Una sociedad sin maestros

Por: Gustavo Salazar Pineda | Marzo 6, 2017

Vengo de demostrar la decadencia y crisis sufridas en muchos países hace muchas décadas, este factor, ya se dijo, constituye   uno de los primordiales o principales problemas para entender lo que viene ocurriendo en la convulsionada sociedad desde mediados del siglo pasado y las dos décadas del presente.  La educación mal concebida y también en decadencia en los últimos tiempos, ha contribuido a la crisis aguda que vivimos como tejido social en esta llamada sociedad moderna.

Tiempos hubo en otras generaciones en que el maestro sentía verdadera vocación por la enseñanza, por la instrucción y por la adecuada formación de sus alumnos.  Ello se fue perdiendo y la mística, cual sacerdocio, de los educadores de tiempos pretéritos, fue reemplazada por la dejadez, la pérdida de vocación, la falta de adecuada preparación y sobretodo, se fue desvaneciendo el amor por el oficio del maestro con una profunda pasión.

 

La desaparición progresiva de verdaderos y auténticos maestros, cedió el paso a profesores buscando un escalafón, apegados a sueldos indignos y carentes por completo de una entrega a la hermosa tarea de formar generaciones bien instruidas, educadas adecuadamente e integrales como estudiantes y buenos seres humanos y ejemplares ciudadanos.

 

En Iberoamérica, se viene dando una profunda crisis en la educación y las actuales generaciones de jóvenes presentan grados superlativos de ignorancia, mala formación académica y pésima instrucción en muchos órdenes de la vida.  En materia de calidad en América Latina, viene siendo la constante en las últimas décadas, no solo en matemáticas e inglés se rajan los estudiantes evaluados en escuelas, colegios y universidades, sino en la deficiencia de conocimientos en múltiples áreas es alarmante.

 

En estos tiempos abundan los maestros de muy poca competitividad académica y se escasean alarmantemente los maestros como eran concebidos por nuestros antepasados.  El profesor se limita a repetir mecánicamente conocimientos que pretenden ser aprendidos monótona y distraídamente por los educandos. El profesor no hace otra cosa que leer superficialmente unos conceptos que entiende deficientemente y que transmite sin convicción alguna a sus alumnos, pues el objetivo del profesor es acceder al puesto para tener un oficio del cual derivar el sustento para sí y su familia.  No le importa al profesor de estos tiempos formar y educar integralmente a los niños y jóvenes, sino ganarse el pan de cada día.  La ecuación en sencilla:   profesores mediocres solo instruyen mal a aprendices que también pretenden apenas alcanzar los mínimos conocimientos para ascender al curso siguiente. 

 

El verdadero maestro no solo enseña lo que sabe, sino lo que es como persona.  Su vida y conocimiento sirven de modelo a los estudiantes que anhelan emularlo, imitarlo o superarlo, que es la razón última de una buena educación.  El maestro es punto de referencia, es un faro o una guía que el alumno tiene para llegar a ser una persona con excelentes conocimientos y muchas ideas para una vida tranquila, serena y feliz.  Porque no debe limitarse el buen maestro a transmitir conocimientos generales y abstractos, sino transmitir y enseñar con devoción reglas, principios de ética, moral y el arte de vivir a los aprendices.   Si como nos indica el médico español, Enrique Rojas, ha de ser un auténtico maestro:   “insinúa, tras su conducta académica, un estilo, una forma de vida atractiva sugerente, repleta de sentido, que empuja a imitarlo”.

 

Muchos en la enseñanza, como Don Bosco, Ignacio de Loyola y Luis Amigó, han sido verdaderos sabios y orientadores de niños y jóvenes a través de la historia.   En la actualidad pueden contarse con los dedos de las manos maestros que siquiera medianamente imitan e igualan a estos titanes de la educación y formación de excelentes alumnos.  En mi natal El Santuario, tuve unos verdaderos maestros:   Nevio Ospina Zapata y Heriberto Jaramillo Cano.

 

Presento un ejemplo al alcance de quienes vivimos en la región antioqueña de Colombia:   la Escuela de Minas y la Universidad Nacional contaron con grandes maestros a mediados del siglo pasado, con el paso de los años ha habido un declive en la calidad de muchos educadores de estos centros docentes.  La Universidad de Antioquia llegó a tener en su Facultad de Medicina eximios maestros en su especialidad.  Los galenos de ahora no tienen la prestancia y sabiduría de otros tiempos.

 

Muchas naciones gastan y despilfarran a manos abiertas en guerras y conflictos internos, mientras los rubros para educación y salud son los más bajos del presupuesto.

 

Hoy la humanidad tiene más profesionales con conocimientos rudimentarios, pero cuenta con muy pocos maestros y sabios en el sagrado arte de formar juventudes.  Internet pretende suplir las deficiencias académicas universitarias, pero lo único que logra es confundir a millones de personas con múltiples datos que no hacen más que desconcertar a quien los adquiere.

 


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