Tumaco, tierra de nadie

El jueves 5 de octubre al menos 6 campesinos fueron asesinados y 20 más resultaron heridos en manifestaciones contra la erradicación de cultivos de coca en el municipio de Tumaco, Nariño. El domingo, la Defensoría del Pueblo emitió un comunicado confirmando que los autores de estos hechos no serían miembros de grupos armados ilegales ni de BACRIM sino miembros de la Policía Antinarcóticos. En la tarde del domingo, una Comisión de Verificación de los hechos ocurridos, convocada por la Vicepresidencia de la República y conformada por al menos 15 personas entre periodistas, miembros del Gobierno Nacional, Mapp-OEA, ONU, organizaciones defensoras de derechos humanos y periodistas, ingresaron a la zona para poder realizar una veeduría de lo ocurrido. Durante la visita fueron recibidos por la misma Policía Antinarcóticos que el pasado jueves se vio involucrada en los hechos contra la población civil. La policía Antinarcóticos los recibió con disparos al aire y balas aturdidoras, impidiéndoles realizar la verificación en la zona y obligándolos a salir del lugar.

 

Estos hechos son evidencia de la pobre implementación de los acuerdos de Paz en lo que tiene que ver con la sustitución de cultivos ilícitos. Aunque quieren realizar la erradicación de los cultivos, no están cumpliendo con la sustitución de los mismos por otro tipo de cultivos y los campesinos que venían viviendo de los cultivos de coca han denunciado que la erradicación sin sustitución ha generado la falta de fuentes de empleo y el aumento de la pobreza.

 

Es importante llamar la atención al Gobierno Nacional con respecto a que en el centro de la implementación de los acuerdos debe estar siempre la población civil. Poner a la población civil y a las víctimas como base del discurso de los acuerdos es muy importante pero esto no se puede quedar en un elemento discursivo. Los campesinos, afros e indígenas de la zona vienen denunciando que la sustitución de cultivos no se está cumpliendo.

 

A esto se le suma el uso desmedido de la Fuerza por parte de los miembros de la Policía Antinarcóticos que aunque tienen la labor de cumplir con la erradicación por ser miembros de las Fuerzas Armadas tienen la obligación de proteger a la población Civil. Mientras que los miembros del Ejército Nacional ayudaban con la evacuación de heridos y muertos la Policía Antinarcóticos actuaba como una disidencia de un grupo armado y evidencia de esto son los videos publicados por diferentes medios de comunicación ayer en la tarde donde se ven los miembros de la comisión de Verificación debidamente identificados con chalecos e insignias propias de las entidades que representaban y se escucha a los miembros de Antinarcóticos diciéndoles que se “abran” y amedrentándoles con disparos al aire y balas de aturdimiento.

 

Es necesaria una intervención inmediata de la Fiscalía Nacional para esclarecer lo ocurrido y tomar las medidas necesarias para que estos hechos no queden impunes. El llamado es a que el fiscal Néstor Humberto Martínez tome las riendas de la investigación con celeridad y se capture a los responsables de estos hechos a la mayor brevedad.

 

En un país donde se está trabajando por construir la paz no tiene presentación que los victimarios sean miembros de la Fuerza Pública y los colombianos exigimos justicia, verdad, reparación y garantías de no repetición para las víctimas de estos hechos.

 

Presidente Santos, lograr la firma de la Paz con las FARC ha sido uno de los logros más importantes de cualquier gobierno en las últimas décadas, sin embargo el éxito está en que la implementación se haga de manera adecuada. La lucha contra la pobreza y la inequidad deben ser su prioridad y la erradicación no se puede dar sin sustitución.  

 

¿Qué está pasando con la Policía Antinarcóticos en Tumaco?, ¿por qué actúan contra la población civil de esta forma?, ¿dónde están el Ministro del Interior y de Justicia y el Ministro de Defensa? ¿Será que la inadecuada implementación de los acuerdos está colaborando con una nueva configuración del conflicto en Colombia?

