Contra 10 no hace falta Messi: 6-0

Por: El Confidencial | Enero 17, 2016

Lio Messi no saltó a la cancha con el resto de sus compañeros en la reanudación, pero no pasó a mayores. El Barça aprovechó jugar contra 10 del Athletic Club y avasalló.

Se planteaba una noche de felicidad inalterable en el Camp Nou. Un partido contra el Athletic Club garantiza un espectáculo de uno y otro equipo y, por tanto, el disfrute completo del aficionado imparcial. Pero en este caso, la alegría iba a ser de exclusividad azulgrana.

 

Porque Messi le enseñaba al Camp Nou el quinto Balón de Oro. Cinco veces ya hemos visto la imagen del argentino vestido de uniforme enseñándole a su afición esa pelota dorada. Y cuando no había hecho nada más que iniciarse el partido (obviando la película de terror que empezó a emitir Gerard Piqué), Suárez conseguía que Mateu Lahoz expulsase a Gorka Iraizoz y señalase el punto de penalti. Messi ya tenía su gol el día de su quinto homenaje de oro. El final de esta historia fue feliz, pero hubo un pequeño escalofrío que aún recorre la columna vertebral del barcelonismo.

 

El Barça dejó bastante claro durante dos meses que puede vivir sin Messi. Ganó casi todo lo que se le puso por delante, con goleadas, con un juego excelente y con Neymar y Suárez repartiéndose el peso de los goles en ausencia del '10'. Pero aunque todo lo bueno realizado sin él se volviese a repetir, no es lo mismo que no esté Messi.

 

Nadie quiere un Barça sin Messi. No lo tendrán, al menos en un futuro a medio plazo. Pero acongojó, y no precisamente poco, no ver salir a Messi con el resto de sus compañeros en la reanudación del partido. ¿Qué le había pasado a Leo? ¿Otra lesión?

 

Nada de eso, no al menos de forma oficial. Messi está bien y se quedó en el vestuario cuando empezaba la segunda parte porque notó unas pequeñas molestias en los isquiotibiales de la pierna derecha.

 

Con un partido que había venido ya hecho, que solo había que calentarlo un poco en el microondas para que las palomitas empezaran a hacer 'pop', Luis Enrique y Messi (porque estas decisiones no las toma el técnico de manera unilateral) decidieron que no había ninguna necesidad de arriesgar. Si esto hubiese sido el partido de vuelta de cuartos y la eliminatoria estuviese abierta, Messi habría seguido jugando. Al no serlo, no tenía sentido que lo hiciera. Ya había marcado su gol en el penalti de Iraizoz a Suárez, incluso.

 

Hablemos de ese penalti. ¿Cuántos años se lleva diciendo casi al unísono en el mundo del fútbol que el triple castigo del penalti y expulsión es injusto y desmedido sin que la FIFA tome cartas en el asunto? Seamos sinceros, no tiene ningún sentido esa regla. Ya es suficientemente duro que te piten un penalti como para, además, quedarte con un jugador menos que es, también, sancionado para el siguiente encuentro.

 

Pero Mateu Lahoz hizo lo que le mandan hacer. Si el portero rojiblanco derribó a Suárez en plena ocasión manifiesta de gol, tenía que expulsarlo, ya fuera dentro del área, fuera o en Mordor. Su decisión fue correcta, otra cosa es que fuera justa, en lo cual su criterio poco o nada puede influir.

 

La adaptación de Arda

Pero jugar sin Messi ya no es una prueba para el Barça. En ese examen ya sacó un sobresaliente en la primera evaluación de la temporada. Y por aquel entonces lo hizo sin que estuviese todavía inscrito como jugador culé Arda Turan, lo cual añade un poco más de valor si cabe al fantástico rendimiento culé por esa época.

 

Fue el turco el que entró al campo por el rosarino para jugar de lo mismo haciendo otra cosa. A Arda no se le puede pedir lo mismo que a Messi, porque sería como pedirle a Mathieu que tuviese la visión espacial de Busquets. Arda juega a otro ritmo, es la pausa hecha hombre barbudo. Pasarán semanas, meses incluso, hasta que un día digamos que Arda por fin ha encajado en el esquema del Barça, en el estilo de Luis Enrique, y nos estaremos equivocando gravemente, porque Arda ya está más que integrado.

 

La pregunta que debemos hacernos ahora es: ¿desentona Arda cuando juega? No, en absoluto. Por tanto, está integrado. Si un jugador no se acopla al Barça, se evidencia. Corta el ritmo de las jugadas, arranca cuando debe frenar, no participa. Arda hace lo contrario. Y para culminar, asiste.

 

El partido se desluce por completo si se juega 10 contra 11 desde el principio, y los análisis que hagamos de este encuentro estarán sesgados por esa incidencia. Empezando por que no pudimos ver en qué quedaría esa presión altísima (a la altura del área pequeña de Bravo) con la que salió el Athletic.

 

Nos quedamos con las ganas de disfrutar de Muniain como titular por primera vez desde su lesión. Y también, disfrutamos de Neymar y Suárez ('hat-trick' para estrenarse en 2016) en plenitud jugando aparentemente contra niños, pero por el desánimo bilbaíno, que se sintió desamparado desde la roja hasta el minuto 90.

 

Ha habido días en el fútbol que jugando 10 contra 11 han ganado los que iban con uno menos. El Athletic, sin embargo, decidió dejar de competir. Claro que la jugada apoteósica de Neymar que acabó en el gol de Rakitic se vio poco influenciada por la inferioridad numérica rival.


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