La crisis de la ciencia y el atraso de Colombia

En el último siglo la investigación, el desarrollo y la innovación (I+D+i), se convirtió en la expresión más importante en el crecimiento de la productividad total de los factores, y por tanto en el desarrollo económico y social.

Mientras en todos los países avanzados y en todas las economías emergentes tienen a la ciencia, al desarrollo tecnológico y a la innovación, entre las políticas estratégicas del Estado, en Colombia es el sector más rezagado dentro de la organización del estado, sin plata y centralizado, dos razones por las cuales no puede haber buena y abundante investigación, y mejor educación.

Un feudalismo depredador e inhumano, una industrialización con atrasos acumulados, y unas instituciones políticas que han suscitado una cultura de corrupción, clientelismo, ilegalidad e informalidad, pasan por encima de la educación y de la ciencia.

Todas las modas y precariedades conceptuales han transitado por los escritorios del Ministerio de Hacienda, de Planeación Nacional, de Colciencias, de los gremios, de los partidos tradicionales, y copado los currículos.

Un día se dice sí a la investigación básica, al otro día no; una mañana se dice sí a la investigación en ciencias sociales y en la tarde que no, y así esta nación ha caído en la superficialidad de creer que todo se soluciona con la investigación aplicada, como si las bases fundamentales del conocimiento llegaran del cielo.

Por esto y más, no existe en Colombia una idea propia de la ciencia y de la innovación que necesita para transitar de la violencia y el atraso, al bienestar y a los sueños.
La inestabilidad en la dirección de Colciencias es producto de las equivocaciones de la misma comunidad científica y del gobierno de Uribe, cuando no se creó el ministerio de ciencia y tecnología. Por eso, hoy, el más descarado politiquero de los últimos años, con asiento en la oficina de al lado del presidente de la república, pone y tumba directores de Colciencias, del SENA y quién sabe dónde más, y reparte mermelada a diestra y siniestra. La degradación institucional explica estos abusos.

Poco honroso haber sido director o directora de Colciencias en estos ocho años, porque fueron simples idiotas útiles, donde las buenas intenciones fueron a la basura antes que sirvieran de algo.

Mientras la comunidad científica no vaya acompañada de las grandes empresas que hacen I+D+i, no será bien atendida en la Casa de Nariño y en el Congreso, y estará a expensas del clientelismo más sinvergüenza, y a bolsas de corrupción como ocurrió en algunos departamentos con los recursos de las regalías para ciencia y tecnología.

La ciencia aislada que entrega resultados para que el mercado escoja, dejó de existir el día que terminó la segunda guerra mundial. Esa es la magnitud de nuestro atraso: setenta años de barbarie, setenta años con gotas de ciencia.

En los países de la vanguardia, a los investigadores más brillantes los retienen y se les provee de condiciones y de libertad, si se enmarcan en los objetivos de un proyecto de nación. A recursos escasos, objetivos claros.

Colombia necesita hacer buena investigación básica amparada en una potente infraestructura de investigación pública para hacer lo que los privados nunca harán. Estados Unidos, Alemania, Japón, Corea, Brasil, y cincuenta estados más, así lo hacen, entonces, hay que dejar la estupidez de que todo lo hace el mercado.
Colombia necesita una potente investigación social, porque los pavorosos años de violencia multicausal aun no tienen explicación suficiente, los desarreglos institucionales parecen no tener arreglo, y nuestra dependencia intelectual en tantos frentes, tampoco, y así es difícil crear un proyecto distinto de sociedad.

Las islas de artistas, escritores, científicos, pensadores, educadores, tecnócratas, empresarios, emprendedores y deportistas, con resultados extraordinarios, solo mitigan la tristeza de tanto atraso, violencia, injusticia e inequidad. Por eso la diáspora de científicos es grande, porque acá no tienen oportunidades.

