Feminismo mal entendido

No corren buenos tiempos para el periodismo, ni por supuesto, para la verdad, entendiendo ésta como la realidad o veracidad de los hechos u opiniones. La fuerte irrupción de las redes sociales en nuestras vidas ha convertido a los medios de comunicación y a los periodistas en blanco de la diana de todas las suspicacias. Todo es cada vez más difuso y poco creíble. Realmente no sabemos si lo que leemos y como nos informamos es cierto o no, porque todo ha quedado al mismo nivel de fango y descrédito por la universalización de las opiniones.

En este huracán de ‘fake news’ y controversias llegan a nuestras vidas las corrientes de opinión o TT (Trending Topics). La última que ha venido para quedarse durante un buen tiempo es la nueva sospecha de que los hombres, como género, somos unos seres perversos: violadores-acosadores-asesinos-opresores, simplemente por el hecho de tener los cromosomas que tenemos.

En el mundo, en unos países más que en otros, desde siempre, impera el pensamiento machista, producto de la historia y la innegable evolución de las civilizaciones en este sentido, pero no es menos cierto que en los últimos 70-80 años se están dando pasos de gigante para poner a la mujer en el sitio de la sociedad que se merece. Hoy en día no es extraño ver a una mujer en puestos directivos o en cargos relevantes en organismos internacionales. Esa es la normalidad a la que poco a poco estamos llegando gracias seguramente a heroínas feministas que se la jugaron para luchar contra esa injusticia hace unas décadas.

El feminismo más extremista de hoy en día (muchas se autodenominan feminazis) poco tienen que ver con esto. Se escudan en el anonimato de las redes sociales para difamar e insultar. Y se equivocan al poner bajo sospecha a los hombres. Nuevamente caen en ese profundo error de generalizar para simplificar un problema y poner una etiqueta que llegue a la gente de una manera rápida. El reduccionismo es el mayor enemigo de la verdad. Los hombres no somos violadores-acosadores-asesinos-opresores per se. Simplemente, hay hombres que son violadores-acosadores-asesinos-opresores, al igual que también hay mujeres que los son, seguro que en menor número, pero las hay. El género no determina tu condición de delincuente o no.

Es hora de empezar a llamar a las cosas por su nombre. Si en Colombia, por ejemplo, hay alrededor de un 20% de hombres que son señalados de practicar violencia de género sobre sus parejas habrá que denunciarlo y poner medios para rebajar esas cifras, eso no se logrará poniendo bajo sospecha a todo un género, ni tampoco se logrará fomentando un mensaje de odio en la sociedad. Al igual que una persona de raza blanca no debe sentirse culpable de las atrocidades de los nazis en la Alemania del 39; o un chino de las purgas que llevaron a cabo sus abuelos en la Revolución Cultural de Mao, los hombres no debemos sentirnos culpables de los actos concretos de un asesino o violador. Procuremos juzgar a cada persona por sus hechos y dejemos a un lado las generalidades que tanto daño hacen a las sociedades.

Mal hace este nuevo feminismo extremo del siglo XXI cuando equivoca los objetivos desde la raíz del problema. El feminismo bien entendido debe seguir los pasos de sus pioneras del siglo anterior y no imponerse desde el supremacismo moral de género, simplemente por el hecho de que durante muchos siglos la mujer ha estado relegada a un segundo lugar. Argumentos hay aún por los que combatir. Igualdad sí, pero no así.


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Cataluña, esa arcadia nacionalista irreal e inviable

El movimiento independentista catalán ya tiene la escenificación que quería: una supuesta independencia más verbal y simbólica que otra cosa. Su parlamento autonómico, saltándose a la torera todas las leyes constitucionales y todos los requerimientos de los organismos internacionales, ha votado sí a ser una república distinta a España.