 

Los hechos en Tumaco, aunque son los más relevantes por la gravedad de lo ocurrido no son los únicos que se han presentado esta semana en el país. El enfrentamiento de la comunidad indígena de Coconuco en Puracé, Cauca que dejó como resultado un muerto y tres heridos, el asesinato de 2 mujeres y 3 hombres en Caucasia, Antioquia entre muchos otros hechos que han ocurrido es un llamado a que no se olvide que en Colombia la violencia y el conflicto son estructurales y se deben a la inequidad social. El asesinato sistemático a líderes y defensores de derechos humanos a lo largo y ancho de todo el país que ya deja un saldo de por lo menos 49 muertos desde la firma de los acuerdos de paz es un reflejo de esto y es un reto de este gobierno y los venideros nunca perder el norte que es proteger a los que históricamente no han tenido Estado y no atacarlos.

 

No podemos decaer en la lucha por proteger a los más necesitados y es necesario que un acuerdo de paz tan bien logrado se implemente de manera adecuada para que se puedan tener garantías reales de no repetición. 

 

Twitter: @Diana_Noguera

  

La abstención, verdugo electoral

Foto: ElUniveral.com.co


Hace un año se llevaron a cabo las votaciones del plebiscito en el que el gobierno nacional le preguntó a los ciudadanos lo siguiente ¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?

 

A pesar de que la pregunta se dirigía a responder si se apoyaban los textos del acuerdo de paz las votaciones del plebiscito se convirtieron en una lucha política entre el presidente Juan Manuel Santos y el senador Álvaro Uribe Vélez, los resultados dejan ver que en Colombia ganó la abstención.

 

De los 34.899.945 ciudadanos aptos para sufragar solo votaron 13.066.047, lo que significa que más del 60% se abstuvieron de hacerlo.

 

La falta de interés del elector en conocer a fondo el contenido del texto del acuerdo, la falta de pedagogía para entender el contenido del texto final, la acelerada convocatoria a las urnas, el papel de las iglesias cristianas, la campaña de desinformación de la oposición, el exceso de confianza en las tendencias de las redes sociales, la politización de los acuerdos, la mal llamada “ideología de género”, entre otros, minaron la confianza de los votantes y disminuyeron considerablemente la intención de voto posicionándose por encima del contenido real del texto y afectando los resultados finales.

 

El estrecho margen con el que el NO se impuso permite ver el poder que aún maneja el senador Uribe. La oposición reiteradamente atacó el proceso con diversos argumentos como por ejemplo la claudicación del Estado al terrorismo, la participación de las Farc en la arena política sin pagar por los crímenes de guerra y de lesa humanidad, el narcotráfico como delito conexo, la amnistía para miembros de la guerrilla, entre otros. Nuevamente los ruidos externos pesaron más que los argumentos contenidos en el Acuerdo Final y el Centro Democrático supo explotarlos de la mejor manera.

 

Con relación a lo anterior, la incertidumbre sobre el futuro de cara al posconflicto terminó configurando un escenario en el que los ciudadanos prefirieron dejar las cosas como están y dejar que otros decidieran por ellos.

Queda como lección de este plebiscito que a los ciudadanos deben ser actores de decisión y de cambio, un margen tan alto de abstencionismo no tiene precedentes y en un tema como la terminación del conflicto con uno de los actores armados preponderantes en el país es necesario aprender del silencio de los ciudadanos.

 

Abstenerse no significa simplemente ser apático. La abstención es el resultado de un sistema político estancado donde los gobernantes no representan a los ciudadanos y estos no se relacionan ni con el gobierno nacional ni con las posturas del senador Uribe. Será necesario entonces buscar estrategias para que los ciudadanos que no se sienten representados por las posturas oficiales y la oposición sean escuchados y que en la configuración del nuevo escenario electoral se tenga en cuenta la posición del electorado abstencionista que hace un año demostró ser la mayoría.

 

Si más del 60% de la fuerza electoral no apoya ni a Uribe ni a Santos ¿a quién apoyan? Por otro lado los reales perdedores en las elecciones del domingo no fueron quienes apoyaban el SI, fueron las víctimas del conflicto armado, quienes confiaron en el Gobierno Nacional y en la ciudadanía y nuevamente se vieron victimizados, esta vez por la falta de apoyo popular. La Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas tiene registradas más de 8 millones de víctimas directas ¿Será que ese 60% de colombianos que no votaron no han vivido el conflicto armado de cerca y no se conmueven por lo que viven sus compatriotas?.