Colombia necesita una potente investigación aplicada sustentada en la noción de I+D+i. La i minúscula que significa innovación, será siempre una tenue i minúscula si no está amparada en la fuerza de la investigación básica, y de una política de desarrollo productivo que tenga una agenda estratégica para desarrollar alta tecnología, en sectores como: aeronáutico, salud, medicamentos, instrumental, defensa, agricultura, materiales y energía, donde tenemos desarrollos importantes que se expresan en patentes y en la expansión de los negocios, aunque tienen pendiente generar nuevas empresas innovadoras para que el emprendimiento positivo sea otra nueva cultura que ponga fin a la epidemia tropical de la enfermedad holandesa de los commodities minero energéticos de Uribe y de Santos.

La sinergia entre investigación en áreas estratégicas relacionadas con sectores productivos estratégicos, conduce a una ciencia y tecnología de frontera, a innovaciones disruptivas, a emprendimientos sofisticados, y a una cultura de la productividad.

De esta manera será posible llevar la inversión en ciencia y tecnología al 1% del PIB, para dar el salto a una ciencia grande. Toma años si las políticas de estado son buenas, y nunca se logra si son malas, como malas son las que tenemos, tan malas que no se tiene una política de ciencia, tecnología e innovación. Es decir, deambula perdida como en un verano sin fin.

La única propuesta programática que conduce a una senda segura basada en el conocimiento, es la de la Coalición Colombia. El iluminado esquema del plan de gobierno con el cual Fajardo termina su libro: El Poder de la Decencia, integra la educación, la ciencia y la tecnología, el emprendimiento y la cultura, para un desarrollo regional sostenible, que convergen en una política de transformación productiva para generar empleo y nuevas oportunidades, abatir la inequidad y las múltiples informalidades, por el expediente de la productividad, la reconciliación y la convivencia.


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La Coalición Colombia, razón de un nuevo amanecer

Hace ocho años Antanas Mockus, Enrique Peñalosa y Lucho Garzón, probaron una alianza para sondear un espacio en las elecciones del 2010, y al tiempo Sergio Fajardo hacía campaña para aspirar a la presidencia por Compromiso Ciudadano. A los trillizos les fue bien, pero no al exalcalde de Medellín, porque no sacó ningún congresista en las elecciones parlamentarias y sin partido no podía seguir el camino a las elecciones presidenciales. Así nació un acuerdo donde Mockus era el candidato y Fajardo la llave. Se pasó a segunda vuelta, se perdió con Santos y la Ola Verde desapareció, pues nació de la nada y desapareció sin nada. Cada quien cogió su camino y Colombia quedó en manos de Uribe y de Santos, y hoy tenemos capas de penumbras y un hilo de luz, la paz.

 

En los últimos ocho años Fajardo ganó la gobernación de Antioquia y fue considerado el mejor gobernador de Colombia; emergió Claudia López denunciando al paramilitarismo, y gana con los verdes las elecciones para el senado; y Robledo, cabeza del Polo, ha sido reconocido como el mejor senador de la república en los últimos seis años.

 

Los tres personajes se encontraron en el trajín político de éste convulsionado país, y durante un año han trabajado para conocerse como personas, debatir los principios e ideología sobre los cuales se soporta su acción política, y discutir los problemas nacionales, con el fin de llegar a un acuerdo para proponerle a Colombia un nuevo proyecto político, y un proyecto de nación con un programa de mediano plazo que se presenta este miércoles. En otras palabras, han hecho lo que no hizo la Ola Verde y tampoco otras alianzas como la Unidad Nacional de Santos, ahora vuelta pedazos, como vueltos pedazos están los partidos tradicionales y los que han emanado de ellos, por el clientelismo y la corrupción, su animadversión a la reconciliación, su fría indiferencia con las víctimas, y su indolencia con el atraso de las periferias urbanas y rurales que existen y crecen por culpa de ellos y de nadie más. Nada tiene que ver el castrochavismo, ni cuanta posverdad inventen para esconder su infinita incapacidad.