 

Ahora bien, conviene aclarar ciertas cosas para no llevarnos a engaños ni confundir al personal. Esta declaración unilateral de independencia es como es como si yo mañana me declaro unilateralmente ‘el mejor tenista del mundo’. Fenomenal, brillante, me quiero a mí mismo. Ya lo he logrado, después de 40 años pasando bolas por encima de la red, con más desacierto que otra cosa, he logrado ser mejor que Roger Federer, simplemente porque lo digo yo, y solo yo, no necesito nada más para estar en lo más alto del ranking mundial. La ATP no me reconoce como tal, por supuesto que la Federación de Tenis Colombiana no sabe ni quien soy… pero yo sigo diciendo que soy el mejor. Pues algo así es lo que está pasando en Cataluña, y no crean que esta comparación es una exageración de la realidad.  

 

Uno ‘es’ algo, sea lo que sea, cuando, en primer lugar, está amparado por un marco jurídico legal: es decir, cuando cumple las leyes votadas por la mayoría; y en segundo lugar, cuando el entorno de ese algo (ya sea político, social o tenístico) lo reconoce como tal. Y por mucho que se empeñe ese sector de dirigentes políticos de la caverna catalana, eso no va a pasar ni ahora ni nunca. El tema catalán es un tema interno español, eso ha dicho la Comisión Europea en no menos de cinco ocasiones la última semana. La UE sabe que el tema catalán es una caja de pandora que no se puede abrir para no dar alas a otros movimientos separatistas que rompan Europa.

 

A los pocos minutos de la Declaración, Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Italia o Alemania dejaron claro que apoyan al Gobierno Nacional. Ni la Unión Europea, ni las Naciones Unidas, ni ningún país serio (salvo la Venezuela de Maduro) van a reconocer a Cataluña como estado independiente sin la aceptación de España. Ya lo han dicho por activa y por pasiva en el último mes, en el que la deriva fanática de esta minoría ha llevado a un punto de incertidumbre en el país ibérico no antes conocido. Para que se hagan una idea, más de 1.600 empresas catalanas, españolas y multinacionales, que significan el 30% del PIB catalán, ya se han marchado de esa región en el último mes… un 30% del PIB en un mes.

 

Fuera de la Unión Europea, Cataluña es un estado inviable, fallido. Económicamente inasumible. La deuda pública actual de Cataluña es superior a 75.000 millones de euros (que he perdido la cuenta de los billones de pesos colombianos que es eso), la fuga de empresas catalanas como reflejaba antes ya es un hecho… y por si fuera poco, estar fuera del paraguas europeo, significa quedar al margen de las políticas de ayudas y un régimen arancelario distinto. En conclusión, aislamiento total. Por el contrario, los políticos independentistas siguen vendiendo a su selecto público una realidad bien distinta, una arcadia imaginaria ideal.

 

Cataluña hoy es mucho más pobre e inestable que hace un mes. Si sigue esta senda, no dudo en afirmar que pasará de ser una región próspera a posiblemente la más empobrecida de Europa en pocos meses. ¿Eso quieren los catalanes?, la mayoría no. Y el Gobierno de España no lo va a permitir.

 

El ejecutivo de Rajoy tardó solo dos horas en cesar a Puigdemont y su gobierno, legítimamente amparado por el artículo 155 de la Constitución. Ojalá los subversivos acepten esta vez las leyes para no incurrir en un problema social en la calle más grave. De una clase dirigente normal se esperaría eso, de estos lunáticos irresponsables, uno ya tiene más dudas. 

Usted puede ser un tonto útil

Usted, sí usted, me refiero a usted, el que está leyendo este artículo. Usted puede ser un tonto útil, usted y millones de personas en el mundo. Si vive en Estados Unidos, Japón, Holanda, Colombia… o cualquier otro país relativamente lejano a donde sucede un hecho de impacto internacional, es seguro que le vayan a utilizar para generar una corriente de opinión. En las últimas horas se han visto imágenes alarmistas de violencia sobre lo ocurrido el pasado domingo en Cataluña, imágenes impactantes en las que se veían a grupos de civiles desarmados enfrentándose de una forma hasta romántica a unas ‘perversas fuerzas policiales represivas’, en las fotos hasta lucían cara de malos estos policías.

