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Elogio de monjes, monjas y sacerdotes

Respeto profundo profeso por esos grandes educadores que han tenido una vida monacal y se han dedicado a formar niños y jóvenes de manera integral. Desde niño sentí atracción por la enseñanza en los seminarios y otros claustros regentados por personas religiosas y místicas. Afables, cultos e interesantes me parecieron en mi infancia mis parientes Ramiro y Oscar Pineda Salazar, jóvenes carmelitas que llegados ocasionalmente a mi Santuario natal reclutaban jóvenes y niños para el seminario. Convertido ya en adulto convencido estoy que el mundo sería peor, más trágico, menos culto y más inviable de no haber sido por el enorme legado educativo que monjas, monjes y sacerdotes han dejado en la humanidad. En el trimilenario Egipto los sacerdotes fueron insignes educadores; el sentimiento religioso ocupó el gobierno, la sociedad y el arte en la cultura faraónica. Dios era el faraón y se hacía rodear de la casta sacerdotal, educadora y protectora celosa de la tradición de aquella prodigiosa civilización. Un proverbio egipcio, muy viejo, recordado por el escritor y educador argentino Juan Carlos Loretti, es de una belleza conceptual enorme: “Da tu corazón a la sabiduría y ámala como una madre, pues nada hay tan precioso como el saber”.

Madres, nodrizas y sacerdotes fueron los grandes educadores del gran Egipto. La cultura egipcia influyó demasiado entre los hebreos, los fenicios y los griegos, tal vez sea esa la razón por la que Salomón exaltó al máximo la sabiduría en sus famosos proverbios que engalanan lo mejor de la biblia cristiana, con el Cantar de los Cantares y los Salmos.

La India fue igualmente de tradición religiosa en la empresa de la pedagogía; los brahmanes, casta sacerdotal privilegiada, fueron pedagogos excelentes. Fueron y son los habitantes de este enorme país admiradores devotos y veneradores de quienes enseñan a otros.

Nuestra pedagogía hispano cristina tiene también fuentes de la Grecia culta de Sócrates, Platón, Homero y otros epónimos varones helénicos. Pedagogo en griego traducido al castellano significa conductor, acompañante y vigilante de niños.

Nuestra América tuvo desde la colonia los más conspicuos centros educativos orientados por monjes y sacerdotes. En ciudades como Bogotá, Cartagena, Barranquilla, Popayán, Ibagué, Cali y Medellín conservan aún bellos centros educativos (Colegio San Bartolomé, Colegio Mayor del Rosario, Colegio San Ignacio, son apenas muestra del pasado religioso glorioso de la enseñanza por parte de no laicos).

Grandes monjes educadores de Europa y América fueron aquellos pertenecientes a las escuelas monásticas, San Agustín, Santo Tomás, San Jerónimo, San Ignacio y San Benito enseñaron y enseñan a millones de personas a trabajar, educar y orar. La más prestigiosa universidad europea, La Sorbona de París, fue fundada hace cerca de 8 siglos por Roberto de Sorbon.

El goce de la vida feliz y tranquila, natural y sana practicado y enseñado por monjas, monjes y sacerdotes, el placer de la refinada civilización y sabiduría técnica educativa de inestimable valor, practicaban religiosos de la América colonial y en la España medieval. Estos educadores tuvieron prestigio moral, político, social y económico hasta hace poco tiempo y de ello quedan algunos vestigios. Famoso fue el sacerdote jesuita marinillo, Gabriel Giraldo, regente de la universidad Javeriana, mentor y oráculo de presidentes e impositor indiscutible de ministros y altos ejecutivos.

El sacerdote representó una alta dignidad en las comarcas colombianas y españolas del siglo pasado. Obispo emérito y conductor eminente de almas y espíritus cristianos fue el prelado caldense, Augusto Trujillo Arango, orador religioso sin par cuando ejerció como obispo de Jericó y arzobispo de Tunja.

Pastores de almas y apóstoles conductores de muchas personas con problemas cotidianos fueron monjas y sacerdotes de otros tiempos. El carismático Papa Francisco está recuperando la labor ecuménica y orientadora del verdadero sacerdote de la iglesia del siglo XXI. Bálsamo religioso y consolación para el pobre y desvalido fueron los sacerdotes del siglo pasado y de los que antecedieron. La afligida humanidad, muy a pesar de las guerras santas llevadas a cabo por la iglesia cristiana y las cruzadas emprendidas por varios papas, ha tenido también una orientación, un consuelo, un consejo, en los religiosos que con profunda devoción ejercen el apostolado y la misión cristiana del maestro superior, el gran Jesús de Nazaret. El mismo Cristo fue apaciguador de almas, consejero de prostitutas, denostador de mercaderes y fariseos.

Muchos seguidores del galileo que tuve la fortuna de conocer y que todavía subsisten, me hacen reflexionar de la importancia que en el mundo han tenido monjas, monjes y sacerdotes en la nobilísima tarea de educar y formar integralmente mujeres y hombres, buenos ciudadanos que hagan del mundo un lugar digno de la criatura humana, sin ellos el planeta sería muy triste e invivible.

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