Feminismo mal entendido

Por: Marcial Muñoz - @marcial__Munoz | Enero 5, 2018

No corren buenos tiempos para el periodismo, ni por supuesto, para la verdad, entendiendo ésta como la realidad o veracidad de los hechos u opiniones. La fuerte irrupción de las redes sociales en nuestras vidas ha convertido a los medios de comunicación y a los periodistas en blanco de la diana de todas las suspicacias. Todo es cada vez más difuso y poco creíble. Realmente no sabemos si lo que leemos y como nos informamos es cierto o no, porque todo ha quedado al mismo nivel de fango y descrédito por la universalización de las opiniones.


En este huracán de ‘fake news’ y controversias llegan a nuestras vidas las corrientes de opinión o TT (Trending Topics). La última que ha venido para quedarse durante un buen tiempo es la nueva sospecha de que los hombres, como género, somos unos seres perversos: violadores-acosadores-asesinos-opresores, simplemente por el hecho de tener los cromosomas que tenemos.


En el mundo, en unos países más que en otros, desde siempre, impera el pensamiento machista, producto de la historia y la innegable evolución de las civilizaciones en este sentido, pero no es menos cierto que en los últimos 70-80 años se están dando pasos de gigante para poner a la mujer en el sitio de la sociedad que se merece. Hoy en día no es extraño ver a una mujer en puestos directivos o en cargos relevantes en organismos internacionales. Esa es la normalidad a la que poco a poco estamos llegando gracias seguramente a heroínas feministas que se la jugaron para luchar contra esa injusticia hace unas décadas.


El feminismo más extremista de hoy en día (muchas se autodenominan feminazis) poco tienen que ver con esto. Se escudan en el anonimato de las redes sociales para difamar e insultar. Y se equivocan al poner bajo sospecha a los hombres. Nuevamente caen en ese profundo error de generalizar para simplificar un problema y poner una etiqueta que llegue a la gente de una manera rápida. El reduccionismo es el mayor enemigo de la verdad. Los hombres no somos violadores-acosadores-asesinos-opresores per se. Simplemente, hay hombres que son violadores-acosadores-asesinos-opresores, al igual que también hay mujeres que los son, seguro que en menor número, pero las hay. El género no determina tu condición de delincuente o no.


Es hora de empezar a llamar a las cosas por su nombre. Si en Colombia, por ejemplo, hay alrededor de un 20% de hombres que son señalados de practicar violencia de género sobre sus parejas habrá que denunciarlo y poner medios para rebajar esas cifras, eso no se logrará poniendo bajo sospecha a todo un género, ni tampoco se logrará fomentando un mensaje de odio en la sociedad. Al igual que una persona de raza blanca no debe sentirse culpable de las atrocidades de los nazis en la Alemania del 39; o un chino de las purgas que llevaron a cabo sus abuelos en la Revolución Cultural de Mao, los hombres no debemos sentirnos culpables de los actos concretos de un asesino o violador. Procuremos juzgar a cada persona por sus hechos y dejemos a un lado las generalidades que tanto daño hacen a las sociedades.


Mal hace este nuevo feminismo extremo del siglo XXI cuando equivoca los objetivos desde la raíz del problema. El feminismo bien entendido debe seguir los pasos de sus pioneras del siglo anterior y no imponerse desde el supremacismo moral de género, simplemente por el hecho de que durante muchos siglos la mujer ha estado relegada a un segundo lugar. Argumentos hay aún por los que combatir. Igualdad sí, pero no así.


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