La Coalición Colombia, razón de un nuevo amanecer

Por: Jaime Acosta Puertas - @acostajaime | Diciembre 18, 2017

Hace ocho años Antanas Mockus, Enrique Peñalosa y Lucho Garzón, probaron una alianza para sondear un espacio en las elecciones del 2010, y al tiempo Sergio Fajardo hacía campaña para aspirar a la presidencia por Compromiso Ciudadano. A los trillizos les fue bien, pero no al exalcalde de Medellín, porque no sacó ningún congresista en las elecciones parlamentarias y sin partido no podía seguir el camino a las elecciones presidenciales. Así nació un acuerdo donde Mockus era el candidato y Fajardo la llave. Se pasó a segunda vuelta, se perdió con Santos y la Ola Verde desapareció, pues nació de la nada y desapareció sin nada. Cada quien cogió su camino y Colombia quedó en manos de Uribe y de Santos, y hoy tenemos capas de penumbras y un hilo de luz, la paz.

 

En los últimos ocho años Fajardo ganó la gobernación de Antioquia y fue considerado el mejor gobernador de Colombia; emergió Claudia López denunciando al paramilitarismo, y gana con los verdes las elecciones para el senado; y Robledo, cabeza del Polo, ha sido reconocido como el mejor senador de la república en los últimos seis años.

 

Los tres personajes se encontraron en el trajín político de éste convulsionado país, y durante un año han trabajado para conocerse como personas, debatir los principios e ideología sobre los cuales se soporta su acción política, y discutir los problemas nacionales, con el fin de llegar a un acuerdo para proponerle a Colombia un nuevo proyecto político, y un proyecto de nación con un programa de mediano plazo que se presenta este miércoles. En otras palabras, han hecho lo que no hizo la Ola Verde y tampoco otras alianzas como la Unidad Nacional de Santos, ahora vuelta pedazos, como vueltos pedazos están los partidos tradicionales y los que han emanado de ellos, por el clientelismo y la corrupción, su animadversión a la reconciliación, su fría indiferencia con las víctimas, y su indolencia con el atraso de las periferias urbanas y rurales que existen y crecen por culpa de ellos y de nadie más. Nada tiene que ver el castrochavismo, ni cuanta posverdad inventen para esconder su infinita incapacidad.

 

La Coalición Colombia nace como una alternativa con enorme responsabilidad política y compromiso con una población que se acostumbró a no soñar. Es un nuevo proyecto político, serio, moderno, comprometido con la equidad, con la paz y en contra del clientelismo y la corrupción. Ahora paso a ocuparme de tres temas:

 

Uno, la alianza que algunos proponen con Humberto de la Calle no es posible ahora porque al Partido Liberal se alimenta de una porción grande de clientelismo y corrupción. Fajardo ha gobernado sin lo uno ni lo otro, Claudia y Robledo han sido senadores anti clientelistas y han dado batallas rotundas contra la corrupción. Entonces, abrir la puerta a un partido que no se ha reestructurado, es poner en riesgo la naciente estructura de la Coalición. La corrupción en sus justas proporciones es un invento del turbayismo liberal, ahí sigue y se ha multiplicado. Lástima, porque el doctor De la Calle es un humanista inolvidable por su entrega a la paz y por las implicaciones positivas que tendrá para Colombia si el acuerdo de paz se implementa sin más trampas legislativas y constitucionales.

 

Tampoco cabe el argumento de que “no todos somos corruptos”, detrás del cual se esconden algunos partidos y no pocos políticos. Con ese argumento Santos demolió a Mockus en los debates, hace parte de una doble moral y es parte de la cultura de la corrupción que hizo metástasis en quienes viven del clientelismo. La corrupción es un crimen, el clientelismo es la incapacidad de la gente de ganar espacios laborales con base en sus capacidades.

 

Dos, una consulta interpartidista en marzo con el fin de tener un candidato único para la primera vuelta que enfrente a la implacable maquinaria del uribevarguismo, es distraer el objetivo inmediato de la Coalición de consolidarse paso a paso, lograr unas bancadas más numerosa a las que ahora tienen el Polo y la Alianza Verde, y necesarias para gobernar. ¿Se imagina unas elecciones para el congreso mediadas por una campaña presidencialista? La votación por las listas de la Coalición sería menor, pero también la de otros partidos de oposición a la ultraderecha, la cual sí aprovecharía el desorden de aquellos. Las cartas ya están jugadas, y proponer para hoy otras partidas, es apresurado y conduciría a alianzas pegadas con babas. Calma país mediático e inmediatista, hay que continuar construyendo porque el camino se hace al andar. 

 

Tres, el programa de la Coalición para los siguientes doce años, a más de la lucha contra la corrupción y el clientelismo, de respetar el acuerdo de paz e implementarlo de la mejor manera, es la oportunidad de emendar enormes problemas estructurales del modelo de crecimiento.

 

La estructura de la política macroeconómica está rota en sus fundamentales: mediocre crecimiento sostenido determinado por una idea de estabilidad fiscal encapsulada en el equilibrio de un crecimiento mediocre de corto plazo, una pasmosa inestabilidad tributaria correspondiente con una estructura productiva atrasada y la ausencia de un proyecto de nación, y rigidez en la estructura del presupuesto nacional mediante el cual el estado se administra por los callejones estrechos de lo sectorial, que impide gobernar desde la complejidad de lo sistémico a través de misiones de gran envergadura, propósito y alcance.

 

Las políticas de desarrollo productivo y de educación, ciencia, cultura, tecnología, innovación y emprendimiento para un desarrollo sostenible con las regiones y desde las regiones, necesitan pensarse como misiones orientadoras y ejecutoras del desarrollo y no como una suma de sectores que así tengan ideas y objetivos claros nunca van a fluir en la articulación con otros, y al final, los resultados serán menores, insostenibles y algunos efímeros.

 

El objetivo central debe ser la educación y la transformación productiva para que las oportunidades fluyan y el país se integre en torno a un proyecto de oportunidades sostenibles de nuevo tipo: es hora de hablar de nuevos sectores y de nuevos temas para complementar y fortalecer a los sectores que ya existen. Si la misión económica es clara, pragmática y futurista, será posible una misión social (salud, pensiones, violencia, tercera edad, infancia, género,…), una misión para justicia y los desarreglos institucionales con el fin de reestructurar el estado, una misión de las infraestructuras, una misión para el desarrollo sostenible desde los territorios, y una misión de la defensa no para la guerra sino como motor de desarrollo por sus capacidades creadas en materia de desarrollo tecnológico e innovación.

 

El esquema programático de Fajardo en su libro EL PODER DE LA DECENCIA, sugiere que así será. Él habla de grandes retos, que no son más que grandes misiones con programas y proyectos concretos y viables. Su enfoque es novedoso y riguroso, que constituye un cambio en la manera de pensar los problemas y las soluciones.
Es hora del pensamiento para el desarrollo, la equidad y la convivencia, no de los leguleyos, tampoco de los violentos y de los bandidos.

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