 

La Coalición Colombia nace como una alternativa con enorme responsabilidad política y compromiso con una población que se acostumbró a no soñar. Es un nuevo proyecto político, serio, moderno, comprometido con la equidad, con la paz y en contra del clientelismo y la corrupción. Ahora paso a ocuparme de tres temas:

 

Uno, la alianza que algunos proponen con Humberto de la Calle no es posible ahora porque al Partido Liberal se alimenta de una porción grande de clientelismo y corrupción. Fajardo ha gobernado sin lo uno ni lo otro, Claudia y Robledo han sido senadores anti clientelistas y han dado batallas rotundas contra la corrupción. Entonces, abrir la puerta a un partido que no se ha reestructurado, es poner en riesgo la naciente estructura de la Coalición. La corrupción en sus justas proporciones es un invento del turbayismo liberal, ahí sigue y se ha multiplicado. Lástima, porque el doctor De la Calle es un humanista inolvidable por su entrega a la paz y por las implicaciones positivas que tendrá para Colombia si el acuerdo de paz se implementa sin más trampas legislativas y constitucionales.

 

Tampoco cabe el argumento de que “no todos somos corruptos”, detrás del cual se esconden algunos partidos y no pocos políticos. Con ese argumento Santos demolió a Mockus en los debates, hace parte de una doble moral y es parte de la cultura de la corrupción que hizo metástasis en quienes viven del clientelismo. La corrupción es un crimen, el clientelismo es la incapacidad de la gente de ganar espacios laborales con base en sus capacidades.

 

Dos, una consulta interpartidista en marzo con el fin de tener un candidato único para la primera vuelta que enfrente a la implacable maquinaria del uribevarguismo, es distraer el objetivo inmediato de la Coalición de consolidarse paso a paso, lograr unas bancadas más numerosa a las que ahora tienen el Polo y la Alianza Verde, y necesarias para gobernar. ¿Se imagina unas elecciones para el congreso mediadas por una campaña presidencialista? La votación por las listas de la Coalición sería menor, pero también la de otros partidos de oposición a la ultraderecha, la cual sí aprovecharía el desorden de aquellos. Las cartas ya están jugadas, y proponer para hoy otras partidas, es apresurado y conduciría a alianzas pegadas con babas. Calma país mediático e inmediatista, hay que continuar construyendo porque el camino se hace al andar. 

 

Tres, el programa de la Coalición para los siguientes doce años, a más de la lucha contra la corrupción y el clientelismo, de respetar el acuerdo de paz e implementarlo de la mejor manera, es la oportunidad de emendar enormes problemas estructurales del modelo de crecimiento.

 

La estructura de la política macroeconómica está rota en sus fundamentales: mediocre crecimiento sostenido determinado por una idea de estabilidad fiscal encapsulada en el equilibrio de un crecimiento mediocre de corto plazo, una pasmosa inestabilidad tributaria correspondiente con una estructura productiva atrasada y la ausencia de un proyecto de nación, y rigidez en la estructura del presupuesto nacional mediante el cual el estado se administra por los callejones estrechos de lo sectorial, que impide gobernar desde la complejidad de lo sistémico a través de misiones de gran envergadura, propósito y alcance.

 

Las políticas de desarrollo productivo y de educación, ciencia, cultura, tecnología, innovación y emprendimiento para un desarrollo sostenible con las regiones y desde las regiones, necesitan pensarse como misiones orientadoras y ejecutoras del desarrollo y no como una suma de sectores que así tengan ideas y objetivos claros nunca van a fluir en la articulación con otros, y al final, los resultados serán menores, insostenibles y algunos efímeros.

 

El objetivo central debe ser la educación y la transformación productiva para que las oportunidades fluyan y el país se integre en torno a un proyecto de oportunidades sostenibles de nuevo tipo: es hora de hablar de nuevos sectores y de nuevos temas para complementar y fortalecer a los sectores que ya existen. Si la misión económica es clara, pragmática y futurista, será posible una misión social (salud, pensiones, violencia, tercera edad, infancia, género,…), una misión para justicia y los desarreglos institucionales con el fin de reestructurar el estado, una misión de las infraestructuras, una misión para el desarrollo sostenible desde los territorios, y una misión de la defensa no para la guerra sino como motor de desarrollo por sus capacidades creadas en materia de desarrollo tecnológico e innovación.

