Homenaje al actor Carlos Muñoz

Por: Oscar Sevillano / @sevillanojarami | Enero 12, 2016

Son muchas las estrellas que han pasado por nuestra pantalla chica, que han hecho historia por el profesionalismo con el que han interpretado los personajes en telenovelas, comedias y series, pero por muy buenos que estos han sido, ninguno ha logrado la misma huella que en nuestra televisión deja el actor recién fallecido Carlos Muñoz.

Fueron muchos años de trabajo, en el que demostró que un artista no se hace de la noche de la mañana; que para interpretar a un personaje, no es necesario estar entre los 15 y 30 años, tener abdominales marcados y cuerpo atlético. Que el verdadero actor no es el que parece sacado de un cuento de hadas, ni el que se hace en los quirófanos a punta de cirugías, sino el que logra interpretar al personaje al hombre cotidiano, ese que trabaja de sol a sol, de piel curtida, bajito alto, gordo o flaco, características que le hace creíble ante la teleaudiencia que le sigue en el día a día.

 

Fue así como Carlos Muñoz le dio vida a personajes inolvidables como el Padre Pio Quinto Quintero, párroco de la iglesia en el pueblo de San Tropel, producción dirigida por Bernardo Romero Pereiro que recreó la época en la que la iglesia inspiraba un respeto profundo en nuestra sociedad, al punto en que más que un consejero y guía espiritual, el sacerdote era un cogobernante en la región.

 

De ser un sacerdote, en cuestión de meses Carlos Muñoz pasó a interpretar a Epifanio del Cristo Martínez en la telenovela Caballo Viejo, junto a la actriz María Cecilia Botero y los también actores Gustavo Angarita, Consuelo Luzardo, Patricia Maldonado y Luis Eduardo Arango. En esta ocasión este artista dio vida a un gamonal conservador, fiel a sus principios y buen actuar, del municipio de San Jerónimo de los Charcos.

 

Finalizando este papel, dejó de ser el bueno de las novelas y pasó a interpretar a Artemio Leguizamón, un hombre siniestro, quien para realizar sus fechorías se vestía bajo la máscara del Capital Olvido, un pirata temido en la región por sus malas acciones, las que eran neutralizadas por Generoso El Guajiro, el héroe de aquel territorio interpretado por Armando Gutiérrez, con quien Carlos Muñoz debía disputarse el amor de Claramanta Suárez de Figueroa Sarmiento, una chica de buena familia, rebelde y vanidosa, personaje encarnado por Margarita Rosa de Francisco.

 

Carlos Muñoz demostró que no solo tenía garra para interpretar a cualquier personaje, sino que además podía pisar duro en otros escenarios. Es así como llegó a ser congresista y miembro de la Comisión Nacional de Televisión, dándonos como lección que una persona no debe encacillarse en determinado círculo, sino que además debe explorar otros mundos, donde también puede realizar un excelente trabajo.

 

Colombia jamás podrá olvidar a este actor que llegó a para quedarse en nuestros corazones y nuestra memoria, al igual que lo han hecho artistas de su misma talla como Teresa Gutiérrez, Delfina Guido, María Eugenia Dávila, etc., que junto a este artista posicionaron a nuestras producciones como una de las mejores en América Latina, destronando a las mexicanas y venezolanas, las que durante muchos años encabezaron el rating.

 

El constante trabajo de Carlos Muñoz en nuestra pantalla chica, demuestra que ser actor va más allá de una cara bonita y cuerpo atlético. El jamás tuvo que pasar por un quirófano para interpretar a un personaje y logró mantenerse en la televisión colombiana, hasta el último de sus días.

 

A su lado estuvieron modelitos de pasarela, ellos se fueron y el se mantuvo, prueba de que nunca necesitó de bisturí y del gimnasio para ser quien fue. Carlos Muñoz estuvo en la televisión colombiana desde sus inicios, y a lo largo de su trayectoria artística fue un ejemplo de profesionalismo y compromiso con cada proyecto que realizó. Tanto la televisión como la radio en Colombia han perdido a un gran Maestro.

 

Carlos Muñoz recibió muchos premios a lo largo de su vida artística. Sin embargo, el mejor y mayor galardón que puede recibir un artista de su talla, es que el país que le vio nacer y al que le entregó su trabajo, le recuerde por siempre y mantenga su legado como una obra invaluable.


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