Barcelona vuelve a ser el rey de Europa con otro triplete

Por: El confidencial/Jesús Garrido | Junio 6, 2015

Si lo dicen en enero, nadie se lo cree. El Barça ha vuelto a ganar el Triplete, como en 2009, después de una final en la que empezó de maravilla con Rakitic, Morata sembró dudas... pero Suárez decidió.

Si lo dicen en enero, el planeta entero se habría desternillado y con toda la razón del mundo. Pero este sábado 6 de junio ha hecho que nada de lo que pueda parecer lo lógico sea así. El Barça es campeón de Liga, campeón de la Copa del Rey y campeón de Europa. Otra vez, como en 2009, pero de otra manera, ni mejor ni peor, ni más brillante ni menos, simplemente lo mismo pero echo de otra forma. Lo ha hecho con el estilo de Luis Enrique, el mismo que supuso reconocer que no era él el director de orquesta, sino que lo era Leo Messi. Y como Leo Messi quiso, el Barça lo ha ganado todo. Lo hizo sobre una Juventus (3-1) señorial que entregó hasta la última gota de sudor, pero que poco más podía hacer ante una bestialidad de equipo.

 

Decían que de lo que más se tenía que preocupar la Juventus era de frenar a Messi. Lo decían los niños en el parque dando patadas a la pelota contra la pared, los del carajillo en el bar y los mejores especialistas en este deporte. Es decir, lo sabe cualquiera. Todos saben que si se consigue que Messi parezca sólo muy bueno en vez de ser el mejor del mundo, las posibilidades de que el Barcelona no ganase la final se reducirían estrepitosamente. Lo que pasa es que es el mejor del mundo, entonces da igual lo que organice el rival, que si él no puede desarrollar su preciosismo, hará otra cosa menos vistosa, pero igual de efectiva, de trascendental.

 

Como hace siempre el Barça, entra al campo adormilado, como confiado en que en algún momento va a tomarse ese café bien cargado que le va a quitar la modorra de encima y le espabilará a lo largo del partido. Esa cafeína se llama Messi y es la más efectiva que ha inventado la humanidad. No hay día que no despierte al Barça. Esta vez se tomó ese café a los tres minutos. Antes de eso, la defensa tenía una cogorza bien importante de a saber qué refrigerio fermentado. Cualquier balón por la zaga azulgrana suponía un desvarío sin solución aparente. A Messi no le gustó lo que estaba viendo y decidió dar continuidad con un cambio de juego idílico a una jugada de esas que dentro de unos años seguiremos admirando como una de las mejores de la historia de las finales.

 

Sucedió en esos momentos que no se ven en las finales hasta que han entrado bien en el partido. La Juve todavía estaba creyéndose que podía hacer algo en el partido, que iba a aguanta el inicio del Barça porque estos estaban nerviosos, imprecisos. Pero en esa jugada rápida, hermosa por la velocidad y por su precisión, se acabó el partido de la Juventus hasta que más de cincuenta minutos después, Morata hizo de nuevo ilusionarse a la mitad de Turín… y a la mitad de Madrid. Todas las decisiones fueron correctas, las que tocaban en ese momento. El primer toque de Alba, la paciencia de Neymar, el corte de Iniesta y la posición de Rakitic.

 

Y lo peor es que el gol de Rakitic viene también originado por la decisión más que lógica de reforzar lo máximo posible la zona derecha del ataque del Barça, es decir, la zona de Messi. La Juve estaba basculada hacia su costado izquierdo, intentando cerrar los máximos espacios para el argentino, con la consecuencia de que así se liberaban en cierto modo los del lado contrario, y de ahí que ese pase de Messi, ese desahogo que parece perdido en el partido se convierte en la clave que inclina hacia un lado una final. En los detalles están los triunfos.

 

La bofetada del gol tuvo el efecto contrario en la Juventus al que tuvo el café de Messi… o según se mire, puede que tuviera el mismo, pero originando un descontrol irrefrenable que no parecía tener pausa posible. El nervio a partir de entonces permitió al Barcelona acumular ocasiones en las estadísticas, pero no goles en las redes. Pirlo ya no tiene la fuerza de estos últimos años, en los que además del mejor creador era también un fantástico destructor y por eso encajó tan bien como pivote. Esa flaqueza la aprovechó Busquets para apoderarse del centro del campo y la imaginación del mejor Iniesta de la temporada hizo el resto. Luego si Suárez y Neymar hubieran estado tan acertados como en sus goles en la segunda parte, no habríamos tenido la emoción de la que se adueñó la segunda parte.

