Colombia no avanza

Por: El Economista América | Noviembre 6, 2014

El Consejo Privado de Competitividad presenta propuesta integral de Política de Desarrollo Productivo. Colombia debe complementar sus esfuerzos en materia de competitividad con una política como la que presentó el Consejo Privado de Competitividad. 

Este es el tipo de Política Industrial y Agrícola Moderna que necesita el país, afirmó la Presidente del Consejo Privado de Competitividad, Rosario Córdoba Garcés, en el lanzamiento del Informe Nacional de Competitividad (INC) 2014-2015, una publicación anual en la que se analizan los principales problemas que tiene Colombia para ser competitiva y se hacen recomendaciones de política para que sean tenidas en cuenta por el Gobierno nacional, los gobiernos locales y los empresarios.

 

Esta propuesta de Política de Desarrollo Productivo, entendida como los esfuerzos para incrementar el nivel de sofisticación y diversificación del aparato productivo colombiano, es un insumo muy valioso para la discusión del país, especialmente en el contexto actual en donde queda claro que terminaron los vientos de cola que impulsaron la economía colombiana en los últimos años, sostuvo Córdoba Garcés.

 

Más allá de un diagnóstico con los principales aprendizajes de lo que el país ha hecho en la materia, la propuesta de Política de Desarrollo Productivo del Consejo Privado de Competitividad contiene 10 principios que deberían enmarcar el diseño e implementación de esta política, incluye objetivos concretos y ambiciosos en materia de crecimiento, sofisticación y diversificación (como tener un ingreso per cápita de US$ 30.000 al año 2032), al igual que una propuesta sobre cómo priorizar esfuerzos verticales en el marco de esta política.

 

Este documento incluye seis estrategias que contienen más de 50 recomendaciones de instrumentos en materia de Ciencia, Tecnología e Innovación; capital humano; adopción de buenas prácticas, tecnología y modernización productiva; emprendimiento; fomento de exportaciones e inversiones; y financiamiento. Adicionalmente, contiene un análisis del costo país y propuestas de ajuste a la institucionalidad del Sistema Nacional de Competitividad e Innovación, tanto a nivel nacional como local, que permitirían articular y coordinar a todos los actores relevantes para el desarrollo productivo del país.

 

El propósito es que esta propuesta de política se convierta en una pieza clave para la construcción del Plan Nacional de Desarrollo 2014–2018 y permita organizar los esfuerzos que el país está haciendo en la materia. Adicionalmente, se espera que ésta sirva de insumo para la discusión de política de desarrollo en las regiones del país.

 

Uno de los principales cuellos de botella que debe abordar una Política de Desarrollo Productivo es contar con un capital humano acorde a las necesidades del sector productivo. Por lo tanto, el reto de Colombia es encontrar la mejor forma de que su sistema de formación responda ágilmente a las necesidades del sector productivo.

 

Aunque la economía colombiana ha tenido un buen desempeño en la última década, existen grandes nubarrones en el horizonte que ponen en riesgo la continuidad de las altas tasas de crecimiento. Por ejemplo, el aumento considerable en los niveles de inversión no ha venido acompañado por un incremento en la productividad total de factores.

 

La falta de crecimiento en la productividad ha llevado a que Colombia no pueda cerrar las brechas frente a otros países, incluso en el contexto Latinoamericano. Por ejemplo, se necesitan 4,5 trabajadores colombianos para producir lo que produce un trabajador en Estados Unidos. Adicionalmente, existe una gran heterogeneidad en la productividad de los diferentes sectores. Muchos sectores en el país se encuentran lejos de la frontera eficiente de producción.

 

Asociado a esta baja productividad está el bajo nivel de sofisticación y diversificación del aparato productivo colombiano. Lo anterior se refleja en la pérdida de sofisticación de las exportaciones colombianas y en su baja diversificación. Las exportaciones se concentran cada vez más en productos basados en recursos naturales y de baja intensidad tecnológica. Mientras en 2001 los productos primarios (esencialmente recursos naturales) representaban cerca de 60% de las exportaciones, en 2013 pasaron a representar más del 80% del total de exportaciones. Igualmente, en términos de diversificación, 72% de las exportaciones se concentran en los mismos cinco productos de siempre (petróleo, carbón, oro, café y flores).

 

Por lo tanto, si el país quiere seguir creciendo a altas tasas, a la agenda horizontal de competitividad –que busca resolver cuellos de botella de forma transversal para todos los sectores de la economía (tales como mejoras en la calidad de educación básica y media, construcción de corredores logísticos, eficiencia de la justicia, flexibilización del mercado laboral, entre otros)–, hay que sumarle una agenda vertical profunda (o Política de Desarrollo Productivo) que apunte directamente a propiciar la transformación del aparato productivo y, por consiguiente, el crecimiento económico. Esta agenda implica la implementación de medidas que solucionen distorsiones y cuellos de botella que limitan este proceso de transformación.

 

La evidencia empírica muestra que han sido los países que han implementado políticas de este tipo –como Corea del Sur, Malasia, Tailandia y China– quienes se han convertido en los milagros económicos de los últimos cincuenta años.