 

Personalmente creo que ese resultado del plebiscito no es más que una radiografía de la política de nuestro país donde los más corruptos monetizan y politizan los temas que son de interés popular volviendo a los electores personas apáticas y desconfiadas de las instituciones. La crisis de la justicia, la corrupción y la crisis de los partidos nos ha hecho dudar de la importancia del voto pero la realidad es que estamos en riesgo de caer en un círculo vicioso en el cuál por falta de confianza en los gobernantes nos abstenemos de votar lo que permite que siempre estén los mismos en el poder.

 

Que el resultado del plebiscito sea una lección para todos y que nunca olvidemos que el poder de lograr el cambio está en cada uno de nosotros con nuestros votos. Todos estamos cansados de la corrupción, de la falta de justicia, de la inequidad y somos los únicos que podemos lograr que eso cambie votando bien. Mi invitación hoy es a romper con la apatía y centrarnos en la búsqueda de un país donde todos nos veamos representados. Que no sea la abstención la ganadora de las elecciones presidenciales de marzo y que no decidan por usted. Vote, pero vote informado!

 

Twitter: @Diana_Noguera


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¿Mejor Vargas Lleras?

Se acercan las elecciones presidenciales de 2018. En este momento existen más de 25 candidatos que han inscrito su candidatura por recolección de firmas. El objetivo de esto es separarse de los partidos tradicionales, de la crisis de la justicia y de los escándalos de corrupción tratando de ser verdaderos representantes del pueblo.

 

Dentro de los candidatos que han buscado su candidatura con recolección de firmas sobresalen el ex procurador Alejandro Ordóñez con el comité “La Patria de Pie”; la ex ministra del Trabajo Clara López Obregón con el comité “Todos Somos Colombia”; el ex gobernador de Antioquia Sergio Fajardo con el comité “Compromiso Ciudadano”; el ex alcalde de Bogotá Gustavo Petro Urrego con el comité “Colombia Humana”; el ex ministro de Defensa y ex embajador en Estados Unidos Juan Carlos Pinzón Bueno con el comité “Ante Todo Colombia”, el ex jefe del equipo negociador con las FARC Humberto de la Calle con el comité “Un País donde Quepamos Todos”; la senadora Martha Lucía Ramírez con el comité “Por una Colombia Honesta y Fuerte”; la ex senadora Piedad Córdoba con el comité “Poder Ciudadano” y el ex vicepresidente Germán Vargas Lleras con el comité Mejor Vargas Lleras”.

 

También existen candidatos de partidos tradicionales como la senadora Claudia López por el Partido Verde, el senador Jorge Enrique Robledo por el Polo Democrático, Roy Barreras por el partido de la U y los 5 precandidatos del Centro Democrático.

 

Aunque es evidente la crisis de representatividad de los partidos y han pululado los escándalos de corrupción llama mucho la atención que un candidato como Vargas Lleras se atreva a buscar una candidatura por recolección de firmas cuando sigue teniendo el aval de Cambio Radical. 

 

Vargas Lleras está jugando a ser el candidato del pueblo mientras conserva el apoyo político y electoral de su partido y si lograra ganar las elecciones presidenciales sería el único candidato que tendría una representación segura de su partido en el congreso. En este momento Cambio Radical cuenta con 9 senadores y 16 representantes a la Cámara, lo que lo pone entre los 5 partidos con mayor representación en el Congreso.

 

Por su parte los otros candidatos que han inscrito su candidatura por firmas tendrían que buscar alianzas partidistas que les permitan una gobernabilidad. Un Ejecutivo sin apoyo del Legislativo es un gobierno con trabas e impedimentos.

 

Es así que nosotros como ciudadanos tenemos la labor de inmiscuirnos en la política y ser actores de cambio. La inscripción de candidaturas presidenciales por firmas es una oportunidad de romper con la corrupción y el clientelismo y está en cada uno de nosotros tomar la iniciativa y buscar el cambio que queremos.

Los nombres de los comités con los cuales han inscrito sus candidaturas son un termómetro de lo que buscan los candidatos y el comité “Mejor Vargas Lleras” es una oda al ego exacerbado del candidato de Cambio Radical.

 

No caigamos en las trampas de los candidatos tradicionales que quieren hacerse pasar por independientes. Busquemos que la paz siga siendo nuestro horizonte y que los próximos 4 años de gobierno sigan buscando lo que con tanto esfuerzo y después de 8 millones de víctimas nos ha costado lograr.