 

Buffon sostuvo a la Juve. No es un decir, es una realidad irrefutable. Esa parada desmesurada a Dani Alves mantuvo vivo a su equipo. Viendo lo que estaba costando marcar, el Barça se conformó con el premio momentáneo que tenía y decidió tratar de aguantar lo que quedaba por delante hasta el descanso minimizando los posibles errores propios y los posibles aciertos contrarios. En esa vicisitud fue determinante la entrega constante de Álvaro Morata, el mayor incordio que ha tenido la pareja de centrales azulgrana. El madrileño era el principal peligro cuando encontraba algo de espacio para echarse a correr, donde era superior a cualquiera, y también luchaba entre iguales en el cuerpo a cuerpo.

 

En realidad, esta final defina perfectamente lo que ha sido la temporada del Barcelona y su manera de ganar partidos. Tiene  un mal comienzo, más o menos breve dependiendo de cuánto decida esperar Messi para cambiar el partido; después asume el mando de manera ejemplar, titánica, hasta que de repente tiene un bajón que suele coincidir irremediablemente con el mejor momento del rival, que si tiene la suerte de Morata, se encontrará con un rechace que les permita creer. Pero este Barça tiene un ángel también, una flor que aparece cuando menos se espera y cuando más se necesita.

 

Nadie recordará por desgracia el gol de Morata. No pasará a los anales porque no fue de bella ejecución, sino que ocurrió de manera similar al 1-2. Morata no lo olvidará, porque marcó en una final de Champions, pero lo hizo en la que no ganó. Sin embargo, nadie debería olvidar jamás el taconazo de Marchisio que empezó la jugada. Un taconazo de genio mundial que habilitó a Lichtsteiner como no había otra manera de hacerlo. Todos decían que el bueno era Pogba, o Pirlo, o Vidal, pero nadie sabía que el que más complicó la vida al Barça, por el que el Barça estuvo cerca de no ser por quinta vez campeón de Europa fue por el guapo, por el de los ojos azules que lleva el 8 de Tardelli.

 

¿Recuerdan el último Clásico de Liga? Aquel en el que tras el empate de Cristiano Ronaldo, el Barça parecía muerto y el Madrid tenía el partido y quién sabe si la Liga en su mano. Acumuló ocasiones, tenía la posesión y al Barça acongojado por momentos. Y en un momento dado, sin previo aviso, aparece alguien, que tanto aquella vez como ésta fue el mismo, Luis Suárez, para desequilibrar de nuevo la balanza en favor culé. Y todo fue de nuevo gracias a Messi, ese relámpago imposible de derribar aunque se le tire encima Pogba (recuerden, Pogba es un tío de casi dos metros). En el rechace estaba el Pistolero, que se perdió dos meses de competición y jugó los últimos cinco en el mejor estado físico posible. El chico de los partidos importantes ganó una final con su gol.

Ficha técnica:

1 - Juventus: Buffon; Lichsteiner, Bonucci, Barzagli, Evra (Coman, min.89); Pirlo, Pogba, Marchisio, Vidal (Pereyra, min.79); Tévez y Morata (Llorente, min.85).

3 - Barcelona: Ter Stegen; Alves, Piqué, Mascherano, Jordi Alba, Sergio Busquets, Rakitic (Mathieu, min.90+1), Iniesta (Xavi, min.68), Messi, Luis Suárez (Pedro, min.90+5) y Neymar.

Goles: 0-1: min.4: Rakitic, 1-1: min.55: Morata. 1-2: min.68: Luis Suárez. 1-3: min.97+: Neymar.

Árbitro: Cüneyt Çakir (TUR). Mostró tarjeta amarilla a Vidal, (min.11), Pogba (min.41) y Luis Suárez (min.70).

Incidencias: Final de la Liga de Campeones 2014-15 disputado en el Estadio Olímpico de Berlín ante unos 75.000 espectadores.


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