 

Vivimos en una época bien peculiar, extraña. Básicamente, vivimos en una época en la que la verdad de los hechos no importa, la legalidad también es un principio moral que tiene poco valor, lo que realmente importa entre los estrategas que manejan a la opinión pública es ganar la batalla de lo políticamente correcto, situarse rápidamente en esa ola para comenzar a bombardear imágenes y hechos casi siempre exagerados y falsos. Con ello, el usuario de información que tiene imposible contrastar todos los mensajes que recibe, porque son miles en una hora, creerán que lo que esa ola informativa está escupiendo es lo cierto, sin saber que muy probablemente sea mentira y seguro, sí está siendo manipulado.

 

A la opinión pública internacional le importa poco que el referéndum catalán fuera ilegal o que no cumpliera con las garantías normales en su desarrollo al no tener censos ni forma de registrar los votos, detalles sin importancia en unas votaciones, minucias. Por supuesto, nadie en estos u otros países, está interesado en conocer realmente la situación de opresión que sí sienten las personas que no comulgan con el nacionalismo independentista en Cataluña y que son perseguidos por rotular su comercio en español o simplemente por intentar que sus hijos estudien en la lengua de Cervantes en los colegios. ¿Para qué? La vidas normales, lo cotidiano, no tiene la épica del romanticismo que lucha por la libertad identitaria de un pueblo oprimido y se enfrenta a un policía con cara de malo. Esa foto es la que vende, la de la realidad del día a día, no.

 

Cualquiera que haya visitado Cataluña en los últimos meses o años, y yo sí lo he hecho, se da cuenta que la vida de los ciudadanos en Cataluña dista bastante de ser la de unas personas oprimidas y aplastadas por un Gobierno. Hay una calidad de vida extraordinaria y libertad en todos los sentidos (si eres catalán, claro). Cualquiera que lea este artículo y haya vivido al menos un año en Cataluña y sea intelectualmente libre o independiente sabrá que los señalados, los perseguidos, los que realmente lo pasan mal en Cataluña son el sector de españoles que no se calla, el que no comulgan con las tesis independentistas. Esa verdad incómoda no le importa nada transmitirla al corresponsal de El Tiempo, New York Times o la TV pública japonesa, esa realidad es poco vendedora. Y cualquier comparación con la situación de Venezuela es irrisoria. En Cataluña hay de todo en las farmacias y en los supermercados, por cierto.

 

En referencia al pasado domingo, esas fuerzas que generan corrientes de opinión, los rusos son maestros en ello escribiendo millones de mensajes diarios en las Redes sociales, mintieron en los hechos para dar una visión de España realmente equivocada e injusta. Las fuerzas policiales son muy profesionales y a pesar de que sufrieron todo tipo de acosos y provocaciones por un sector (muy reducido pero radical) de los independentistas, solamente respondieron con violencia a la turba cuando no les quedó más remedio para salvaguardar su propia seguridad. La mayoría de las imágenes que ha visto de gente sangrando son falsas, son imágenes de hace 5 años que nada tienen que ver con los hechos del domingo. La Policía Nacional y la Guardia Civil española únicamente defendieron la legalidad, como dije antes, un valor a la baja en la sociedad en la que vivimos. En estos momentos el sector más violento de los independentistas está cercando los cuarteles de la policía. Usted, querido lector colombiano, ¿se imagina que 10.000 o 20.000 violentos paisas o costeños hicieran eso con cuarteles de las FFAA colombianas? a que no… y si pasara, que crees que haría el presidente, yo lo tengo claro, y usted probablemente también. ¿Pues el estado opresor español sabe lo que hace?, de momento nada, por miedo o complejo al que dirán. De todo menos opresor diría yo.

 