 

El esquema programático de Fajardo en su libro EL PODER DE LA DECENCIA, sugiere que así será. Él habla de grandes retos, que no son más que grandes misiones con programas y proyectos concretos y viables. Su enfoque es novedoso y riguroso, que constituye un cambio en la manera de pensar los problemas y las soluciones.
Es hora del pensamiento para el desarrollo, la equidad y la convivencia, no de los leguleyos, tampoco de los violentos y de los bandidos.

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La paz cueste lo que cueste, dure lo que dure

Los grandes medios lanzaron hace un año el negocio de la campaña presidencial 2018. Un mercado y un instrumento de manipulación política, según el interés de sus trimillonarios dueños. Los demás somos el público y los payasos de la carpa. Así funciona en Colombia la “democracia” de una sociedad superficial, retrógrada, y violenta.

En medio de un enfangado ambiente político e institucional, al que se suma una economía en crisis por culpa de un modelo económico que hace agua por todo lado, las cartas para la presidencia están en la mesa.

 

Hay tres bloques, uno de ultraderecha liderado por el uribismo y Vargas Lleras, maroma urdida en silencio y puesta en evidencia con  las declaraciones del telonero de Cambio Radical, Jorge Enrique Vélez, clon de los Vélez de Uribe. A ellos se cuelgan Pastrana, Ordoñez, los pastores, Marta Lucía, y cuanto saldo queda de Lauriano. Su carta, volver trizas el acuerdo de paz, y tomarse los tres poderes para hacer de esta una sociedad aún más conservadora – ya comenzaron con la Corte Constitucional gracias a Santos y a un rector que parecía pacifista y progresista -, para perforar una ley de tierras que lleva cincuenta años esperando, hostigar la JEP, y descartar la reforma política con el fin de que las elecciones inmediatas sean más sucias que todas las anteriores, quitándole oxígeno a la paz y cerrándole el camino a nuevos partidos, como Compromiso Ciudadano por Colombia.

 

Sin embargo, Vargas LLeras aguarda a ver si hace pública la alianza con Uribe o si arma parche aparte sabiendo que con él se irá gran parte del electorado de Uribe porque no hay Uribe II, así como conservadores y liberales agazapados, y los tristemente célebres hijos menores de Galán y Lara Bonilla.

 

El segundo bloque, gracias a Fernando Londoño y al golpe de la Corte Constitucional al fast track, lo conforma un frente por la paz, entre la U, el partido liberal, y conservadores amigos de la paz. De La Calle, Cristo, Galán, los Gaviria y los Serpa, ya están alineados. Su carta, la defensa de la paz y del acuerdo, más alguna posición contra la corrupción, y una intensión programática de corte social de talante neoliberal. Su lado bueno, la paz, que llevará en estos días gente a la calle y a las redes. Sin embargo, no todos votarán por su candidato porque la paz no solo está en ellos.

 

El tercer bloque, de movimientos y partidos independientes, conformado por Compromiso Ciudadano que lidera Fajardo, la Alianza Verde de Claudia López y Navarro, el Polo de Robledo, y expectativa con Clara López y Petro. Éste último jurídicamente inhabilitado será un jugador importante porque en la plaza pública no hay ahora quien le gane. Esta fuerza no tiene problema en hacer una coalición por la paz con De La Calle y otros liberales, aunque sería difícil una alianza en los temas de corrupción y en un programa de desarrollo que sea distinto al de la ortodoxia neoliberal, que por ideología e intereses, los liberales del 91 defienden a pesar de que el modelo está irreparablemente fracturado.

 

Así las cosas, a Petro no le expedirán boleta de libertad jurídica y a Fajardo intentarán bloquearlo en la reforma política, como lo dijo, sin nombrarlo, el Vélez de Vargas en su entrevista con Yamid Amat. El argumento de que es tarde para implementar una reforma, es ruin y antidemocrático, porque la primera vuelta y las legislativas están lejos. El objetivo mezquino es cerrarle la puerta a la depuración, a la modernización política, y a la paz.

