Consideraciones, Opinión

Las marchas universitarias y los saboteadores de oficio

La opinión de Óscar Sevillano

Los estudiantes que lideran las marchas universitarias en las que se exige al Gobierno Nacional, aumentar el presupuesto para los centros de formación profesional de carácter público, parecen estar condenados a que en cada jornada que convoquen, se les filtren los saboteadores de oficio, que acostumbran a destruir la propiedad privada en nombre de una supuesta revolución.

Al interior de las universidades públicas se han conformado diferentes células ideológicas tanto de extrema izquierda, como de extrema derecha, que han servido  como elemento de propaganda política,  de las Farc mientras  estas estuvieron en la ilegalidad, lo mismo que del  ELN y de las AUC, quienes en su tiempo hicieron presencia en  las universidades de Córdoba, Magdalena y Atlántico.

Son precisamente los miembros de estas células, en este caso de extrema izquierda, quienes en nombre de una supuesta revolución, acuden a las diferentes marchas que convocan los ciudadanos para manifestar su disgusto o desacuerdo ante determinada situación de manera pacífica, con el ánimo de sabotear lo que encuentran a su paso, escondiendo su rostro debajo de una capucha, destruyendo la propiedad privada, obstaculizando el tráfico en las diferentes vías de la ciudad y enfrentándose a la policía arrojándoles piedras, llegándoles a agredir mediante explosivos artesanales como papas bombas y bombas incendiarias.

Es una lástima que la legítima manifestación que los estudiantes han venido realizando en las diferentes ciudades con la idea de que el Gobierno Nacional invierta mayores recursos en la universidad pública, se hayan visto empañadas por acciones vandálicas y delincuenciales de algunos manifestantes que creen que la destrucción y el sabotaje son la mejor manera de forzar un cambio y que han convertido a las instalaciones de RCN radio, como blanco de sus acciones esquizofrénicas.

Es una lástima que en cada acción que se lleve a cabo desde el estudiantado para llamar la atención del Gobierno Nacional, existan estos riesgos que terminan  por ensuciar la legítima manifestación de los universitarios de bien. Esto seguirá sucediendo mientras el ministerio de Educación, fiscalía, policía y las directivas de cada universidad pública, no se decidan a tomar el toro por los cuernos e iniciar los operativos necesarios para expulsar a estos actores de los centros académicos de formación superior.

La presencia de estas células no es algo nuevo. Desde los años 60 se han venido incrustando en las universidades públicas, sin que las autoridades se pronuncien al respecto a pesar de que conocen de sus actividades al interior de estas, ¿Por qué no se ha actuado?

Si en realidad se está pensando en reformar la educación superior en Colombia, se debe trabajar también en buscar la manera de que la ilegalidad no se siga filtrando en las universidades públicas y que se expulse a quienes se dedican a actuar de manera clandestina, participando en las diferentes actividades con un ánimo destructivo, en nombre de una supuesta revolución social, que no construye, ni respeta la diferencia, ni a sus semejantes.

Twitter: @sevillanojarami 

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