 

Por otro lado, cabe resaltar que a pesar de los diversos esfuerzos que viene haciendo el país, cuatro años han pasado y no se han visto mayores avances en materia de competitividad. De acuerdo con el Índice Global de Competitividad (IGC) del Foro Económico Mundial (WEF por su sigla en inglés), el cual se ha convertido en el principal referente en materia de competitividad a nivel mundial, Colombia pasó, entre 2010 y 2014, del puesto 68 entre 139 países al puesto 66 entre 144 países. Esta situación es preocupante en la medida en que en el contexto latinoamericano, el país ocupa el séptimo lugar, lejos de la meta fijada hace ocho años de convertirse en 2032 en la tercera economía más competitiva de América Latina. En el entretanto, otros países como Costa Rica, Perú y Panamá han tenido logros importantes en materia de competitividad, que les ha permitido avanzar sustancialmente en este indicador, superando a Colombia.

 

La imposibilidad de avanzar en materia de competitividad debe llevarnos a hacer un alto en el camino y reflexionar sobre cómo lograr resultados más efectivos en competitividad”, señaló Rosario Córdoba. Si bien se han hecho varios esfuerzos para mejorar la competitividad del país, éstos han quedado cortos y de continuar la misma tendencia, la posibilidad de alcanzar la meta en 2032 será cada vez más remota. Para corregir esto, el INC 2014–2015 plantea una agenda de competitividad de gran envergadura que, de implementarse, permitiría mejorar los fundamentales microeconómicos para que todos los sectores se beneficien. En esta ocasión, los capítulos del Informe incluyen un diagnóstico de los temas que el Consejo Privado de Competitividad considera son los más relevantes, así como, metas y acciones específicas para impactar la competitividad y lograr en 2032 ser el tercer país más competitivo de la región.

 

El INC 2014–2015 hace seguimiento a 14 áreas fundamentales para la competitividad del país: Educación, Salud, Pensiones, Mercado Laboral y Formalización, Ciencia, Tecnología e Innovación (CTeI), Desempeño Logístico: Infraestructura, Transporte y Logística, Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, Sistema Financiero, Sistema Tributario, Promoción y Protección de la Competencia, Justicia, Corrupción, Energía y, por primera vez incluye un capítulo relacionado con la Eficiencia del Estado y su incidencia sobre la implementación en la agenda de competitividad del país. Si bien existe un compromiso con el mejoramiento de la administración pública, lo cierto es que los problemas de eficiencia del Estado se están convirtiendo en una restricción vinculante para el desarrollo de esta agenda. Por lo tanto, el objetivo de otro de los paneles es discutir las razones que hacen que Colombia tenga un Estado poco eficiente y los pasos que se deben tomar para mejorar esta eficiencia; en particular, para simplificar la relación entre el Estado y el empresariado.

 

Adicionalmente, la Presidente del Consejo afirmó que la tarea de mejorar la competitividad del país no es responsabilidad exclusiva del Gobierno nacional.  Desde hace varios años el Consejo Privado de Competitividad viene haciendo énfasis en que las regiones juegan un rol fundamental en ésta, en la medida en que una parte importante de la competitividad del país se gesta desde el nivel local. Sin embargo, con algunas excepciones, se evidencia una gran debilidad institucional desde el nivel local, que hace indispensable continuar fortaleciendo las Comisiones Regionales de Competitividad (CRC), de manera que se conviertan en los espacios de discusión y definición de las visiones de largo plazo de los departamentos.

 

En línea con esto, como complemento al INC 2014-2015 y a la propuesta de Política sobre Desarrollo Productivo, el Consejo Privado de Competitividad en conjunto con el CEPEC de la Universidad del Rosario lanzó  el pasado 28 de octubre el Índice Departamental de Competitividad 2014, cuyo objetivo es analizar el desempeño de 21 departamentos y de la ciudad de Bogotá en diez pilares relevantes para la competitividad: instituciones, infraestructura, tamaño del mercado, educación básica y media, salud, medio ambiente, educación superior y capacitación, eficiencia de los mercados, sofisticación y diversificación, e innovación y dinámica empresarial.

 

De acuerdo con Rosario Córdoba, se espera que este Índice contribuya a fortalecer las agendas de competitividad regionales y a focalizar esfuerzos. Así mismo, se espera que éste se convierta en una herramienta que año a año permita identificar los puntos fuertes y débiles de cada región del país.

 

Pero la competitividad no depende sólo del sector público, de acuerdo con Córdoba, el sector privado juega un papel fundamental en ésta. Existe mucho espacio para mejorar la productividad al interior de las empresas sin tener que esperar a que el Gobierno haga todo. Por ejemplo, mayor innovación, mejoras en materia logística, uso de TIC, capacitación del capital humano, trabajo en clusters, vínculos universidad–empresa, entre otros, con certeza incrementarían la productividad de las empresas y, por consiguiente, la competitividad del país. Por lo tanto, según Córdoba, es crucial que el sector privado reconozca su corresponsabilidad con la competitividad del país e identifique las diferentes áreas donde podría mejorar su productividad.


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