 

El tercer bloque tiene una ventaja. Recoge elementos del talante de Obama, Sanders, Macron, Merkel, Mujica, Correa, Bachelet, Pedro Sánchez, Trudeau, y del holandés y del austriaco que derrotaron a la ultraderecha. Tiene una carta para ganar la presidencia, Fajardo, y hay equipo para hacer un gran gobierno incluyendo gente que ahora defiende la paz y que debe continuar para consolidar la implementación. Es además la primera vez que dos líderes con doctorado aspiran a la presidencia, y no permitirán que la figura del profesor sea motivo de desplantes, como hizo Santos con Mockus.

 

Si dejan a un lado los egos por ser todos presidente y vicepresidente, Colombia tendría antes de la primera vuelta una coalición ciudadana y campesina a 12 años – que gane ampliamente en la primera vuelta -, para gobernar con poder y legitimidad. Hay oportunidad para todos, pero no todos pueden ser rey o reina. Todos, con excepción del ex gobernador y ex alcalde, tienen techo. Por eso, la paz hay que defenderla desde ya, como acción política de una gran coalición por la reconciliación, no solo desde el congreso, si no desde la calle, las páginas, las redes y los partidos, que deben salir del congreso y del twitter a las plazas.

 

Si el acuerdo de paz se afianza a través de la mejor reglamentación e implementación, responsabilidad de Santos y del congreso, la lucha contra la corrupción y el diseño de un programa inédito de desarrollo, será posible. Sin una buena paz, imposible.

 

En estos largos meses ha quedado claro que Colombia estaba engañada, porque se usó la guerra para robarse el estado entre políticos y empresarios, robarse tierras baldías y de campesinos indefensos, y afianzar un modelo de crecimiento donde primero está el mercado que el bien común. Los sectores clave tienen problemas estructurales irreparables: hacienda, justicia, salud, educación, pensiones, impuestos, infraestructura, minería, medio ambiente, ciencia y tecnología, emprendimiento, el campo, la descentralización, y la cultura en pobreza franciscana.

 

Entonces, la agenda inmediata es una coalición por la paz, y abrir espacio a una concertación posterior contra la corrupción y por un programa común que permita escribir una nueva página para Colombia. Hay que moverse porque rondan las sombras del NO, como el nuevo asalto que preparan al último puesto de magistrado que queda por relevar en la Corte Constitucional.

 

El Si perdió por errores y el NO ganó por aciertos mentirosos que fueron violencia contra el electorado, como lo imputó una magistrada del Consejo de Estado que nada volvió a decir. La historia del NO, no se puede repetir porque la paz se acaba y con ella Colombia. La paz es el camino a una nación sin corrupción y a una nueva noción de desarrollo que deje atrás siglos de premodernidad, injusticia y maldad. 

CIUDAD NORTE, UN NEGOCIO Y NADA MÁS

Este proyecto, bautizado Lagos de Torca, tiene características de una ciudad de hace 30 años, porque primero está pensado como negocio y después como bien común. Ciertas características urbanísticas como ancho de andenes, espacios públicos, anchos de las vías, son similares a Ciudad Salitre – para que el lector tenga una idea -, con el elemento adicional de las ciclorrutas.

La iniciativa reactiva la urbanización de 1.800 hectáreas de suelo de expansión en el norte de Bogotá – un territorio 15 veces más grande que el campus de la Universidad Nacional -, donde se ubicarán entre 350.000 y 432.000 habitantes.

La zona comprende áreas de las localidades de Suba y Usaquén, y limita por el norte con Chía, por el oriente con la reserva del Bosque oriental, por el occidente con la reserva Thomas van der Hammen y por el sur con las calles 189, 191, 192, 193 y 183. En varios tramos limita con el perímetro urbano actual de la ciudad.

Es un urbanismo amigable con peatones, usuarios de bicicleta y exuberante en troncales de Transmilenio, donde los privados ponen la plata para construir vías, redes de servicios, equipamientos, restauración ecológica, parques lineales y zonas paisajísticas, a cambio de derechos de edificabilidad.

De 150.000 viviendas que se espera construir, 50.000 serán subsidiadas. El 15 por ciento del área se destinará a usos comerciales y dotacionales, y en los proyectos de vivienda con subsidio, el 70 por ciento de las manzanas tendrán en el primer piso espacios para comercio y servicios. Es una ciudad convencional con elementos de ciudades sostenibles de hace años, dividida en 34 planes parciales.

