir Bien se ha impuesto como tarea para el tiempo que viene.

 

Mientras tanto, Elvira continúa en Valencia, Córdoba, demostrando que es posible el perdón, como piedra de toque de la construcción de paz desde el territorio, sin que para lograrlo deba haberse firmado primero un acuerdo entre el Gobierno Nacional y las Farc.

 

 

Red Nudo de Paramillo


116 organizaciones sociales de base han logrado articularse alrededor de esta red para pensar estratégicamente la región. A través de proyectos productivos, afianzamiento de la legalidad y búsqueda de una nueva institucionalidad basados en las comunidades que allí habitan.

 

Esta red acoge a 24 mil personas que han podido acceder a 1380 millones de pesos para desarrollar experiencias productivas que permitan reconstruir el tejido social de una región golpeada por la guerra que asola al país.

 

En las 105 mil hectáreas que comprende el Nudo de Paramillo hay 83 cabildos indígenas que también se han articulado con esta red que busca la consolidación regional de una paz estable y duradera en uno de los corredores estratégicos más importantes del país. 


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