¿Cuánto nos va a costar el posconflicto?

Por: Oscar Sevillano / @sevillanojarami | Diciembre 11, 2015

Plasmar la opinión personal que se tiene sobre algún hecho relacionado con un país como Colombia no es fácil, porque son más los amigos que se pierde que los admiradores que se gana, sin embargo hay momentos en los que es necesario decir lo que se piensa cuando se tiene la percepción de que algo está fallando, para que a tiempo se corrijan posibles errores.

Pensé mucho antes de escribir esta opinión, porque de una u otra forma está muy relacionada una persona por la que siento un profundo respeto y admiración, el Director Nacional de Planeación Simón Gaviria, quien indudablemente ha realizado una importante labor al frente de la entidad y a quien tuve la oportunidad de prestarle mis servicios profesionales en su Unidad de Trabajo Legislativo durante su último período en la Cámara de Representantes.

 

No dudo que es importante conocer experiencias de otros países en materia de posconflicto. No dudo que puede ser enriquecedor saber cuáles fueron las cifras de crecimiento en Irlanda, Filipinas o Suráfrica luego de la superación de la guerra, pero más que eso, lo que Colombia entera hoy se está preguntando, es ¿cuánto nos va a costar ese posconflicto?.

 

Es claro que se necesitan ejemplos, por eso considero que en el reciente estudio presentado por el DNP, hubiese sido mejor tener en cuenta realidades como la del Perú que es una nación cercana a la nuestra, no solo en lo territorial, sino también en su economía, la que al igual que Colombia, depende en gran cantidad de la agricultura. No creo que sea muy objetivo el haber centrado la atención en casos que le resultan lejanos a nuestro país.

 

Sin embargo, por importante que sean estos ejemplos de crecimiento y desarrollo en naciones que han superado sus conflictos internos, hoy la pregunta no es si esto va a mejorar las condiciones económicas en los distintos territorios de nuestro país. Es una cosa tan obvia, que equivaldría a descubrir que el agua moja.

 

Por supuesto que la superación del conflicto mejora las condiciones de vida en las distintas regiones; por supuesto que el cambio es positivo para municipios y veredas donde se vive el conflicto armado con mayor intensidad. La pregunta, ¿es como llevar a cabo una economía del posconflicto en Colombia?; ¿Cuáles serían los territorios a los que se le daría prioridad?; ¿Cuál sería el factor diferencial en el tratamiento que se debe dar entre un departamento y otro? ; ¿Es necesario ampliar el número de municipios del posconflicto que estipula el Plan Nacional de Desarrollo (125)?. Estos son los interrogantes que existen en el momento y que tanto Planeación Nacional como el Ministerio de Hacienda, se están tardando en responder.

 

No entiendo el porqué de la demora del Departamento Nacional de Planeación y el Ministerio de Hacienda para iniciar el debate sobre las metas de inversión, tras la superación de la guerra en Colombia. Esta discusión no da espera, entre otras porque se necesita despejar la duda de si se va a crear un nuevo impuesto a la clase empresarial, que permita recaudar mayor cantidad de dinero para el posconflicto y si se va a dejar el mismo porcentajes del presupuesto nacional que hoy día se destinan para las Fuerzas Militares y de Policía o si por el contrario, este sufrirá una reducción.

 

Hay respuestas que en Colombia no dan espera, una de esas corresponde a las necesidades que surgen tras la firma de la paz y que conformaría una etapa de posconflicto, que según lo que dan a entender tanto el Presidente de la República como los delegados del gobierno en la mesa de diálogos con las Farc, “esta se encuentra a la vuelta de la esquina”.

 

Si eso es así, me perdonarán, pero las condiciones en municipios y veredas del país no están dada para cuando llegue esa realidad. Mucho menos lo van a estar, si no damos la discusión desde ya.

 

Me perdonará señor Director Nacional de Planeación, usted conoce el gran afecto y admiración que siento hacia usted y hacia su trabajo, pero es mi obligación como ciudadano del común alertarle, porque que en este aspecto, se está demorando.


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