Cómo sería una ciudad del futuro

Los urbanistas de hoy organizan las ciudades como una red integrada y no como un conjunto de sectores independientes. El objetivo es elevar la calidad de vida de los habitantes gracias a la combinación de la innovación tecnológica y social; la utilización de las TIC para el mejor desempeño de sectores como el transporte, la energía, la seguridad urbana, la economía circular; con servicios e industrias de nueva generación que fomenten el emprendimiento, la creatividad y el conocimiento, para que sus habitantes hagan ahí su vida.

Una ciudad del futuro integra conceptos que conjugan diversos factores: grandes espacios verdes accesibles y utilizables para que las personas convivan juntos, creen vitalidad económica y cultura propia; transporte público y privado no contaminante para abatir la dependencia del automóvil; arquitectura sostenible y de pequeños bloques que permita formar una densa malla de calles y caminos amigables para que los peatones puedan caminar y andar en bicicleta. Las construcciones más ecológicas aumentan las posibilidades de comercialización de los edificios más verdes, las cuales usan materiales, tecnologías y energías alternativas. Esta no es la concepción de esta ciudad de Peñalosa.

Ciudades sostenibles y de la innovación se ajustan así mismas porque tienen su propio modelo de gobernanza para la eficacia de sus distintas operaciones: parque inmobiliario, movilidad, gestión de desechos, espacios para emprendedores, investigadores, creativos y artistas, con colegios, universidades, centros de investigación, y servicios de salud relacionados con desarrollar una economía del conocimiento y de la innovación.

Ciudad Norte, tal como está concebida no es un proyecto sostenible ni de la innovación ni de la economía ni de la sociedad del mañana.

Su arquitectura no es sostenible, entonces, su concepto de urbanismo sostenible queda reducido a menos del 40%.

La economía a desarrollar no alude a aprovechar su potencial latente: universidades (Rosario, Escuela Colombiana de Ingeniería, UDCA, del Bosque, entre otras), y colegios importantes, para hacer una ciudad del conocimiento, donde vivan personas vinculadas a las instituciones de educación: estudiantes, profesores, investigadores, artistas, profesionales, tecnológos, emprendedores. Debe tener hábitats de innovación y hábitats para la cultura y las artes, como centro de vida y de actividades laborales, recreativas y emprendedoras. Los campus de las universidades del Rosario y de la Escuela Colombia de Ingeniería deben ser el centro de su futuro. No puede ser otra ciudad dormitorio porque así no soluciona problemas de movilidad y convivencia. Las grandes metrópolis están cada vez más conformadas por ciudades autónomas para evitar que la gente se desplace en las mañanas y en las noches del sur al norte o de oriente a occidente como hoy ocurre en Bogotá.

El enfoque de su actividad económica desconoce su potencial endógeno: el medio ambiente, la educación y la investigación; desconoce que limita con el territorio de la sabana centro de Bogotá, el cual se proyecta a través del proyecto de la Región de Innovación (RINN). Ahí están asentadas las más importantes industrias de Bogotá Cundinamarca, otras universidades: Sabana, Militar, entre otras, muchos colegios, algunos los mejores de Colombia.

Si este proyecto no está integrada a la RINN, entonces, no se integra de manera correcta con la reserva Van del Hammen. En consecuencia, no responde al desastroso proceso de urbanización de Chía, Cota, Cajicá, Sopó, Tocancipá, Zipaquirá, y del norte y occidente de Bogotá. No es un urbanismo para un nuevo modelo de vida, economía y comunidad. Sería el proyecto de futuro de Bogotá Región ante la incapacidad de la actual y de otras administraciones para desarrollar el Anillo de la Innovación en el territorio de Corferias, Puente Aranda y Fontibón.                

En resumen, una ciudad innovadora y sostenible satisface necesidades de la generación presente sin sacrificar las necesidades de las generaciones futuras. Sin embargo, Ciudad Norte no es una ciudad del futuro, es un gran negocio, con pobre urbanismo, dudoso ambientalismo y nada más.