Respeto a la vida y a libertad de expresión

Por: Confidencial Colombia | @confidencialcol | Mayo 24, 2016

Editorial | El secuestro es una de las prácticas más crueles de un conflicto y una de las expresiones más degradadas de una organización ilegal. Colombia lleva décadas acumulando victimas de este delito que no sólo ha marcado la vida de quienes lo han padecido, sino de una sociedad entera que carga con su impronta profunda que siembra dolor y rencor.

Después de dolorosísimos episodios de secuestros que se prolongaron por décadas y en los que los rehenes se convirtieron en “moneda” de intercambio, ConfidencialColombia quiere sentar una posición editorial sobre, lo que parece ser, el secuestro de la periodista Salud Hernández Mora por parte del ELN. No sólo porque ella ha sido parte de esta casa, desde el consejo editorial, sino porque conocemos su profunda y comprometida labor para acompañar a las victimas de los secuestros a las que ha dedicado con tenacidad muchos años de su trabajo periodístico.  También, porque Salud Hernández  es una convencida de que la reportería se hace en el terreno,  donde suceden las historias, con personas de carne y hueso a las que les otorga la voz que muchas veces se les niega desde el periodismo centralista y de escritorio.

 

El secuestro de un periodista tiene un significado adicional. La doble condición de ciudadano y comunicador dimensiona la amenaza a la libertad de prensa principio básico de la democracia, y más aun cuando se viven momentos que alientan la construcción de un país que recoge sus errores para proyectarse al futuro. Este es entonces un momento que nos llama a una actitud que no permite la indiferencia, ni la pasividad. No es posible permitir que en este caso el ELN, continúe acudiendo al secuestro como un arma de negociación política.

 

Los medios de comunicación, ejerciendo su derecho a informar y su poder de influencia y de convocatoria podemos asumir una actitud más activa en la defensa de los derechos a la vida y a la libertad y, por supuesto, abogar porque a Salud Hernández Mora, como a los demás colegas que al momento de escribir este editorial se encuentran desaparecidos, sean puestos en libertad cuanto antes y se les garantice su integridad. 


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