El punto más hilarante de todo lo sucedido en el referéndum fue el recuento de los votos. En varios pueblos de Cataluña había más papeletas en las urnas que personas censadas en esos pueblos. Se demostró también que mucha gente votó en 3 o 4 colegios distintos. Vamos, muy democrático votar cuatro veces. De eso, ningún medio internacional se ha hecho eco, usted, lector de Confidencial Colombia, que casi seguro vive en Colombia, no se habrá enterado tampoco por otros colegas periodistas que el recuento de votos final arroja la imposible cifra matemática del 100,88% en un votación. El resultado de la suma de todos los votos con sus respectivas opciones debe dar un 100%, ni más ni menos, eso lo enseñan en tercero de primaria en cualquier colegio. Lo que le sucede al nacionalismo catalán es que lleva mintiendo (en todo) durante décadas y llega un punto en que la mentira se ha convertido en el hecho natural de su mensaje, mensaje que por heroico y romántico cala en esta sociedad superficial de 140 caracteres. Su primera gran mentira es enarbolar la bandera única del catalanismo, cuando el independentismo en esa región de España se sitúa en torno al 30-35%, es decir que hay un 65-70% de catalanes no lo son, que no son partidarios de separarse de España después de 500 años de unidad. Otra verdad que no interesa contar a nuestros colegas periodistas internacionales palmeros.

 

Realmente es fácil desmontar con hechos la farsa nacionalista para desprestigiar un país. Por ejemplo, ¿de los 900 supuestos heridos en las protestas que denunció la Generalitat con algo de escándalo saben, según cifras de la propia sanidad catalana, cuantos había hospitalizados 18 horas después de cerrarse los colegios? Pues había en observación médica la escandalosa cifra de dos (2) personas, y con contusiones leves, ojo no se vayan a creer que se debaten entre la vida y la muerte. ¿Por qué entonces todo el mundo fuera de España tenía la impresión que la represión había sido extrema en Cataluña que casi casi que tenía que intervenir las Naciones Unidas? Muy fácil, porque buscan tontos útiles como usted o millones de personas para justificarse. Los primeros tontos útiles son los periodistas internacionales que buscan irresponsablemente una crónica que vender. Es más atractivo una imagen de una anciana sangrando (aunque haya sido por caerse de una escalera) que la de un político en corbata. El segundo tonto útil en la cadena es el lector, al menos el que se deja manipular. No caiga en ese juego.

Democracia no es ir (solo) a votar

“¡¡Solo queremos votar, las urnas son democracia!!”, grita la masa enardecida. En estos días se está recurriendo a ese ‘lugar común’ en relación al referéndum de este domingo en Cataluña. Esta máxima de que democracia es ir a un sitio a depositar un papel en una urna o caja es una falacia, a la vez que un argumento simplista y peligroso porque puede legitimar políticas o gobiernos totalitarios, paradójicamente alejados de la libertad y la democracia real.

 

No, definitivamente no. La democracia no es (solo) votar, porque en Venezuela o Corea del Norte se vota, hasta Hitler ganó el poder en Alemania en las urnas. La democracia es respeto a las leyes de la mayoría. La democracia, que tantos millones de vidas y esfuerzos, ha costado consolidar y defender en el mundo occidental, es mucho más que un simple papel y una caja. Democracia es libertad de expresión, libertad religiosa, libertad cultural, de prensa y lingüística, libertad de movimientos, libertades y garantías judiciales, profesionales y de educación. Democracia es la no discriminación por condición de sexo o raza, o por la orientaciòn sexual; o la garantía jurídica de la propiedad privada. En suma, democracia es la defensa de la LEGALIDAD y la LIBERTAD, que el pueblo pueda vivir en paz y con la seguridad de que el Estado defiende sus intereses con honestidad.

 

El Gobierno autonómico de Cataluña, en ese callejón sin salida en el que se metieron ya hace unos cuantos meses, no han hecho sino apelar a la palabra DEMOCRACIA. ¿Y yo me pregunto? Qué más democracia y libertad quieren para el pueblo catalán, que han tenido 35 votaciones en los últimos 39 años. Cataluña es posiblemente el territorio de la Unión Europea con mayor autogobierno (o el segundo mayor después de País Vasco y Navarra). Cataluña y lo que sale de sus elecciones regionales gestiona su propias políticas en materia como la Educación, Sanidad, Impuestos, Medios de Comunicaciones,  Policía propia… Ni siquiera el estado federal alemán tiene tantas concesiones en sus territorios. El problema (callejón sin salida) del nacionalismo catalán respecto al conjunto de España es que ya no tiene nada más que arrancarle porque se lo dieron todo en las últimas décadas y su apetito es voraz e imposible de saciar.