 

Aunque el panorama electoral apenas se está configurando, es necesario no perder de vista la forma en la que los candidatos van moviendo las fichas para que cuando sea tiempo de tomar una decisión y elegir a la persona que nos gobernará durante los próximos 4 años, este sea un representante del pueblo.

 

Es mandatorio seguir luchando por un mejor país donde se luche contra la inequidad y se sigan reivindicando los derechos de los más desprotegidos. Como ciudadano y elector lea, investigue y tome una decisión informada. Busque un candidato que lo represente y no que lo use para llegar al poder. ¡La decisión está en nuestras manos!

 

Twitter: @Diana_Noguera

Colombianos, sean instrumentos de la Paz

La semana pasada los colombianos tuvimos la visita del Papa Francisco quien desde el miércoles y hasta el domingo recorrió varias ciudades del país. El lema de su visita fue “Demos el primer paso” y su primer paso fue darles a los niños, niñas y jóvenes de IDIPRON un mensaje: “no se dejen robar la alegría ni la esperanza”. Sus palabras siempre tuvieron un alto grado de contenido político, social y humano, invitando a volver a lo básico, es decir, el reconocimiento de la dignidad humana.

 

El jueves en la mañana visitó la Casa de Nariño donde lo esperaba el señor presidente Juan Manuel Santos junto con la Primera Dama. Con el discurso que dio el sumo Pontífice en la plaza de armas fue posible dilucidar que el mensaje no era un simple apoyo al proceso de Paz sino que era llamado de atención al Gobierno Nacional, las Instituciones, miembros del Congreso de la República pero especialmente al pueblo colombiano para de reconocerse en la diferencia y en la necesidad de lograr la unidad de la nación para seguir buscando la paz.

 

Habiendo hecho un acercamiento a la cultura del encuentro se reunió en la plaza de Bolívar con miles de jóvenes que lo esperaban con ansias. A ellos se dirigió de manera más informal pero manteniendo siempre la línea discursiva con la que inició su visita al país. Les dijo que ellos tienen una sensibilidad especial para reconocer el sufrimiento en el otro y se dejan conmover por las necesidades de los más frágiles y dedicarse a ellos; lo anterior sin dejar de reconocer que el contexto colombiano muchas veces nos ha hecho perder la sensibilidad y nos ha anestesiado pidiéndoles que no permitan que los mayores se acostumbren al dolor y al abandono, que se pongan en los zapatos de aquellos (las víctimas, los pobres, los campesinos, las comunidades indígenas, las comunidades afro, las mujeres) que muchas generaciones anteriores no han logrado comprender.

 

Nuevamente enfatizó en la cultura del encuentro; “Ustedes pueden enseñarnos que la cultura del encuentro no es pensar, vivir, ni reaccionar todos del mismo modo; es saber que más allá de nuestras diferencias somos todos parte de algo grande que nos une y nos trasciende, somos parte de este maravilloso país”. El encuentro en la diferencia, la diferencia como riqueza, como diversidad.

 

Luego de esto se reunió con los obispos a quienes invitó a dar el primer paso y entregarse con la fuerza del amor a la gente que les ha sido confiada, “desde la Fe en Dios y sin servilismos o pretensiones de protagonismo y manteniendo su autonomía sin alianzas con una parte u otra”. Sin embargo, hubo una frase certera: “No tengan miedo de alzar serenamente la voz para recordar a todos que una sociedad que se deja seducir por el espejismo del narcotráfico se arrastra a sí misma en esa metástasis moral que mercantiliza el infierno y siembra por doquier la corrupción y, al mismo tiempo, engorda los paraísos fiscales”.

 

En la tarde se celebró la homilía en el parque Simón Bolívar, en este lugar el Papa manifestó: “También aquí, como en otras partes, hay densas tinieblas que amenazan y destruyen la vida: las tinieblas de la injusticia y de la inequidad social; las tinieblas corruptoras de los intereses personales o grupales, que consumen de manera egoísta y desaforada lo que está destinado para el bienestar de todos; las tinieblas del irrespeto por la vida humana que sega a diario la existencia de tantos inocentes, cuya sangre clama al cielo; las tinieblas de la sed de venganza y del odio que mancha con sangre humana las manos de quienes se toman la justicia por su cuenta; las tinieblas de quienes se vuelven insensibles ante el dolor de tantas víctimas” e invitándonos a “Llamar a otros, a todos, para que nadie quede al arbitrio de las tempestades; subir a la barca a todas las familias, ellas son santuario de vida; hacer lugar al bien común por encima de los intereses mezquinos o particulares, cargar a los más frágiles promoviendo sus derechos”.