 

Los dirigentes catalanes no quieren democracia, lo que quieren es implantar su propio estado donde imponer el pensamiento único, purgando a los propios catalanes que no piensan como ellos. Tapar las vergüenzas de corrupción durante muchas décadas y seguir haciendo lo que han hecho los últimos cuarenta años, pero sin el ojo de un Estado superior. Ver en estos días videos en las Redes Sociales en los que se aprecia como en los colegios se adocrtina de una manera inmoral el odio a España en niños de 6-7 años es repugnante y no dista demasiado de lo que hace Kim Jong Un.

 

El gran error de la joven democracia española fue, en los años 70’s, ceder el modelo y las competencias en Educación a cada Comunidad Autónoma (similar a lo que es un departamento en Colombia). ¿Se imaginan que los niños en Bogotá, Medellín o Cartagena estudiaran una historia, lengua o matemáticas distintas en función de la ciudad en la que viven? Pasa que en España sucede y que ya es tarde porque la maquinaria educativa catalana ha calado en dos generaciones.

 

La política de adoctrinamiento a niños y jóvenes, acompañado de un férreo control de los medios de comunicación (públicos y privados), es tal que a ese sector de la sociedad nacionalista poco le importa la verdad o la realidad de los hechos. La doctrina normalmente es mentirosa y esconde una parte esencial de la realidad. Esa misma educación en los colegios catalanes defiende que España invadió Cataluña hace siglos o que personajes como Miguel de Cervantes, Santa Teresa de Jesús o Cristóbal Colón eran catalanes… Así es muy difícil.

 

En algo sí estoy de acuerdo con el presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, cuando afirma que en Cataluña se vive una situación de extraordinaria gravedad política y social. Es cierto, es extraordinariamente grave, y no creo que pase en ningún otro país del mundo, que un niño no pueda aprender el idioma oficial de todo el territorio, el español, en las escuelas. Es extraordinario que un grupo de manifestantes acorralen a la policía judicial sin que el cuerpo de Policía catalán haga algo por impedirlo y no pase nada. Es extraordinariamente grave que una tienda no pueda poner los letreros en su vitrina en español porque automáticamente es multada (¿se imaginan que eso, pasara en Colombia, digamos por ejemplo en Bucaramanga, que una zapatería fuera multada por poner ‘Zapatería García’ en español, lengua oficial?, ¿A qué es inimaginable?, salvo si vives en la actual Cataluña). Señor Puigdemont, es extraordinario, poco democrático, que desde algunos sectores de su gobierno se difundan fotos de personajes públicos no nacionalistas u otros políticos contrarios a usted dentro de una diana y en el punto de mira; También es extraordinariamente anti democrático que grupos de ciudadanos estén señalando públicamente en los barrios a las personas que el domingo no piensan ir a votar en el referéndum. Esos señalamientos lo hacían los nazis en la Alemania prebélica. Los nazis y ahora ustedes. Eso pasa en la Cataluña actual, modelo de democracia según ustedes.

                                

Organizar un referéndum sin garantías de ningún tipo, prohibido por el Tribunal Constitucional. Unas votaciones en las que, a pocas horas de celebrarse no está claro ni donde, ni quienes van a votar porque no hay censo electoral. Donde no se sabe quiénes son los miembros de las mesas electorales, o si simplemente si hay garantías de seguridad, no parece muy democrático. Lo suyo es más bien un teatro en su huida hacia adelante porque su puesta en escena ha llegado tan lejos que no sabe dónde ponerle fin.

 

Los correligionarios nacionalistas lo único que buscan este domingo es una buena foto, ojalá una imagen con algaradas en las calles y unos cuantos centenares de personas intentando entrar a un colegio electoral y que la policía, cumpliendo con la ley, lo impida. Porque Puigdemont y los suyos hace mucho que dejaron de ser unos gobernantes democráticos para convertirse en un mero instrumento de propaganda. Así que por favor, lecciones de democracia, las justas.

España, firme ante el desafìo independentista a su democracia

La democracia en España atraviesa su momento más delicado en su historia reciente. La insólita decisión del Gobierno catalán de sacar las urnas a la calle para votar unilateralmente un referéndum de independencia de España, es la mayor amenaza a un Gobierno en Europa desde los movimientos independentistas en los Balcanes, allá por los años 90, y que trajo una guerra en la ex Yugoslavia que dejó cientos de miles de muertos, la última gran vergüenza en Europa.

 

En este momento de desencuentro político y social entre esa región de España con el Estado central, la agresión al orden constitucional que sostiene el gobierno autonómico de Cataluña justifica sobradamente la respuesta que el Estado está desplegando con medida de proporcionalidad pero con toda firmeza. Ningún ciudadano celoso de su libertad política y preocupado por la integridad de su Nación perdonaría ahora forma alguna de inacción ni por parte de este Gobierno que preside Mariano Rajoy ni de los jueces ni de sus representantes electos en las cámaras legislativas.

 

Los lectores de Confidencial Colombia que hayan visitado España, bien saben que es un país en el que se puede pasear en libertad, se respetan las libertadas culturales, religiosas e ideológicas; las instituciones y los servicios públicos funcionan sin mayores problemas, donde la justicia es razonablemente justa (que es lo que debe ser) y actúa contra los que tiene que actuar, independientemente del color político que sea. Es decir, existe un régimen de libertades y hay separación de poderes.

 

En este sentido, la operación de desmantelamiento del referéndum ilegal que se produjo este miércoles, con el encarcelamiento de 14 altos cargos catalanes, marca un punto de inflexión que todo demócrata contempla con alivio y esperanza. Porque aquí no se está definiendo un duelo de legalidades en pie de igualdad, como pretende la propaganda independentista y populista, sino el restablecimiento de los derechos y las libertades de todos los españoles allí donde han sido atacados. Y en primer lugar de los catalanes, cuyas instituciones han sido usurpadas por un proyecto separatista que pretende monopolizar el espacio público y excluir al discrepante del debate político.

 

El intento de tumbar la ley por parte del sector más radical del independentismo catalán no puede quedar impune. Primero por la gravedad que entraña. Y, segundo, porque sentaría un precedente del que el Estado ya no se recuperaría. La ley SIEMPRE debe prevalecer. El Estado tiene la obligación de velar por los derechos de todos los españoles. Nadie está por encima de la ley, y menos cuando el independentismo, a quien primero afecta, es a los propios catalanes, que mayoritariamente no quieren aventuras independentistas.

Las fallas de la justicia en Colombia

De todos es sabido que la crisis de la justicia en Colombia es uno de los problemas más serios y complejos por resolver. Proyectos como el de la JEP, casos controversiales de parapolítica, falsos positivos o errores de congresistas o políticos encarcelados injustamente durante meses o años, no hacen sino sembrar de dudas la eficacia de la justicia y minan la confianza entre el pueblo, que al final, desencantado, o la ignora, o simplemente acaba por pensar: “todos los políticos son iguales”.

 

El último episodio que salpica a la alcaldía de Montería, cuanto menos arroja muchas dudas del proceso que se inició el viernes con la Operación de Cristal. Con un respaldo popular poco visto en Colombia, las alcaldías de Marcos Daniel Pineda y Carlos Eduardo Correa, ha sido modelo nacional e internacional de gestiòn y eficacia en una ciudad intermedia que pide paso entre las importantes del paìs. Pues bien, en los últimos días, se han visto salpicados por unas supuestas irregularidades que la Fiscalía imputa a ambos alcaldes por la obra del Coliseo Happy Lora, en la capital cordobesa. Nadie entiende que los mejores alcaldes en popularidad y gestión de los últimos años estén envueltos en este escándalo.

 

Cuando rascas un poco y comienzas a investigar, con documentos y testimonios, te das cuenta que en este país, especialmente para el político honrado, decente y que intenta hacer las cosas con la ley por delante, es muy difícil ejecutar, hacer, gobernar, en resumen. Sin entrar en el papel de juez o fiscal, y siguiendo con este caso, que nos ocupará los próximos meses, ¿me gustaría que se explicara a la opinión pública dónde está el delito? La obra de la discordia, es una de las pocas del país que el valor inicial es el mismo final y jamás tuvo una adición ni un sobrecosto,  A los alcaldes, hoy en día retenidos cinco días después sin imputación clara de cargos, no se les acusa de embolsillarse ni un peso, sino de “presunta corrupción” en el manejo del presupuesto, sin aclarar más.