 

Durante su visita a Villavicencio, Francisco hizo un llamado a la reconciliación: “Reconciliarse es abrir una puerta a todas y a cada una de las personas que han vivido la dramática realidad del conflicto. Cuando las víctimas vencen la comprensible tentación de la venganza, se convierten en los protagonistas más creíbles de los procesos de construcción de la paz” y continuó diciendo “La reconciliación, por tanto, se concreta y se consolida con el aporte de todos, permite construir el futuro y hace crecer esa esperanza. Todo esfuerzo de paz sin un compromiso sincero de reconciliación siempre será un fracaso”.

 

Lo anterior como preludio al discurso que daría en el Gran Encuentro de Oración por la Reconciliación Nacional donde se reunió con víctimas del conflicto armado y desmovilizados, oyó sus relatos y luego instó a Colombia a reconciliarse, “Es la hora para desactivar los odios y renunciar a las venganzas y abrirse a la convivencia basada en la justicia, en la verdad y en la creación de una verdadera cultura del encuentro fraterno”.

 

En Medellín mantuvo su discurso de amor al prójimo, del reconocimiento en la diferencia, paz y reconciliación y destacó la labor de San Pedro Claver para instarnos a actuar, a no ser indiferentes. En este sentido dijo “Esclavo de los negros para siempre, fue su lema de vida, porque comprendió, como discípulo de Jesús, que no podía permanecer indiferente ante el sufrimiento de los más desamparados y ultrajados de su época y que tenía que hacer algo para aliviarlo”.

 

Finalmente en Cartagena tuvo un encuentro con la comunidad, visitó la casa de una mujer que ha dedicado su vida a servir, rezó el Angelus en la Iglesia de San Pedro Claver y recordó la importancia de trabajar por recuperar la dignidad del otro, especialmente “por los pobres y descartados de la sociedad, por aquellos que son abandonados, por los emigrantes, por los que sufren la violencia y la trata”.

 

Recordó los testimonios que había oído de víctimas y victimarios recalcando que las víctimas “han dado el primer paso en un camino distinto a los ya recorridos”, el camino de la paz y la reconciliación. Sin embargo para acercarse a esa utopía es necesaria la participación de todos, de un pacto social y cultural sentenciando “Si Colombia quiere una paz estable y duradera, tiene que dar urgentemente un paso en esta dirección, que es aquella del bien común, de la equidad, de la justicia, del respeto de la naturaleza humana y de sus exigencias”.

 

Hizo énfasis en la cultura del encuentro como un camino hacia la verdad y la reparación, un diálogo entre dos buscando el perdón, un perdón que lleve a la reparación y existan garantías de no repetición resaltando la labor de los defensores de Derechos Humanos en Colombia invitando a todos a asumir ese compromiso de defensa. “Si Colombia quiere una paz estable y duradera, tiene que dar urgentemente un paso en esta dirección, que es aquella del bien común, de la equidad, de la justicia, del respeto de la naturaleza humana y de sus exigencias”.

 

El último mensaje del Papa Francisco fue la conclusión perfecta a la visita: “Colombia, tu hermano te necesita, ve a su encuentro llevando el abrazo de paz, libre de toda violencia, esclavos de la paz, para siempre”.

 

Los mensajes del Papa son una gran herencia de la Teología de la Liberación, la búsqueda de una Iglesia de los pobres y para los pobres, la inclusión de la justicia social restaurativa en la cual las víctimas deben ser reparadas en los daños que han recibido, la recuperación de la dignidad humana y la  búsqueda permanente de la paz.

 

La invitación del Papa que a través de sus discursos nos deja, debe calar en los oídos y mentes de todos los colombianos ya que acercarse a la utopía de la paz es una labor permanente donde todos somos pieza clave.

 

Llama mucho la atención que el llamado del Papa se encuentra contenido tanto en el texto de los acuerdos como en la palabra de Dios, evidenciando que si bien se trata de un tema político, hay que poner en el centro de la discusión al ser humano, dignificándolo y protegiéndolo. Es ahora nuestra tarea nunca perder el horizonte y asumir la paz como una tarea de todos los días. De esto surge una sola pregunta ¿estamos los colombianos dispuestos a ser esclavos de la paz para siempre?.


Twitter: @Diana_Noguera

Dos poderes unidos para consolidar la dictadura, por Roberto Hinestrosa

Sin duda, Venezuela pasa por uno de sus peores momentos, la crisis desatada tras la decisión del Tribunal Supremo al disolver la Asamblea Nacional, acabando con la representación del pueblo y debilitando en su totalidad la democracia de ese país, no es más que el desenlace de lo que se veía venir, hechos que fueron antecedidos por la violación a la libertad de prensa, opinión y a la oposición.

 

El ejercicio de un poder desmesurado tiene al vecino país en la peor crisis de su historia, ya sin el órgano de representación popular más importante, los venezolanos quedan en manos del gobierno y del poder judicial del país; dos poderes unidos para consolidar la dictadura.

 

El Gobierno no solo logró disolver la separación de los poderes, desde hacía tiempo venía preparando el camino con leyes habilitantes quitándole al legislativo su función y sometiendo al poder judicial, debilitando la economía, dejando a los venezolanos hundidos en la total pobreza, hostigando a la prensa y acabando con la oposición; símbolos éstos de una clara autocracia.

 

Los efectos de la crisis no serán ajenos a Colombia; si ya veíamos el éxodo de venezolanos que desesperados buscaban una oportunidad en nuestro país, el fenómeno a partir de ahora será peor; la decisión de la Canciller Holguín de llamar a consultas al Embajador es acertada, si bien Colombia debe actuar debe hacerlo con prudencia, respetando el derecho a la libre determinación de los pueblos, principio de soberanía e independencia del derecho internacional.


Debemos tomar medidas, preparar a las ciudades para lo que será una acogida en masa de venezolanos y esperar a que organismos internacionales como la OEA y Naciones Unidas actúen, confiando en que la crisis se resuelva restableciendo los derechos de todos sus nacionales.

Corrupción, la destrucción de la nación

La corrupción una pandemia mundial y Colombia un epicentro. Hace cuarenta años el presidente Turbay Ayala, dijo: “hay que reducir la corrupción a sus justas proporciones”. Justas proporciones significaba un techo del 10% en las coimas de un contrato público. La corrupción había superado ese umbral porque el narcotráfico empezó a dominar espacios en la sociedad, la economía y el estado. Hoy la corrupción llega en casos al 100% o más, porque se roban todo el contrato, y cubrir el robo con recursos adicionales puede elevar al doble o más el costo de una obra o de un servicio, como ha ocurrido con el deprimido de la calle 94 en Bogotá, o el desfalco diario en el sector salud.  

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Donald Trump y las fallas en el mundo

LA OPINIÓN DE JAIME ACOSTA

Estamos viviendo un periodo de estrés sistémico porque todo está fallando: el capitalismo neoliberal, el calentamiento global, la inequidad mundial, las instituciones internacionales, los sistemas políticos clientelistas y abusivos, la ética y los valores destruidos por una pandemia de corrupción, medios que manipulan y deciden, y religiones que transitan entre templos y edificios donde gobiernan pueblos infelices en medio de violencias interminables.

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El nuevo acuerdo de paz

Inmediatamente sucedió el inaudito triunfo del NO, el presidente Santos convocó a sus voceros a discutir y a presentar propuestas para ajustar el texto firmado el 26 de septiembre en Cartagena. Sin embargo, igual llamado no le hizo al SI, que políticamente logró un empate con los opositores al acuerdo, por tanto, con los mismos derechos políticos para revisar y construir el nuevo texto. 

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El proceso de paz en Colombia

Tras el fracaso del plebiscito del 2 de octubre, el gobierno del presidente Juan Manuel Santos inició negociaciones a tres bandas con el ánimo de revivir el proceso de paz. Mientras en Bogotá se reunían los líderes de la campaña del NO con el presidente y sus asesores, de forma casi simultánea el equipo gubernamental encabezado por Humberto de la Calle mantenía en La Habana conversaciones con los máximos dirigentes de las FARC. De este modo se alcanzó un nuevo acuerdo que está pendiente de dos cuestiones fundamentales, por un lado la aprobación de quienes se habían opuesto al tratado anterior y, por el otro, la refrendación bien sea legislativa o bien popular de lo nuevamente acordado.

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