 

Por si fuera poco el embrollo, dicha obra no era exclusivamente de la Alcaldía. En el proceso de contratación y adjudicación intervinieron MinCultura, DNP, Coldeportes y la Gobernación. Era el gobierno central y el DNP quien inyectaba plata de las regalías para la construcción, pero al haber retrasos porque hubo que cambiar los diseños iniciales por no cumplir la norma de sismorresistencia, levantó sospechas de los entes de control.

 

Lo más surrealista de todo es que la obra ya se entregó, con retraso, pero ahí está para el disfrute de los deportistas monterianos. Si un retraso es motivo de escarnio público de un servidor, en un país donde la burocracia mata al reloj, todos los regidores o cargos públicos deberían estar tras la rejas. De eso no creo que haya dudas.

 

Como muchos millones de ciudadanos, esperamos que se aclaren las circunstancias de estas detenciones, por el bien de Colombia, la dignidad de la justicia y la creencia de que no todos los cargos públicos y gente de bien se meten en política para robar. El país estaría muy enfermo si pensamos eso.

Los últimos días del madurismo

En pocos países del mundo (o ninguno) salvo Venezuela, una sociedad civil hubiera aguantado tanto tiempo sin rebelarse una situación económica y social tan grave, tan precaria, como la que atraviesa el país presidido antes por Chávez y ahora por Maduro. La idiosincrasia caribeña de los venezolanos, unido a ciertos factores de economía macrosubsidiada y corrupción, han sido en la última década el caldo de cultivo ideal para que el régimen chavista subsistiera día a día con más penurias que otra cosa. El tejido industrial, que es el que genera riqueza y empleo en una economía, se ha visto degradado poco a poco hasta prácticamente la inexistencia. Si a ello le unimos el derrumbe del precio del petróleo, el resultado es una estocada mortal para un régimen insostenible desde todo ángulo.

 

Mucho ha sufrido ya el pueblo. Desde el 4 de abril, una parte mayoritaria ya desesperada, sin comida ni medicinas, se viene echando a las calles del país todos los días para mostrarle al gobierno y al mundo entero que lo que pasa en Venezuela ya dejó de ser una crisis interna para convertirse en una situación humanitaria. Desde el comienzo de las manifestaciones, van 42 muertos, cientos de heridos y casi 2000 detenidos. Ante esta escalada de la violencia, uno se pregunta hasta cuando proseguirá esta sangría. ¿Cuántos muertos tienen que venir más para que las conciencias lleven la cordura al Gobierno? ¿En qué momento organismos internacionales como Naciones Unidas o Cruz Roja Internacional tendrán que intervenir?

 

La conversación que mantuve recientemente con Lilian Tintori, esposa del Leopoldo López, me dejó bien a las claras que en esta ocasión, a diferencia de 2014, el pueblo no se va a dejar del Gobierno y que seguirán tomando las calles hasta que el Gobierno convoque elecciones. En estos 3 años, el régimen ha entrado en una decadencia imposible de recomponer. La economía está completamente destruida y la deuda del país, especialmente con China, hace inviable el sistema de subsidios.

 

Sin embargo, discrepo de una cosa con Lilian. Ella está convencida de que la única salida a la crisis humanitaria es la salida de Maduro y la convocatoria de elecciones en diciembre de este año. Creo que es el mensaje que debe decir, pero es poco realista pensar que Maduro, precisamente ahora que está sacando su versión más violenta a las calles, deje el poder de forma voluntaria porque sí, sin más. Eso, lamentablemente no va a suceder. La solución está en el ejército. Ellos son los que tienen que hacer ver al gobierno que sí o sí, el sueño revolucionario chavista terminó. Mientras que eso no pase, seguirá corriendo sangre y miseria por las calles de Venezuela. Y el mundo, mientras tanto, mirando para otro lado.